domingo, 23 de febrero de 2020

¿Quiénes eran Diógenes y los cínicos? La Autarquía.

HISTORIA DE LA FILOSOFIA. UNED



I Título:

¿Quiénes eran Diógenes y los cínicos? La Autarquía.

II Importancia filosófica:

Éstos son buenos tiempos para el cinismo, inmejorables para el sarcasmo como forma crítica. La cultura se ha popularizado, vulgarizado. Hoy la gente no aspira a la sabiduría sino a la fama. El consumismo se ha apoderado de la sociedad, por lo que deberíamos escapar de la civilización a la naturaleza, o lo que nos quede de ella. Dejando a nuestras espaldas tanta perversión civilizadora y tanto progreso desconcertado.
Transmutar los valores fue el viejo lema del cínico Diógenes. Pero en una sociedad de pacotilla, ¿para qué subvertir los valores? ¿Para qué esforzarse en troquelar de nuevo las mondas, si la inflación-ética y política-anula los efectos de cualquier falsificación? Tal vez una característica del cínico moderno sea la renuncia al escándalo con el que el cínico antiguo se enfrentaba a la sociedad. Son muchos los cínicos modernos, pero van sin el viejo manto y sin la alforja, disimulados y consentidos. El cínico hoy podría decir: ser inteligente y cumplir con una tarea sería de tener una conciencia desgraciada, por eso para ser feliz, al hombre, sólo le bastaría con ser tonto y tener trabajo.


III Ideas principales, contexto:

En la antigua Grecia el perro era el animal impúdico por excelencia. Era un insulto apropiado motejar de “perro” a quienes, por afán de provecho o en un arrebato pasional, infringían las normas del mutuo respeto, el decoro y la decencia. Del apelativo perro (κυων) tomaron el nombre los cínicos, aunque para Diógenes, el más ilustre cínico, no era un insulto. Había hecho de la desvergüenza uno de sus distintivos y el emblema del perro le debió parecer perfecto para reflejar su conducta.
El cinismo respondía a algunas de las exigencias de fondo de la antigüedad. El cinismo denunciaba las grandes ilusiones que sacuden vanamente a los hombres, es decir; la búsqueda de placer, el apego a la riqueza, el ansia de poder, el deseo de fama, etc.

Estaban convencidos que estas ilusiones conducen al hombre a la infelicidad. Además propagaron el ideal de vida natural y el cosmopolitismo rechazando la existencia del estado, y afirmando que para el sabio no hay patria, ni leyes, ni familia, ni diferencias de clase.

Los cínicos están en constante contraposición con las ideas platónicas. Rechazaban la teoría platónica de las ideas, es decir, para los cínicos sólo existe lo que puede ser percibido por los sentidos. Frente al carácter aristocrático de la filosofía platónica los cínicos representaban su réplica crítica y subversiva. Como señala Carlos García Gual, La secta del perro, frente a los grandes sistemas filosóficos, como el platónico o el aristotélico, los cínicos utilizaron la sátira y la burla, el pensamiento anecdótico.

Como precursor del cinismo nos encontramos con Antístenes. Fue discípulo de Gorgias del que aprendió a amar la retórica. Posteriormente pasó a ser discípulo de Sócrates y fue ahí donde encontró la senda de la perfección moral. De Sócrates tomó algunos de los trazos de su ética y su ascética: el anteponer a todo lo demás el cuidado del alma, el menosprecio de los bienes de fortuna, la crítica a los políticos y demagogos, etc.

Diógenes Laercio, en Vidas de los filósofos ilustres, nos decía como Antístenes sostenía que la virtud surge de las obras, y no precisa ni de discursos muy largos ni de estudios científicos. Haciendo referencia al enciclopedismo de la Paideia platónica.

Uno de sus discípulos fue el célebre Diógenes de Sínope, estandarte del cinismo, acercarnos a su figura de forma simpática sería un error, este no es un soñador idílico en su tonel, sino un perro, que muerde cuando le apetece. El recuerdo de los mordiscos de Diógenes pertenece a las impresiones más vivas que se han conservado de la antigüedad. De ahí que el acuerdo humorístico de muchos ciudadanos de talante irónico con este filósofo se funde casi siempre en un malentendido que lo empequeñece.

Él es un tipo salvaje ingenioso, astuto, irónico. La imagen del cínico de no poseer pertenencias le da un porte soberano. Diógenes provocó la ruptura de la imagen clásica del hombre griego, y la nueva imagen que propuso fue pronto considerada como un paradigma.

Diógenes clamaba repetidamente que los dioses han concedido a los hombres fáciles medios de vida, pero que sin embargo los han ocultado a los ojos humanos. Por eso se propuso la tarea de volver a situar ante la vista de los hombres esos fáciles medios de vida, demostrando que el hombre siempre tiene a su disposición lo que necesita para ser feliz. Para él las necesidades verdaderamente esenciales del hombre son aquellas de tipo elemental que provienen de su animalidad.

Para Diógenes esta manera de vivir coincide con la libertad. Cuanto más se limitan las necesidades superfluas, más libre se es. En la libertad de palabra llegó hasta límites del descaro y la arrogancia y en la libertad de acción hasta extremos licenciosos.
Con esta libertad de acción Diógenes pretendía mostrar la no naturalidad de las costumbres griegas, aunque no siempre conservó la mesura.
Diógenes resumía el método que conduce a la libertad y a la virtud en dos nociones esenciales: el ejercicio y la fatiga, que consistía en la práctica de una vida adecuada para acostumbrar el físico y el espíritu a las fatigas impuestas por la naturaleza y al mismo tiempo habituar al hombre al dominio de los placeres o su desprecio.
Este desprecio por los placeres, que ya había predicado Antístenes, resulta esencial para la vida del cínico, pues el placer no sólo ablanda el cuerpo y el espíritu, sino que pone en peligro la libertad del hombre, pues lo puede convertir en esclavo de las cosas y de los hombres relacionados con los placeres. Diógenes estaba en total oposición con Platón. Diógenes refuta el lenguaje de los filósofos con el del payaso: «Cuando Platón formuló la definición de que el hombre es un animal bípedo e implume, definición que provoco el aplauso de los presentes, Diógenes desplumó un gallo y lo soltó en la escuela con las palabras: “Esto es el hombre de Platón ; lo que motivó el que se añadiera: “Con uñas planas”» (Diógenes Laercio,VI,40) Ésta, y no el aristotelismo, es la antítesis filosófica realista a las teorías de Platón. Platón es un pensador del señorío, por lo que Diógenes y los suyos  oponen una reflexión esencialmente plebeya. El cinismo se puede considerar como una réplica al ateniense idealismo señorial, réplica que va más allá de refutaciones teóricas. El académico diálogo de filósofos no concede a la posición materialista el lugar merecido, es más: no se le puede conceder, dado que el mismo diálogo presupone un acuerdo idealista. Platón no puede con Diógenes ya que éste habla con él en un diálogo con pelos y señales. Por eso Platón no le quedó otro remedio que difamarlo calificándolo de Sócrates enloquecido. Platón contra su voluntad, equipara al rival con Sócrates el dialéctico más grande.

Ésta es la anécdota más conocida del filósofo. Demuestra de un sólo golpe lo que la antigüedad entiende bajo el concepto de sabiduría filosófica: no tanto un saber teórico, sino más bien, un espíritu insobornable. La fascinación de esta anécdota radica en que muestra como el filósofo se emancipa del político. El cínico sólo aspira a gobernarse así mismo, con autarquía y serenidad. Esta anécdota muestra también como frente al intento de Platón y Aristóteles de convertirse en consejeros de príncipes, los cínicos dan la espalda al poder, la ambición y la autoridad.

Cierto día fue preguntado por su patria y contestó: “soy un ciudadano del mundo” La razón se hace apátrida en el mundo social y la idea de la auténtica vida se libera de las comunidades empíricas. De esta manera, renuncia a su identidad social para salvar su identidad existencial y cósmica. El concepto de cosmopolitismo es el regalo más valioso que hace Diógenes a la cultura mundial.
Una vez encendida la mecha del cinismo aparecieron otros personajes que merecen mención. Así es el caso de Crates, quien fue discípulo de Diógenes y una de las figuras más significantes de la historia del cinismo.

Crates reafirmó que la riqueza y la fama no son bienes y valores, sino que para el sabio constituyen males. En cambio son bienes sus contrarios, la pobreza y la oscuridad.
Diógenes convenció a Crates de que abandonase su riqueza y éste entregó su dinero a un banquero, a condición de que, si sus hijos permanecían profanos e incultos, les diese el dinero. Pero si se convertían en filósofos, lo distribuyese entre el pueblo; porque si sus hijos se hacían filósofos no necesitarían dinero.

Crates contrajo matrimonio con Hiparquia y juntos vivieron una vida bajo los ideales del cinismo. Tenemos noticias de cierto número de cínicos entre los que podríamos destacar a Bión de Borístenes, Menipo, Menedo incluso a Luciano el sarcástico.
El ocaso del cinismo más que por razones políticas y sociales se produjo por elagotamiento de su carga interna.


IV Ideas secundarias, literatura critica:

Los cínicos, y en especial Diógenes, practicaban la “anaideia”, que puede traducirse como “irreverencia”. Es lo que explica el peculiar y excéntrico carácter de nuestro protagonista, que disfrutaba criticando y provocando a la sociedad de su época. La moral cínica fue parcialmente absorbida por el estoicismo, si bien no de la misma manera. Si el cínico se muestra crítico con lo que considera que son los males de la sociedad y decide dejárselo claro a esta con sus acciones, el estoico lo enfoca de otro modo, siendo la manera de cambiar la situación imperante a través de la virtud, esto es, dando ejemplo y viviendo de manera virtuosa.

La filosofía de Diógenes no se entiende como un corpus cerrado. Y la razón es que apenas escribió nada y, como su vida fue tan curiosa, ha terminado por eclipsar a su pensamiento. Además, para él la sabiduría era un fin en sí mismo, estando todo hombre o mujer capacitado para alcanzarla con su esfuerzo.

Diógenes, (413- 324 a.e.m.) conocido como El Cínico, nació en Sinope, una ciudad de la región de Paflagonia. Acusado junto a su padre de falsificar monedas, huyó a Atenas cuando éste último fue encarcelado temiendo correr la misma suerte.
Una vez allí, fue en busca de Antístenes, fundador de la escuela Cínica, pues le llamaba la atención su modo de pensar y sus enseñanzas. Cuando llegó ante él maestro, Diógenes le pidió ser su discípulo, pero Antístenes, dándole un buen golpe con su bastón, lo rechazó. Lejos de rendirse, Diógenes inclinó la cabeza ante él y le dijo: «Pega, pega. No encontrarás bastón lo suficientemente duro para hacer que me vaya». Esta conducta sorprendió a Antístenes, quien finalmente lo aceptó como discípulo.

Lejos de su tierra y sin recursos, Diógenes se vio en la más absoluta pobreza. Un día observó como un pequeño ratoncillo corría y saltaba, libre de miedo y preocupación a ser sorprendido; no parecía angustiado por no hallar cobijo ni alimento. Esto hizo reflexionar a Diógenes sobre su existencia. Fue entonces cuando decidió vivir tan sólo con aquello que fuera absolutamente indispensable. Sus bienes eran una jarra, una bolsa, un bastón y su famosa tinaja, donde vivía.

Diógenes trataba a todo el mundo con sarcasmo. Acusó a Platón y a sus seguidores de superficiales y frívolos. Tildaba a los grandes oradores de «esclavos de la gente». Nadie se libraba de sus mordaces comentarios. Comía, hablaba y dormía donde y cuando le apetecía. Iba descalzo e infringía todas las «normas» de la «buena convivencia». Un día, señalando el pórtico del templo de Júpiter, exclamó: «Qué estupendo comedor han construido los atenienses para mí!»

Solía decir, «cuando veo a los gobernantes, a los físicos y a los filósofos que tiene el mundo, me siento tentado a creer que, por su sabiduría, el hombre se encuentra por encima de las bestias. Pero cuando, por otro lado, observo a los agoreros, a los intérpretes de sueños y a los que se creen grandes por tener honores y riquezas, no puedo evitar pensar que el hombre es el más idiota de los animales».
La parte de la Filosofía a la que Diógenes pertenecía, era a la moral, aunque nunca abandonó del todo las otras ramas de este saber. Un día, Diógenes, comenzó a dar un discurso en plena calle sobre algo que él consideraba importante y serio para los atenienses. Pero nadie parecía escucharle. La gente pasaba de largo, sin atender a sus palabras. Entonces empezó a cantar , mejor dicho, a gorgojear y trinar como un pájaro. Pronto estuvo rodeado de una multitud que no dejaba de mirarle, asombrada. Inmediatamente, el filósofo aprovechó la oportunidad para reprocharles su actitud: «Os paráis a escuchar como un tonto imita a un pájaro y pasáis de largo cuando un sabio os habla de cosas que deberían importaros».

Cuando Alejandro Magno pasó por Corinto y enterado de que Diógenes andaba por allí, sintió curiosidad por conocerlo. El gran Alejandro lo encontró tomando el sol, tumbado al lado de su tinaja y le dijo: «Soy el gran rey Alejandro». «Y yo el perro Diógenes», contestó el filósofo. «¿No me tienes miedo?», preguntó el gobernante. «¿Eres bueno o malo?», inquirió Diógenes. «Soy bueno», contestó Alejandro. «Y por qué debería temer a alguien que es bueno?», sentenció el sabio. Alejandro quedó admirado ante las respuestas y comentarios de Diógenes. No era extraño. El sabio indigente era un hombre que parecía estar por encima de todas las preocupaciones mundanas. «¿Quién de los dos es más rico: el que se contenta con su manta y su bolsa, o aquel que teniendo un reino entero no se conforma y se expone diariamente a innumerables peligros sólo para extender sus límites?». Esta pregunta dejó perplejo al gran Alejandro. Los miembros de su corte se sentía muy ofendidos por el trato que recibía el filósofo por parte del gobernante, sin ni siquiera haber pisado el palacio. Alejandro, al darse cuenta de esto, les dijo. «Si no fuera Alejandro Magno, me gustaría ser Diógenes».

En Egina, Diógenes fue capturado y llevado al mercado de esclavos para ser vendido. No parecía preocuparle mucho la situación. Es más, sugirió a la multitud que si alguien quería un amo, lo comprasen a él. Un hombre llamado Xeniades lo compró, le encargó la educación de sus hijos, tarea que el filósofo realizó fielmente, y le otorgó la libertad.

Durante el tiempo que fue esclavo, algunos de sus amigos intentaron liberarlo. Pero Diógenes se negó, argumentando que «el león no es esclavo de quien lo alimenta; el que alimenta es esclavo del león». Al meditar sobre su vida, Diógenes decía sonriendo que todas las maldiciones de las tragedias habían caído sobre él. No tuvo ni casa, ni ciudad, ni país, y vivió en la pobreza día tras día; pero resistió al destino con firmeza, a las reglas con la naturaleza, y a los trastornos del alma con la razón.
Algunos dicen que, llegando cerca de los noventa años, comió algo que le causó indigestión y murió. Otros, que cuando se sintió a esa edad como una carga, él mismo contuvo el aliento y causó su propia muerte. Al lado de la tumba donde fue enterrado, el pueblo de Atenas erigió un perro de mármol blanco, en honor al apelativo que se había ganado por como vivió. Su muerte ocurrió en el primer año de las catorceavas olimpiadas griegas, el mismo día que Alejandro Magno falleció en Babilonia.

El lado menos agradable lo podemos leer en el libro de Guillermo Fraile. Diogenes siempre andaba sucio, no usaba túnica, solo un palo y un zurrón de mendigo. Comía carne cruda y vivía en un tonel, despreciaba el pudor. Pretendía endurecer su cuerpo por medio de privaciones y fatiga, asi lograr la libertad completa. Tomó como modelo a Heracles «a cuya semejanza he domado bestias ferocísimas: ignominia, ira, temor, deseo, placer». Como desprecio a los ciudadanos, salió a plena luz del día «buscando un hombre». Frecuentaba compañía de malvados y prostitutas. Se mofaba de ciencia, arte, religión e instituciones. Solo admitía la educación cínica: para los jóvenes prudencia, para los viejos consuelo, para los pobres riqueza y para los ricos ornato. El sabio debe ser insensible a todo, menospreciar el respeto, librarse de necesidades, ser libre y natural, libre de artificios naturales de los que proviene ambiciones y guerras. Todos los hombres son hermanos y no debe haber clases sociales ni esclavos. El sabio no debe preocuparse de patria, familia o mujer, los hijos deben de ser comunes. A los cínicos no se les tomó en serio debido a sus extravagancias, ya que a menudo se burlaban de ellos.

Algunas citas:


“Probablemente los asnos se rían de ti, pero no te importa. Así, a mí no me importa que los hombres se rían de mí” –Diógenes
“El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe” –Diógenes
“La sabiduría sirve de freno a la juventud, de consuelo a los viejos, de riqueza a los pobres y de adorno a los ricos” –Diógenes
“El movimiento se demuestra andando” –Diógenes
“Un pensamiento original vale por mil citas insignificantes” –Diógenes

V Bibliografía consultada y utilizada:
Guillermo Fraile. “Historia de la Filosofía, escuela cínica”
Diógenes Laercio. “Vidas de los filósofos ilustres”.
Carlos García Gual. ”La secta del perro”
Sloterdijk. “Crítica de la razón cínica” “Kritik der zynischen Vernunft”
Giovanni Reale. “Historia del pensamiento filosófico y científico”


By Vykthor Schüler for UNED

viernes, 31 de enero de 2020

Sesgos cognitivos que te hacen decidir peor y los diferentes tipos de falacias




Debido a que corren buenos tiempos para falsedad, la mentira, la demagogia, la desinformación, la propaganda y manipulación de los medios he creido que sería una buena idea el recopilar algunas herramientas y tácticas que son empleadas contra la gente con el fin de combatir el Efecto Manada o Efecto Bandwagon.


TIPOS DE SESGOS COGNITIVOS

Un sesgo cognitivo es un efecto psicológico que produce una desviación en el procesamiento mental, lo que lleva a una distorsión, juicio inexacto, interpretación ilógica, o lo que se llama en términos generales irracionalidad, que se da sobre la base de la interpretación de la información disponible, aunque los datos no sean lógicos o no estén relacionados entre sí. Los sesgos sociales se denominan generalmente sesgos atribucionales y afectan a nuestras interacciones sociales de cada día, también están presentes en la probabilidad y toma de decisiones. Ante un estado de confusión, es importante precisar y destacar los mecanismos netamente cognitivos de los intelectivos ya que estos últimos corresponden en la intuición a sesgos preceptivos conocidos comúnmente como falacias.
Aquí va unas infografías, y una traducción algo libre de algunos sesgos cognitivos:


1.- Sesgo de anclaje: Tendemos a dar mas credibilidad a la primera información que conocemos de un determinado tema. El problema está en cuanto esa información está desactualizada u obsoleta. Esto es habitual en el SEO, donde a veces se piden cosas que ya no funcionan, y también en diseño, donde aún hay quien considera prioritario conceptos como «above the fold» (lo que se ve en pantalla antes de hacer scroll) cuando está ampliamente demostrado que este concepto ha perdido casi toda su importancia: Los usuarios hacen scroll.
2.- Disponibilidad heurística: Tendemos a dar mayor importancia a la información de la que disponemos (sobre todo si justifica lo que hacemos). ¿Quién no ha escuchado a un fumador que conoce a alguien que vivió 100 años y fumaba 2 paquetes a diario? En definitiva, no dar nada por sentado, y estar abiertos a contrastar y modificar nuestras creencias.
3.- Efecto «opinión de la mayoría»: Mientras más gente adopte una determinada opinión sobre algo, más probable es que acabemos adoptando nosotros esa misma opinión. Esto es un motivo por el que a veces es difícil avanzar en reuniones de grupo: los primeros que opinan a menudo logran que todos acepten sus opiniones. Sin embargo, en las discrepancias es donde a menudo hacemos hallazgos que permiten avanzar.
4.- Sesgo del punto ciego: No saber ver los sesgos cognitivos que nos condicionan es un sesgo en sí mismo. Se nos da mejor ver estas cosas en los demás que en nosotros mismos («No, no, a mí no me condiciona la publicidad»).
5.- Sesgo de apoyo a la elección: Cuando elegimos algo, tendemos a «quitarnos un peso de encima» por haber tomado la decisión, incluso si no es la mejor. Por eso, lo vemos como algo bueno incluso aunque haya señales de lo contrario (como cuando te compras esos zapatos tan bonitos que no necesitas y que quizá ni llegues a ponerte).
6.- Patrones ilusorios: Es cuando vemos patrones en cosas que no tienen relación real entre sí, pero que condicionan nuestras decisiones (por ejemplo, si en la ruleta ha salido muchas veces el rojo, cada vez vemos menos probable que salga de nuevo, aunque las posibilidades siempre son las mismas).
7.- Sesgo de confirmación: Solemos prestar mayor atención a las noticias e informaciones que confirman nuestras creencias previas, incluso aunque sean equivocadas, y a «ignorar» las que contradicen. De ahí la expresión «le entra por un oido y le sale por el otro».
8.- Sesgo de conservadurismo: Cuando aparece una información que contradice algo que creíamos saber, tendemos a hacer caso de la primera información antes que la nueva, porque nos cuesta cambiar nuestro sistema de creencias. Por esto (las evidencias previas indicaban lo contrario) costó tanto que la gente aceptara que la tierra es redonda.
9.- Sesgo de sobreinformación: Tendemos a almacenar más información de la que necesitamos antes de tomar decisiones, incluso cuando estas informaciones no van a aportar nada nuevo a lo que decidamos. La «inacción por sobreinformación» es que nunca creemos estar lo bastante informados para decidir, cuando en realidad estamos utilizando esto como excusa para no tomar ninguna decisión en absoluto. Cuando falta información, la intuición es una gran aliada, si sabemos escucharla.


10.- Efecto avestruz: Cuando decidimos ignorar la información que es negativa o nos perjudica. Esto ocurre cuando ignoramos o borramos opiniones negativas en redes sociales, o cuando los inversores miran menos el valor de sus acciones porque saben que el mercado está en un mal momento. «Si es malo, prefiero no saberlo».
11.- Sesgo de resultados: Es cuando valoramos una decisión como buena o mala en función del resultado que dió sin tener en cuenta otros factores. Si te apostaste hasta la camisa en una partida de póquer y ganaste, verás la decisión como buena, aunque está claro que hacerlo todos los días acabará costándote caro ;)
12.- Exceso de confianza: Algunos de nosotros sobreestimamos la confianza en nuestras habilidades, lo que nos puede hacer correr grandes riesgos en nuestras vidas. Los expertos en algo caen más a menudo en este tipo de excesos. Por ejemplo, los deportistas tienen mejores reflejos y capacidad de reacción que la media, pero casi todas las semanas algún futbolista tiene un accidente con su deportivo.
13.- Efecto placebo: Seguro que hemos oido alguna vez que los síntomas de un enfermo al que se le administra un placebo experimenta la misma mejoría que uno que ha recibido la medicina. Esto no significa que la medicina no sirva, sino que nuestro cerebro también pone de su parte en la recuperación.
14.- Sesgo pro-innovación: Cuando alguien que propone una innovación tiende a sobreestimar la trascendencia y a subestimar las limitaciones. Lo hemos visto en la cantidad de startups que no evalúan correctamente el alcance de sus innovaciones («¡He inventado el nuevo Twitter!»).
15.- Lo reciente es lo más: Se trata de aceptar las últimas informaciones como las más útiles, y quitar peso a noticias anteriores. Esto nos conduce al pensamiento cortoplacista, es decir, pensar que las cosas serán en el futuro igual que hoy, y nos hace perder capacidad para anticiparnos a cambios en el futuro.
16.- Prominencia: Es la tendencia a centrarnos en los rasgos más reconocibles de una persona o concepto. Por ejemplo, puede que nos aterre volar, a pesar de que estadísticamente es más probable morir en un accidente de coche.
17.- Percepción selectiva: Es cuando nos fijamos en lo que nos interesa, mientras pasamos por alto lo que no nos gusta o interesa tanto. Por ejemplo, los wireframes para una aplicación o sitio web se hacen en blanco y negro y sin imágenes, porque suele resultar más atractivo evaluar el diseño que centrar la atención en los contenidos. Por esto es mejor trabajar estos aspectos sobre esquemas donde no está presente el diseño final.
18.- Estereotipos: Esperar que alguien o algo tenga ciertas cualidades sólo por su apariencia. Es una forma de intuición muy efectiva (por ejemplo, nos ayuda a identificar enemigos o peligros) pero tendemos a utilizarlo en exceso, lo que nos hace cometer errores. ¿quién no ha prejuzgado a alguien por su aspecto para después descubrir que la realidad no se corresponde con nuestro juicio previo?
19.- Sesgo de supervivencia: Es el error lógico de concentrarse en los supervivientes de un proceso y omitir a aquellos que no sobrevivieron debido a su falta de visibilidad. Esto conduce a creencias excesivamente optimistas porque se ignoran los fracasos. Es decir, pensar que si montas una startup te forras seguro, porque sólo conoces los casos de éxito (y no el otro 90% que fracasa).
20.- Sesgo del riesgo cero: Los sociólogos saben que preferimos las certezas, incluso cuando son contraproducentes. Intentamos eliminar los riesgos para evitar daños, pero en ocasiones el daño puede ser mayor si no tomamos ningún riesgo (las compañías de discos no querían que cambiara nada cuando comenzó la piratería por internet. Las que no se adaptaron, acabaron desapareciendo).




TIPOS DE FALACIAS (síntesis)

Las falacias o falsas argumentaciones son errores que infringen las reglas del buen comportamiento del acto argumentativo; se trata de inferencias que no son válidas, pero que cuya forma recuerda a las de las argumentaciones válidas. Son argumentos que no tienen relación con las tesis puestas en discusión y se los utiliza en las argumentaciones cotidianas: insultar a alguien, amenazarlo, tratarlo de incompetente; pueden servir, además, para obligar al interlocutor a aceptar la validez de una tesis inconsistente.
Algunas falacias afectan al aspecto lingüístico propiamente tal, como ambigüedad, incomprensibilidad de los enunciados, ausencia de significados tras enunciados aparentemente significativos; otras se basan en la manipulación de los hechos.


Como hemos visto, las falacias son razonamientos erróneos o falsos, puede incurrirse en ellos por ignorancia o voluntariamente, como un modo de convencer mediante la razón.

Las falacias a la persona pueden clasificarse de la siguiente manera:
    1. Descalificación: desacreditar un argumento, descalificando a la persona que lo formula:
      1. Ataque personal directo (Ad Hominem-Ofensivo): descalificar la personalidad del oponente. Ej: «No debemos escuchar lo que él propone, todos sabemos que es homosexual». La opción sexual de una persona no afecta en nada su credibilidad y no tiene relación alguna con la aceptabilidad de un punto de vista.
      2. Ataque personal indirecto (Circunstancial): descalificar a una persona en virtud de las situaciones especiales en que se encuentra. “Es lógico que va a estar en desacuerdo con que se elimine la participación de los alumnos en el directorio del colegio, si es un alumno». Lo que se hace aquí es argumentar apoyándose en las condiciones en que se encuentra la persona y no en los argumentos que da en defensa de su punto de vista. Siempre es posible que alguien tenga «intereses creados», pero para evaluar una argumentación debemos centrarnos en la calidad de sus razones y no en otros aspectos imposibles de evaluar objetivamente.
      3. Envenenar el pozo: descalificamos directamente al oponente antes de que emita su opinión, de tal forma que su defensa se vuelve imposible. No se quiere dejar agua para cuando llegue el contrincante. Pretende negar que esté calificado para que dé una opinión. Por ejemplo: «no debemos aceptar el punto de vista del periodista. Es sabido que los periodistas tergiversan las noticias de acuerdo con la conveniencia del medio al cual representan». Lo que aquí se señala es que quién sostiene el punto de vista es un «mentiroso», con lo que anulamos cualquier posibilidad de aceptar lo que se dice. Lo que se hace es atacar a la persona (además basado en una generalización) en vez de mostrar las debilidades de su argumentación.
    2. Apelar a la ignorancia (ad ignorantiam): consiste en defender la verdad o falsedad de un enunciado basándose en la idea de que nadie ha probado lo contrario. Ejemplo: «los extraterrestres existen porque nadie ha probado lo contrario».
    3. Apelar a la autoridad: constituye una falacia cuando se tergiversa la intención de las palabras o se cita a un personaje que no tiene nada que ver con el asunto tratado o con esa esfera del conocimiento.
    4. A la autoridad de una persona: se utiliza el prestigio de una persona conocida o famosa. Ejemplo: «esta dieta es muy saludable. Lo dice Nicole Kidman». Nicole Kidman puede verse saludable (y bella), pero no es una entendida en nutrición.
    5. Al consenso (ad populum): apelar a la opinión de las mayorías. Por ejemplo: «la mayoría de las personas está de acuerdo con un toque de queda para adolescentes, por lo tanto debe ser impuesto legalmente». El que la mayoría tenga una determinada opinión, no hace que esa opinión sea la más razonable.
    6. Apelar a la misericordia (ad misericordiam): en reemplazo de razones que apoyan la tesis, se apela a la bondad de la persona. Consiste en apelar a la piedad para lograr el asentimiento cuando se carece de argumentos. Trata de forzar al adversario jugando con su compasión (o la del público), no para complementar las razones de una opinión, sino para sustituirlas. Ejemplo: «sin embargo, el presidente Lagos y sus ministros no vacilan en aplicar sus recetas a expensas de empeorar la situación de los más pobres» (se recurre a los sentimientos).
    7. Apelar al temor (ad baculum): se hacen uso de amenazas o amedrantamientos de forma implícita. Por ejemplo: «creo que nadie estará en desacuerdo conmigo. ¿o piensan que no debo aprobarlos en el examen». Dicho por un profesor, es más una amenaza que un argumento.
    8. Pregunta Compleja: implica formular preguntas que suponen la aceptación de una información previa. Ejemplo: «¿cómo hace usted para evadir los impuestos?» En la pregunta se da por hecho que la persona evade impuestos, sin corroborar que realmente lo hace.


Luego están los razonamientos falaces:
    1. Accidente y accidente inverso: Utilización incorrecta del los modos de razonamientos deductivos e inductivos.
    2. Regla general para caso particular: Obedece a la idea de deducir impropiamente una aplicación de una regla general a un caso particular que no se ajusta a ella. Ejemplo: «todas las aves tienen plumas. El pingüino no tiene plumas. El pingüino no es ave.»
    3. Generalización apresurada: Consiste en utilizar incorrectamente el razonamiento inductivo, enunciando una regla general a partir de las excepciones. Ejemplo: «Pedro es un gran conquistador y es tartamudo. Todos los tartamudos son grandes conquistadores».
  1. Causa falsa (Non causa pro causa): consiste en establecer como causa de un hecho aquello que lo precede inmediatamente en el tiempo. Ejemplo: “el viernes me internaron en el hospital, el sábado mi perro enfermó y el domingo murió. Mi perro murió de pena porque yo no estaba con él».
  2. Petición de principios (Petitio principi –tautología- circularidad): argumentamos a favor de nuestro punto de vista, entregando una razón que es equivalente a este. En otras palabras, uso los mismos principios que se tratan de fundamentar. Ejemplo: «es imposible que Ana me ame, porque es algo que no puede ocurrir».
  3. Premisa contradictoria (Ignorantio elenchi): una afirmación usada como apoyo es incompatible con lo que se afirma en otra expresión, también usada como apoyo. Ejemplo: «Yo creo que los alumnos tienen derecho a elegir libremente a sus representantes para el centro de alumnos; ya que es algo que solo los estudiantes pueden decidir. Pero, naturalmente, yo estoy de acuerdo con el reglamento establecido por el director del colegio, en el sentido de que para participar solo deben ser escogidos los alumnos más aplicados».
  4. Equivoco: consiste en utilizar una palabra o frase con distintos sentidos dentro de un mismo razonamiento, lo que genera obviamente conclusiones falsas. Ejemplo: «la muerte es el fin (término) de la vida, por lo tanto, toda vida debe tener como fin (objetivo) la muerte».
  5. Ambigüedad (Anfibología): aparece cuando se argumenta a partir de premisas cuya formulación es ambigua o confusa debido a una redacción descuidada. La premisa es falsa en un sentido y en otro no. Esto ocurre especialmente en los titulares de los diarios, donde por razones de estilo o para lograr mayor sensacionalismo, se incurre en ambigüedades como: “abuelita asesina delincuente”.
  6. Falsa analogía: comparar situaciones diferentes como si se tratara de la misma. Ejemplo: «¡por qué los estudiantes no podemos consultar los libros mientras rendimos los examenes? Los médicos consultan sus libros para recetar algún medicamento y los abogados, los códigos para preparar su defensa».

FALACIAS EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LA POLÍTICA

Las falacias se usan frecuentemente en artículos de opinión en los medios de comunicación y en política. Cuando un político le dice a otro «No tienes la autoridad moral para decir X», puede estar queriendo decir dos cosas:
Usar un ejemplo de la falacia del ataque personal o falacia ad hominem, esto es, afirmar que X es falsa atacando a la persona que la afirmó, en lugar de dirigirse a la veracidad de X.
No ocuparse de la validez de X, sino hacer una crítica moral al interlocutor (y de hecho es posible que el político esté de acuerdo con la afirmación). En este último caso, la falacia consiste en evadir el tema, dando sólo una opinión, no relevante, sobre la moralidad del otro.
Es difícil, por ello, distinguir falacias lógicas, ya que dependen del contexto.
Otro ejemplo, muy extendido es el recurso al Argumentum ad verecundiam o falacia de la autoridad. Un ejemplo clásico es el Ipse dixit («Él mismo lo dijo») utilizado a lo largo de la edad media para referirse a Aristóteles. Un ejemplo más moderno es el uso de famosos en anuncios: un producto que deberías comprar/usar/apoyar sólo porque tu famoso favorito lo hace.
Una referencia a una autoridad siempre es una falacia lógica, aunque puede ser un argumento racional si, por ejemplo, es una referencia a un experto en el área mencionada. En este caso, este experto debe reconocerse como tal y ambas partes deben estar de acuerdo que su testimonio es adecuado a las circunstancias. Esta forma de argumentación es común en ambientes legales.
Otra falacia muy usada en entornos políticos es el Argumentum ad populum, también llamado sofisma populista. Esta falacia es una variedad de la falacia ad verecundiam: consiste en atribuir la opinión propia a la opinión de la mayoría y deducir de ahí que si la mayoría piensa eso es que debe ser cierto.
En cualquier caso muchas veces la propia premisa de que la mayoría piense eso puede ser falsa o cuando menos dudosa ya que, en muchos casos, dicha afirmación no puede ser probada más que con algún tipo de encuesta que no se ha realizado. En caso de ser cierto tampoco se justifica el razonamiento porque la mayoría piense eso. Se basa en la falsa intuición de que el pueblo tiene autoridad, tanta gente no puede estar equivocada. Se suele oír con frases del tipo todo «el mundo sabe que…», o «…que es lo que la sociedad desea», así como «la mayoría de los españoles sabe que…».




FALACIAS DE LA ARGUMENTACIÓN (lógicas, formales, lingüisticas, etc). Ampliación: explicación y ejemplos.


Argumentum ad consequentiam o argumento dirigido a las consecuencias: Es un argumento que concluye que una premisa (típicamente una creencia) es verdadera o falsa basándose en si esta conduce a una consecuencia deseable o indeseable. Es una falacia porque basar la veracidad de una afirmación en las consecuencias no hace a la premisa más real o verdadera. Asimismo, categorizar las consecuencias como deseables o indeseables es intrínsecamente una acción subjetiva al punto de vista del observador y no a la verdad de los hechos.
  • «El presidente no ha robado fondos del Estado, porque si lo hubiera hecho, habría perdido las elecciones».
  • «Dios debe de existir, porque si no existiera no habría moral y el mundo sería horrible».
  • «El jugador hizo todo lo que pudo, porque, si no, no hubiéramos ganado el partido».
Petición de principio o petitio principii o fe de origen: Es una falacia que ocurre cuando la proposición a ser probada se incluye implícita o explícitamente entre las premisas de las que parte el razonamiento.
  • Ejemplo: para probar falazmente que Pablo dice la verdad argumentaríamos del siguiente modo diciendo que «Cuando Pablo habla no miente y que por tanto, cuando está hablando Pablo, está diciendo la verdad». En una lógica bivalente, con tertium exclusum,premisa y conclusión están afirmando la misma verdad, que no miente o, lo que es lo mismo, que en ambos casos dice la verdad. La falacia es más útil cuando tiene una longitud adecuada como para hacer olvidar al receptor que la conclusión ya fue admitida como premisa.
Falacia de las muchas preguntas o pregunta compleja con la cual, el mero hecho de responder la pregunta implica presuponer en la respuesta algo que no se quiere asumir como cierto. La finalidad de dicha falacia es que el adversario dialéctico asuma en su contestación alguna información que no se quiere conceder bien por falsa o bien porque dicha concesión perjudica gravemente la argumentación que pretende sostener. Para sortear dicha falacia lo idóneo sería no contestar, para no dar información extra que no se desea conceder al interlocutor.
  • Ejemplo: ¿Todavía golpeas a tu esposa? Una respuesta negativa significará que la persona ha pegado a su esposa en un momento anterior, la afirmativa que no sólo que lo haces en la actualidad sino que lo haces desde tiempo atrás. En este tipo de preguntas se da por supuesto el hecho por el que se pregunta, y si este hecho no ha sido asumido antes por los interlocutores, la pregunta se vuelve capciosa: se incurre en la falacia de las muchas preguntas.
Non sequitur: Las razones dadas para soportar una afirmación son irrelevantes o no relacionadas.
  • Ejemplo: «Tengo miedo al agua, así que mi deporte será el puenting» o «me gusta conducir por eso me compro un Toyota». En cualquiera de los casos hacer puenting o comprarse un Toyota no depende directamente de la razón dada ya que hay muchos más coches o deportes que se han descartado sin que la razón dada sea relevante, puede producir auto-engaño por no aclarar los verdaderos motivos por los que se toma una decisión. Una manera de clarificar esta falacia es reorganizando el argumento para colocar la razón y la conclusión de manera que la incongruencia se haga evidente.
  • Ejemplo: «Me gusta conducir y por eso me compro un Toyota»; reordenando: «Me compro un Toyota porque me gusta conducir», algo que podría ser cierto o no pero que seguramente no era lo que se pretendía decir cuando se especificaba un Toyota.
  • Ejemplo: «Estamos en España así que pasaremos calor». Reordenando: «Pasaremos calor porque estamos en España».
  • Ejemplo: «Me gustan los aviones por eso hago paracaidismo». Reordenando: «Hago paracaidismo porque me gustan los aviones».
  • Ejemplo: «Ella no tiene hijos por eso no estoy de acuerdo con las prácticas educacionales de la profesora». Reordenando: «No estoy de acuerdo con la profesora porque ella no tiene hijos».

Argumentum ad baculum o argumento dirigido al bastón o al mando o argumento por la fuerza: es un argumento donde la fuerza, coacción o amenaza de fuerza es dada como justificación para una conclusión. Es un caso especial negativo del argumentum ad consequentiam. Este tipo de falacia se da en los casos en los que se duda en intervenir o no, en un conflicto. Se basa la decisión en algunos, en la consecuencia de actuar o no actuar, lo que justifica la intervención. Sin embargo, aunque estas decisiones preventivas previas, modifican forzosamente las predichas y subjetivas consecuencias, no aclaran la necesidad de actuar o no aseguran la verdad de las premisas en las mismas. El miedo a las consecuencias no puede ser el motor de ninguna decisión ni es capaz por sí mismo de hacer más veraz una posibilidad.
  • Ejemplo: «Iraq tiene armas de destrucción masiva. Como esto puede provocar una guerra muy peligrosa debe ser verdad y por tanto es necesaria una intervención».
  • Ejemplo: «Debes creer en Dios, porque si no lo haces irás al infierno».
La única manera de saber la veracidad de una afirmación es basándose en los argumentos que la apoyen. La intervención, es una manera específica de resolución, es también una acción que es independiente de la veracidad de la afirmación y tiene más que ver con la inteligencia para discernir cual es la mejor manera de actuar. Esta vez si que en función de las consecuencias deseadas y a partir de las verdades encontradas, situación, entorno, etc. También es posible que se sea consciente de lo falaz de nuestra lógica y que igualmente por otras razones, egoísmo, intereses o por miedo a la simple probabilidad no nula de amenaza prefiera uno equivocarse y actuar como si estuviera seguro a esforzarse en hallar la verdad.


Conclusión irrelevante o ignoratio elenchi o refutación ignorante o eludir la cuestión: es la falacia lógica de presentar un argumento que puede ser por sí mismo válido, pero que prueba o soporta una proposición diferente a que la que debería apoyar. Aristóteles creía que todas las falacias lógicas podían ser reducidas a ignoratio elenchi. También en algunos casos estas conclusiones irrelevantes son intentos deliberados por parte de manipuladores, expertos en falacias lógicas, de cambiar el asunto de la conversación.
  • Ejemplo: Pablo es un buen deportista y debe ganar la copa. Después de todo, es un buen tipo, ha donado mucho dinero y es miembro de una ONG. Las donaciones o preferencias solidarias no tienen que ver con el merecimiento deportivo de una copa. Tu quoque (‘tú también’ en latín), es un tipo específico de ignoratio elenchi porque se basa en que la premisa o consejo presentado por una persona es falsa porque esta misma persona no la sigue.
  • Ejemplo: «Thomas Jefferson decía que la esclavitud estaba mal. Sin embargo, él mismo tenía esclavos. Por lo tanto se deduce que su afirmación es errónea y la esclavitud debe estar bien».

Argumentum ad hominem o argumento dirigido al hombre: consiste en replicar al argumento atacando o dirigiéndose a la persona que realiza el argumento más que a la sustancia del argumento. Tu quoque en el que se desvelan trapos sucios suele ser un mecanismo.
  • Ejemplo: Dices que este hombre es inocente pero no puedes ser creíble porque tú también eres un criminal.

Falacia del hombre de paja o argumentum ad logicam: es una falacia lógica basada en la confusión de la posición del oponente. Generar un «hombre de paja» es crear una posición fácil de refutar y luego atribuir esa posición al oponente para destrozarlo. En realidad el argumento real del oponente no es refutado sino el argumento ficticio que se ha creado. El nombre viene de los hombres de paja que se usan para entrenar en el combate y que son fáciles de abatir. Es decir, se atacan los flecos o posibles malinterpretaciones que se puedan hacer de la premisa. Ejemplo:
  • Pedro: «Pienso que los niños no deberían correr por calles con mucho tráfico».
  • Juan aprovecha y crea una posición clara de ataque: «Yo pienso que sería estúpido encerrar a los niños todo el día sin respirar aire limpio».
De esta manera, Juan puede atacar una posición radical y fácil que Pedro nunca quiso dar a entender. La única manera de evitar el hombre de paja es que Pedro lo destruya antes que Juan o poner en evidencia la intención de Juan de crearlo para confundir.

Argumentum ad silentio o argumento dirigido al silencio: consiste en considerar que el silencio de un ponente o interlocutor sobre un asunto X prueba o sugiere que el ponente es un ignorante sobre X o tiene un motivo para mantenerse en silencio respecto a X. En relación con esta falacia, es necesario hacer referencia a la doctrina jurídico-procesal llamada «de los actos propios», por la cual, en una de sus aplicaciones más frecuentes, si una de las partes en un proceso no alega cierto hecho, dato, prueba o argumento disponiendo de trámite para hacerlo, se presumirá que carece del mismo. Por tanto, aunque lógicamente el argumentum a silentio o ex silentio es una falacia, porque el silencio de un interlocutor no puede tomarse como prueba de certidumbre de lo dicho por un interlocutor contrario, en el terreno de la pura retórica puede ser un indicio de falta de argumentos o de falta de capacidad para contrarrestar dialécticamente los argumentos expuestos por la adversa. Esta presunción se realiza en el terreno jurídico por ser este un terreno subjetivo marcado por leyes que están hechas para que la mayoría pueda quedar satisfecha. Y esto es así porque la mayoría posee el prejuicio de que el silencio de un interlocutor implica la falta de argumentos o un motivo particular para tenerlo y también porque el que rompe el estado de normalidad tiene la obligación de probar con argumentos las acusaciones. Véase Falacia de eludir la carga de la prueba.


Hipótesis ad hoc: en filosofía y ciencia, ad hoc significa con frecuencia la adición de hipótesis corolarias o ajustes a una teoría filosófica o científica para salvar la teoría de ser rechazada o refutada por sus posibles anomalías y problemas que no fueron anticipados en la manera original. Véase también falacia del francotirador en el que las consecuencias o el orden lógico que se supone debería preverse se desarrolla después de ver los datos. Filósofos y científicos se comportan de manera escéptica ante las teorías que continuamente y de manera poco elegante realizan ajustes ad hoc o hipótesis ad hoc ya que estas son con frecuencia características de teorías seudocientíficas. Gran parte del trabajo científico recae en la modificación de las teorías o hipótesis ya existentes, pero estas modificaciones se distinguen de las modificaciones ad hoc en que los nuevos cambios proponen a su vez nuevos medios o contraejemplos para ser falsificados o refutados. Es decir, la teoría tendría que cumplir con las nuevas contenciones junto con las anteriores.


Ad ignorantiam o argumento dirigido a la ignorancia: Es una falacia lógica la cual afirma que una premisa es verdadera sólo porque no ha sido probada como falsa o que la premisa es falsa porque no ha sido probada como verdadera. Esto es una falacia porque la veracidad o falsedad de cualquier afirmación es independiente de nuestro conocimiento. Si bien es cierto, sin conocimiento o prueba no se puede ejecutar ninguna acción sin riesgo. Es decir, esta falacia produce que si uno, es decir, subjetivamente o debido a nuestro propio conocimiento encuentra una premisa increíble o poco probable, la premisa puede ser asumida como no verdadera o alternativamente que otra premisa más conocida o preferida pero no probada es la verdadera o la más probable. Con esto, lo que se hace es subjetivizar el estado de verdad o falsedad de las cosas al propio conocimiento o familiaridad del individuo con estas, algo que evidentemente es erróneo. Véase también el modelo de navaja de Occam es decir, un argumento dirigido a la complejidad, que aunque falaz, estrictamente, es un método que inevitablemente a falta de pruebas se sigue usando porque guarda una verdad implícita: en igualdad de condiciones, la sencillez es preferible a la complejidad.


Falacia del efecto dominó o pendiente deslizante: es un tipo de falacia lógica que argumenta que si se realiza un determinado movimiento o acción en una determinada dirección esta generará un cascada de eventos uno tras otros en la misma dirección. Esta falacia está basada en las falacias de asociación, las falacias de causa simple, las falacias post hoc, ergo propter hoc y sobre todo en la falacia de recurso de probabilidad que conduce a la paranoia. La falacia consiste en que una vez realizado el primer movimiento en una dirección se continuará inevitablemente en la misma dirección, algo que es probable pero que no debe considerarse cierto. Para evitar caer en la falacia se deben aportar argumentos para la conexión entre los sucesos y tener en cuenta que a medida que se desencadenan más sucesos la probabilidad de que estos ocurran es siempre menor. Este tipo de argumentación es beneficiosa en demagogia ya que aprovechando el sesgo de falsa vivencia consigue despertar la paranoia y el miedo en los receptores. La probabilidad de un suceso no implica su certeza. Esta falacia se usa también con la falacia del hombre de paja de la siguiente manera:
  1. A sucede;
  2. B inevitablemente sucederá (se aplica la falacia del efecto dominó);
  3. B es un suceso detestable (es un suceso fácilmente defendible al que el locutor no quería llegar);
  4. por consiguiente A también es detestable (consecución de la falacia del hombre de paja.
La conexión entre el suceso A y suceso B puede ser falaz o no serlo y depende de si se aportan suficientes argumentos. Véase también teoría del dominó donde se explica que un argumento independiente es necesario para explicar por qué un principio similar al domino es aplicable a las propias circunstancias.


Recurrir a las emociones o dirigido a las emociones: en esta falacia el locutor trata de manipular las emociones del receptor, más que usar argumentos válidos, para demostrar la validez o invalidez de los argumentos del contrario. Dentro de esta falacia se encuentran otras como, recurrir a las consecuencias, recurrir al miedo, recurrir a la culpa, recurrir al ridículo, recurso del victimismo y demás falacias en las que las emociones o estados subjetivos de uno o varios individuos se usan como argumento para demostrar la veracidad o falsedad de una aseveración. Especial atención para el recurso del victimismo en el que se mezclan el Argumentum ad hominemataques o argumentos sobre las personas y una apelación a las emociones. Ejemplos:

Falacia del recurso del victimismo:
  • Pedro: X pesa 50 Kg.
  • Juan: eso no es cierto, X pesa 100 Kg, lo pesé hoy con la báscula.
  • Pedro: esta persona siempre me está atacando afirmando que miento.
Trata de imponer su punto de vista, es injusto. Haga el favor de disculparse, mi opinión merece ser respetada y no puede imponer la suya sobre la de los demás. Es usted ‘un dictador. Aunque, lo predicado por Pedro pudiera ser cierto no tiene nada que ver con la verdad o falsedad del argumento, pero permite desviar la atención de los datos y verdaderos argumentos. La mejor forma de evitar la falacia es poner en evidencia que el tema tratado y el recurso de victimismo son temas diferentes y que deben tratarse por separado. Falacia de recurrir a las consecuencias: El futbolista hizo todo lo que pudo, de otra manera no se hubiera ganado; donde se recurre a la consecuencia positiva o a la felicidad del momento para ganar aceptación. Falacia de recurrir al miedo o argumentum ad metam o argumentum in terrorem: Si no te gradúas siempre serás pobre o Dios existe y si no crees en él, arderás en el infierno o si no actuamos ahora después será demasiado tarde. Ninguno da argumentos sobre su premisa principal tan solo se limitan a presentar una ilusión negativa o falsa vivencia que afecte a tus emociones.

Recurrir al ridículo: Esta falacia se parece a la falacia «recurrir a las emociones» porque se presentan los argumentos del oponente de modo que estos parezcan ridículos o irrisorios. Con frecuencia esta falacia es una extensión de un intento por crear una falacia de hombre de paja del argumento actual. Ejemplo: «Si la teoría de la evolución fuera cierta, ¡sería decir que tu abuelo era un gorila!». O este otro ejemplo:
  • Pedro: Deberían subir el precio de las balas.
  • Juan: Claro, al irte de caza ¿te imaginas pedir un crédito para poder comprarlas?
En esta falacia se ridiculiza el argumento. No confundir con la falacia de argumentum ad hominem en el que se ataca a la persona para derrumbar su argumento. Tampoco confundir con reductio ad absurdum (reducción al absurdo) o prueba por contradicción que correctamente construida no es una falacia sino un argumento lógico que además es usado en matemáticas. Reducción al absurdo significa encontrar una excepción de alguna premisa que de manera consensuada o probada la haga falsa o absurda. Ejemplo:
  • Pedro: No vayas a la fiesta.
  • María: ¿Por qué no?
  • Pedro: Porque hay chicos que se aprovechan.
  • María: Ok, entonces tampoco iré a la universidad, puesto que también hay chicos aprovechados.
  1. Todas las creencias tienen igual validez;
  2. yo creo que todas no tienen validez;
  3. como tú dices que todas tienen validez y la mía es una creencia, ésta también debe ser válida, por lo que te contradices.

Argumentum ad populum o «dirigido a las personas» o «dirigido al número de personas» o «dirigido a la mayoría» o «tiranía de la mayoría»: es un argumento falaz que concluye que una proposición debe ser verdadera porque muchas personas lo creen así. Es decir, recurre a que «si muchas personas lo creen así, entonces será así». En ética el argumento falaz sería «si muchos lo encuentran aceptable, entonces es aceptable». Esta falacia hace uso del prejuicio efecto carro ganador. Esta falacia es un tipo de falacia genética o basada en el origen de las cosas. Es una falacia porque el mero hecho de que una creencia esté ampliamente extendida no soporta o no la hace necesariamente correcta o verdadera. Esto se basa en que si una opinión individual puede ser incorrecta, entonces la opinión sostenida por muchas personas también puede serla. La veracidad o falsedad de una afirmación es independiente o no reside en el número de personas que creen en ella. Esta falacia se usa mucho en publicidad.
  • Ejemplo: «50 millones de fans no pueden estar equivocados» o «la marca X es la marca líder en Europa, por eso deberías comprar productos de esta marca» o «la mayor parte de la gente del planeta cree en algún dios, y no se conocen entre sí, eso no puede ser coincidencia: Dios debe existir» o «los ecologistas dicen que el calentamiento global está sucediendo porque la mayoría de los científicos dicen y lo creen así».
Esto es una afirmación falaz, sin embargo, la ciencia trabaja sobre la evidencia no el voto popular, así es apropiado fijarse más en las evidencias que se presentan más que en el número de personas que lo afirman o lo niegan. Esto lleva a que los resultados en democracia no pueden catalogarse como buenos o malos por el número de votantes tan solo se puede afirmar que el resultado es el que el mayor número de personas quiere y eso en democracia debe ser suficiente. Votar por una solución o voto plural como método para saber si una afirmación es cierta o falsa es falaz e incorrecto. Un espectador de un juicio que observa una votación y no los argumentos no puede deducir después de la votación o por el resultado si lo votado es cierto o no. Esto es así porque la votación pudo haberse llevado a cabo a través de los prejuicios y no a través de los argumentos. De igual manera si la lógica es llevada solo a través de argumentos sólidos no sería necesaria la votación.
Tanto la democracia como los juicios no obvian esto sino que simplemente hacen la falacia irrelevante definiendo leyes que son subjetivas más que objetivas. Es decir, no se trata de hallar la verdad o lo mejor posible sino de encontrar una solución que agrade a la mayoría. En los juicios por votación existe para evitar, en lo posible, un efecto carro ganador, la presunción de inocencia y además la idea de que la simple posibilidad, suposiciones o pruebas circunstanciales no deben ser tenidas en cuenta por el jurado. Existen excepciones como en etiqueta y protocolo. Estas solo dependen de la aceptación mayoritaria de estos, es decir, son totalmente subjetivos al número así que un argumento ad populum no es falaz en para estos casos.
  • Ejemplo: En Rusia la mayoría piensa que es cortés entre hombres besarse en cada encuentro. Por consiguiente, es cortés para los hombres hacerlo en Rusia. Otra excepción es cuando el argumentum ad pópulum implica implícitamente un argumento «de seguridad» por convención pero no se centra en si es mejor o peor el sistema.
  • Ejemplo: Todos conducen por la derecha. Por tanto, para no tener problemas deberías conducir por la derecha.

Argumentum ad náuseam: es un tipo de falacia dirigida a las emociones en el que las personas creen que una afirmación es más probable de ser cierta o más probable de ser aceptada como verdad cuanto más veces ha sido oída. Esta falacia está dirigida a las emociones porque el hastío o ad náuseam que se genera subjetivamente o en cada persona por la repetición de la afirmación es tal que puede hacer cambiar el concepto de ésta sin llegar a escuchar ningún argumento válido. De esta manera, un argumentum ad náuseam es aquel que emplea repetición constante de una afirmación hasta que los receptores se convencen de esta. Este tipo de técnica falaz es usada mucho en política donde sin emplear argumentos, pruebas o evidencias de un hecho se repite una y otra vez la misma afirmación hasta la conversión. Sin embargo, por mucho más que se repita o más esfuerzo se ponga en hacerlo, esto no hace a la afirmación más real o verdadera. Esta falacia viene de la falsa creencia de que si alguien se molesta o dedica tanta energía para la repetición de un mensaje es porque éste debe ser más veraz que otro que no se molesta o puede rebatirlo. Véase efecto del carro ganador y sesgo de la debilidad y fortaleza.

Argumentum ad verecundiam o apelar a la autoridad o argumento dirigido a la autoridad: esta falacia lógica consiste en basar la veracidad o falsedad de una afirmación en la autoridad, fama, prestigio, conocimiento o posición de la persona que la realiza. Un tipo especial de esta falacia es la falacia argumentum ad crumenam donde se considera más veraz una afirmación porque la persona que la realiza es rica o por el contrario en argumentum ad lazarum porque el pobre o de menor clase quien la realiza. La veracidad de un hecho o afirmación no depende, en último estado, de la persona que la realice sino de las pruebas, evidencias o argumentos que se presenten. Esta falacia también puede considerarse una variante del argumentum ad hominem ya que también subjetiviza la veracidad o falsedad de una afirmación en la calificación de un individuo. Sin embargo, al igual que a través de la experimentación se tratan de encontrar excepciones y si no se encuentran se puede considerar una teoría como verdadera, igualmente se puede hacer con las autoridades. Un argumento que apela a la autoridad y no falaz sino lógico en función de sus premisas sería:
  1. A realiza una afirmación B
  2. A nunca está confundido, equivocado o deshonesto
  3. por lo tanto la afirmación, evidencia o prueba B debe ser tomada en consideración que no como cierta.
Tanto como la premisa 2 sea cierta su conclusión también lo será. Así apelar a una autoridad puede ser lógicamente correcto mientras haya sido suficientemente probada su autoridad y no se hayan encontrado excepciones. Esto no quiere decir que la afirmación sea cierta y no se encuentre una excepción pero esto es algo que es inevitablemente y energéticamente hablando no puede evitarse por el número de pruebas y test que deberían hacer para tomar decisiones. Ejemplos falaces son los siguientes: «esa afirmación es verdad, porque lo he visto en televisión» o «esto debe ser verdad porque aparece en Wikipedia» o «lo dice la revista científica Nature, por consiguiente debe ser cierto». En todos estos casos si no se conocen o se ha experimentado con las fuentes se genera un ipse dixit.

Recurrir a la tradición o argumentum ad antiquitatem: es una falacia lógica típica en la que una tesis es proclamada como correcta basándose en que ésta ha sido tradicionalmente considerada correcta durante mucho tiempo. En definitiva, «esto es correcto porque siempre se ha hecho de esta manera». Este argumento hace dos suposiciones:
  1. que la antigua manera de pensar fue probada como correcta cuando se introdujo (lo cual puede ser falso, ya que la tradición puede estar basada en fundamentos incorrectos);
  2. las razones que probaron este argumento en el pasado son actualmente vigentes para hoy. Si las circunstancias han cambiado esto puede ser falso. Por otro lado, esta falacia también asume que mantener el statu quó es preferible o deseable ante la posibilidad de un cambio, lo cual puede ser también incorrecto. Ejemplo: «En Navidad siempre hemos traído a casa árboles arrancados del bosque, ¿por qué ahora tendremos que comprar uno de plástico?»
Falacia de las muchas preguntas o pregunta compleja o plurium interrogationum (‘de muchas preguntas’ en latín): es una falacia formal que es realizada cuando alguien hace una pregunta que presupone algo que todavía no ha sido probado o aceptado por todas las personas envueltas. Esta falacia es con frecuencia usada retóricamente para dar a entender la presunción o conocimiento de la respuesta a la pregunta por parte del que la realiza. Ejemplo: «¿Sigues saliendo a comer con tu mujer?». La respuesta tanto afirmativa como negativa admitiría que la persona tiene mujer y que al menos antes salía a comer con ella. Estos hechos son presupuestos por la pregunta. Se trata de una falacia porque se asume la verdad o se presuponen algunos hechos a la hora de hacer la pregunta compleja. Esto no quiere decir que no sean ciertos pero si que no deben creerse, por los demás oyentes, como ciertos hasta no recibir la respuesta. Para evitar estas asunciones lo mejor es no responder la pregunta ya que no se dará ninguna información extra. Para evitar hacerlo se puede responder con otra pregunta que apunte al porqué de las asunciones o denotar o mostrar que la pregunta está envenenada y ha presupuesto algunos hechos. Si no es posible evitar responder entonces la respuesta debe ser completa y negar las presunciones.

Falacia de acentuación: Se trata de una de las falacias lingüísticas reconocidas por Aristóteles y que era usada por el Oráculo de Delfos. La falacia se construye al realizar una proposición que contiene una parte afirmando o concordando con un tema y otra parte con una objeción o condición. En función de dónde se aplique la fuerza de acentuación se denotará más o menos importancia en un sentido u otro. De esta manera se puede crear una ambigüedad en el sentido de la interpretación. Este tipo de engaño o falacia así como las verdades a medias se da con mucha frecuencia en política ya que permite al político retractarse de lo dicho si las cosas salen mal. Ejemplo: Un periodista le pregunta a un miembro del congreso acerca de si éste está de acuerdo con el nuevo sistema de misiles del presidente; el congresista responde: «Estoy a favor de un sistema de defensa de misiles que efectivamente defienda a nuestro país». Si le da énfasis a la palabra favor estará de acuerdo con el presidente, pero si da énfasis a las palabras que efectivamente defienda significará que no se está de acuerdo con el sistema de misiles del presidente. Ejemplo: «Me gustas mucho, cuando estás de buen humor» o «estoy de acuerdo con un sistema de votación que sea justo y claro».
Anfibología: es un tipo de falacia del lenguaje que se da cuando se emplean frases o palabras con más de una interpretación, o cuyo significado puede cambiar en función de si se insertan comas o pausas. También fueron usadas por el Oráculo de Delfos. Ejemplo: «Persas, quedaos en vuestra casa». Tiene dos interpretaciones: «Persas, quedaos en Persia» o «¡Persas! Griegos, quedaos en Grecia». Ejemplo: «Si luchas con puntas de plata, un gran reino será vencido». Pero, ¿qué reino será vencido, el enemigo o el propio?

Falacia de eludir la carga de prueba: consiste en asumir que algo es verdad o mentira mediante el simple hecho de no aportar razones que fundamenten la conclusión (silencio), en negarse o en pretender que las aporte el oponente. La expresión carga de la prueba procede del campo jurídico y se expresa en el brocardo: probat qüi dicit non qüi negat (‘debes probar lo que dices, no lo que niegas’), es decir que quien sostiene algo debe probarlo más allá de toda duda razonable. Expresión máxima de esta falacia es la sordera mental de quien se niega a razonar. Como decía fray Luis de León: «Dice y no da razón de lo que dice». Ejemplo: «Sobre la cuestión del divorcio no quiero ni oír hablar. Como te he dicho, creo que el vínculo del matrimonio es indivisible y punto» o «no escuches lo que dice, es todo manipulación informativa». (Para saber si es manipulación se deben escuchar los argumentos de ambas partes y comprobar si son ciertos. Para sostener una afirmación o para disponer más carga en un sentido o en otro es necesario disponer de la información o presentar pruebas de ello, por tanto, nunca se debe eludir la carga de prueba.

Falacia de la verdad a medias: las verdades a medias son frases engañosas y falsas, que incluyen algún elemento de verdad. Las frases pueden ser parcialmente verdad, la frase pueden ser incluso verdad pero no toda la verdad del conjunto lo que produce un engaño provocado por omisión. Pueden incluir algunos elementos engañosos como signos de puntuación, especialmente si se intenta engañar, evadir la culpa o malinterpretar la verdad. El propósito de las medias verdades o verdades a medias es hacer parecer algo que solo es una creencia como un conocimiento o verdad absoluta. De acuerdo con la teoría de conocimiento de creencia de verdad justificada o teoría de la justificación, para saber si una determinada proposición es verdadera, uno debe no solo creer en la verdadera e importante proposición sino también debe tener una buena razón o argumentos para hacerlo. Una verdad a medias embauca al receptor presentando algo que es creíble y usando esos aspectos de la idea que pueden ser demostrados verdaderos como buena razón para creer que la idea o declaración entera es verdadera. Una persona engañada por una verdad a medias podrá considerar la proposición o declaración como una verdad absoluta y actuar en consecuencia.
En política, las verdades a medias son una parte integral de las democracias representativas o parlamentarias. La reputación de un candidato político podrá ser irremediablemente dañada si él o ella es expuesto como mentiroso, así un complejo estilo de lenguaje ha evolucionado para minimizar las probabilidades de que ocurra esto. Si alguien no ha dicho algo, entonces ellos no podrán acusarlo de mentir. En consecuencia los políticos se han convertido en un conjunto en el que las medias verdades abundan y son esperadas, dañando la credibilidad del conjunto.
  • Ejemplo: «El sol se pone por el oeste». Esta es una verdad a medias porque aunque en la mayor parte del mundo esto es así no ocurre en los polos en los que durante unos meses el sol ni siquiera llega a ponerse. De hecho, el Sol ni siquiera se pone, porque no es el que se mueve sino que es el movimiento rotatorio de la Tierra el que produce este efecto. Por eso, si se tratara como una verdad absoluta digamos para navegación podría ocurrir un desastre.
Falso dilema o falsa dicotomía o falsa bifurcación: implica una situación en la cual solo dos puntos de vista son sopesados como las únicas opciones, cuando, en realidad, existen una o más opciones que no han sido consideradas. Las dos alternativas presentadas suelen ser, aunque no siempre, los puntos extremos del espectro de ideas. En lugar de esta extrema simplificación y pensamiento deseado, sería más apropiado considerar todo el espectro de opciones como en la lógica difusa.
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OTRAS FALACIAS



Falacia del punto medio o falacia del compromiso o falacia de la moderación: se genera al asumir que la conclusión más valida o certera es la que se encuentra siempre como compromiso entre dos puntos de vista extremos. La falacia se produce porque la verdad o certeza de idoneidad se basa no en los argumentos sino en premisas subjetivas (se subjetiviza la verdad o mentira de un hecho) de qué es lo que se ha considerado como extremo y qué se considere como punto medio y que se considere que éste es siempre cierto. Es posible que lo considerado como extremo es en realidad el hecho cierto. Esta falacia viene del hecho de que con frecuencia una posición intermedia o moderada suele ser correcta.

Ejemplo: «Algunas personas creen que Dios es poderoso y que todo lo sabe. Otras creen que Dios no existe. Parece ser razonable aceptar un término medio. Es decir, probablemente Dios exista pero no es siempre el más poderoso, el total omnisciente, ni el más bueno» o «La Tierra está hecha principalmente de roca, y Júpiter de gases, así que Marte debe estar hecho de agua» o «Quiero vender un ordenador por 500 €, pero en eBay me ofrecen 1 €, así que deberé venderlo por 250 €» o «Las mujeres en Occidente no están obligadas a llevar burka, en cambio las mujeres en Oriente están obligadas a llevar el burka, por tanto, las mujeres de todo el mundo se las debería obligar a llevar pañuelo». Esta conclusión es falaz.
Recurso de probabilidad o apelar a la probabilidad: es una falacia lógica que asume que porque algo es posible o probable, es inevitable que pase. Esta falacia es usada para provocar y promover la paranoia.
  • Ejemplo: «hay muchos hackers que usan Internet. Por consiguiente, si usas internet sin un cortafuegos es inevitable que tarde o temprano seas intervenido». La idea lógica que hay detrás de esta falacia es que ya que la probabilidad es muy alta es mejor actuar como si esta fuera verdad. El hecho de que algo sea probable de ocurrir no es un argumento para atestiguar o verificar que ha pasado.

Dos errores hacen un acierto: Es una falacia lógica que ocurre cuando se asume que si un error es cometido, otro error podrá cancelarlo. La falsedad o equivocación en un comentario o acción no hace más necesario, loable o racionalmente prudencial realizar otro acto equivocado en represalia. Este tipo de falacia se reproduce en la ley de talión o en el ojo por ojo. Es debida a varios sesgos como sesgo de simetría, fenómeno del mundo justo. El problema no reside en saber qué se considera error o si se considera un error y un acierto la represalia. La falacia no está en la definición de las dos acciones iniciales sino en considerar que el resultado está definitivamente, por cancelación, ligado a un acierto o a un error. La idea de que un error es cancelado por otro viene de la semejanza o ilusión de serie que existe con las leyes físicas donde una fuerza en una dirección genera otra fuerza simétrica, de igual magnitud, pero en dirección opuesta. Sin embargo, la ley no se pronuncia sobre el acierto de la fuerza en un sentido y del otro, es decir, no se pronuncia sobre la idoneidad o finalidad de este comportamiento. Es decir, en física esto no se puede cambiar pero en los comportamientos sí y si una reacción diferente conduce a una mejor consecución de acontecimientos, esta debería tomarse. De esta manera muchos pueden encontrar argumentos para justificar que en defensa propia uno puede responder con violencia a la violencia pero no podrán ligar un resultado positivo debido solo a una cancelación de efectos. Es más, en la guerra fría, la amenaza nuclear en represalia a otra amenaza nuclear fue usada y aunque evitó la guerra creó una escalada armamentística. Es decir, ligar el resultado a un acierto debe hacerse con otros argumentos más que la pura cancelación de dos efectos nocivos. De otra manera, se pueden entrar en ciclos de violencia, acumulación de armas, escalada de desconfianza, y otros errores en incremento, cuando la otra parte usa la misma lógica.
  • Ejemplo: “llamé a mi jefe y le llamé idiota. Puedo volver a llamar y llamarle idiota pero diciendo que soy Susana». Aunque el segundo hecho perjudicial puede aparentemente cancelar mi primer error no se puede asumir un acierto y salir sin problemas del atolladero. Se podría hacer lo correcto y disculparse y quizás el resultado hubiera sido también acertado. La cuestión es que tanto lo uno como lo otro no liga a un resultado si no hay argumentos que lo apoyen como la personalidad de tu jefe, confianza con él y otros argumentos.
Falacia del costo irrecuperable o falacia de la concordia: esta falacia se produce cuando alguien realiza una inversión que parece ser no rentable y razona de la siguiente manera: «No puedo parar ahora, de otra manera lo que he invertido hasta el momento se perderá». Esto es verdad, por supuesto, pero irrelevante para la decisión de si uno debe continuar invirtiendo en el proyecto. Es decir, los argumentos para seguir invirtiendo en el proyecto no se deben basar en el miedo a la pérdida de lo invertido sino en las expectativas de funcionamiento del proyecto ambas cosas totalmente independientes. Si no hay esperanza de ningún éxito para la inversión, entonces, el hecho de que uno haya ya metido un montón de dinero y esfuerzo no justifica tener que seguir perdiéndolo para no afrontar el error inicial. Esto se da en las personas que no saben o pueden claudicar, por el prejuicio existente de que si se pone toda la energía en algo serán capaces de vencerlo. Sin embargo, siempre puede haber un factor desconocido o variable desconocida que podría llevarles al fracaso indefinidamente o irremediablemente.
Esta falacia se constata en que estas personas creen ser capaces siempre de aprender o hallar este factor cuando la operación lógica sería parar y una vez aprendido comenzar. Continuar invirtiendo en un proyecto que no funciona no depende de lo invertido sino de la esperanza o estimación de éxito justificada o de la importancia del mismo para otros factores independientemente de los resultados a corto plazo.
  • Ejemplo: «todos sabemos que vamos a morir». Luchar por la supervivencia tiene sentido aunque inevitablemente se fracase. La supervivencia es importante para otros objetivos secundarios como la reproducción, la superación, aprendizaje y otros valores que subjetivamente consideremos secundarios y que no tengan que ver necesariamente con la propia supervivencia pero que dependan directamente de ésta.
  • Ejemplo: supongamos que una relación no funciona y que es evidente que dicha relación es considerada temporal. La inversión en esta relación podría estar justificada por los objetivos o beneficios secundarios que pueda generar. El límite o punto en el que es considerado necesario abandonar puede estar para algunos en el momento en el que se debe poner más energía de la necesaria para obtener los beneficios por otros cauces. O en una situación optimista cuando los beneficios laterales disminuyan a partir de cierta barrera considerada mínima para el proyecto. La cuestión es que muchos caen en la falacia y persisten en una relación o proyecto incluso cuando no reporta beneficios laterales o secundarios por el simple hecho o razón de que ya han invertido toda su vida o todos sus fondos en él y ésta fuera una razón lógica para seguir haciéndolo.
Argumento del precio o recurrir al dinero: la falacia del argumento del precio se produce cuando se supone que si algo cuesta una gran cantidad de dinero, entonces debe ser mejor. También se da si se supone que si alguien tiene una gran cantidad de dinero entonces será también una mejor persona en alguna otra faceta. Véase efecto halo y argumentum ad crumenaem. Ejemplo: «Puede ser que este producto tenga mejores características, pero este otro es más caro y elitista, así que debe ser mejor» o «el vino de la cosecha del 45 es increíble, cada botella cuesta 3000 euros; ¡no lo puedes ni comparar con el ganador de este año!».

Pensamiento de grupo: una persona comete la falacia de pensamiento de grupo o de pensamiento gremial si la persona usa su orgullo de miembro o de pertenecer a un grupo como razón para apoyar la política del grupo. Si lo que el grupo piensa es esto, entonces eso es suficientemente bueno para mi y es lo que debería pensar también yo. El patriotismo o en sentimiento nacionalista es una versión fuerte de esta falacia. Ejemplo: «soy de EE. UU., así que todo lo que haga mi país en Iraq es bueno, porque EE. UU. es un país libre y avanzado» o «debemos apoyar al gobierno en esta medida porque él siempre hace lo mejor para sus ciudadanos» o «que todo el mundo sepa que lo que hacemos es lo mejor porque pertenecemos a la mejor cadena de restaurantes»«Soy mujer, así que todo lo que digan las feministas es bueno, y todo lo que digan los hombres es malo».

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REGLAS PARA UNA ARGUMENTACIÓN IDEAL


Según Lo Cascio, Van Eemeren y Grootendorst postulan una tipología de las falacias, presentándolas como infracciones a ciertas reglas en las que debe basarse toda buena argumentación. Según estos autores, es importante considerar estas prescripciones de comportamiento argumentativo correcto para así poder valorar la estructura y validez de los argumentos.
Las diez reglas consideradas por estos autores son las siguientes:
  1. Las partes involucradas en la disputa no deben crearse impedimentos recíprocamente.
  2. Una persona que expresa una opinión debe estar dispuesta a defenderla si se lo piden.
  3. Un ataque a una argumentación debe centrarse en la tesis que ha anunciado el protagonista, sin desviar el discurso, sin presentar la tesis de forma diferente y sin actuar de forma que se le atribuya al antagonista una tesis diferente de la que sostiene.
  4. Una tesis debe defenderse solo con argumentos relacionados con ella y que no tengan imbricaciones con otra.
  5. Una persona debe aceptar las consecuencias y la existencia de las premisas que deja implícitas y, en consecuencia, debe aceptar que se le ataque en terreno de éstas.
  6. Una tesis puede considerarse defendida de forma adecuada si se basa en argumentos pertenecientes a un punto de partida común.
  7. Una tesis puede considerarse defendida de forma adecuada si la defensa se desarrolla con el uso de argumentos que reflejan y respetan la praxis y el esquema argumentativo comúnmente aceptados.
  8. Los argumentos usados en una discusión deben ser o haberse vuelto válidos, haciendo explícitas algunas de las premisas que quedaban implícitas.
  9. Una defensa perdedora debe tener como consecuencia que el sujeto argumentante acepte cambiar su posición, mientras que una defensa vencedora debe tener por consecuencia que el antagonista cambie su posición y retire sus dudas sobre la tesis defendida por el sujeto argumentante.
  10. La formulación de la tesis, de las posiciones recíprocas y de los argumentos debe ser lo más clara y comprensible posible.

Descarga de la guia en pdf aqui.

fuente y mas ejemplos: helredondelito.es/las-falacias-y-sus-diferentes-tipos
www.falacias.org/falacias


domingo, 29 de diciembre de 2019

Autoengaño, Logorrea y Pseudociencia



La pseudociencia constituye una forma de fraude intelectual consistente en ideas ajenas a la ciencia que, en un intento de aumentar su prestigio y aceptación social, se impostan como científicas.

El criterio de demarcación de Sven Ove Hansson (2009; 2013)  establece que un enunciado es pseudocientífico si y solo si:

1. Se refiere a un problema dentro del dominio de la ciencia en un sentido amplio
(criterio de dominio científico).
2. Adolece de una grave falta de fiabilidad, tal que no resulta en absoluto ser de confianza (criterio de la falta de fiabilidad).
3. Es parte de una doctrina para la que sus defensores tratan de crear la impresión de que representa el conocimiento más confiable de su temática (criterio de la doctrina desviada) (Hansson 2013, 71-72).


Los ejemplos que cumplen estas condiciones son numerosos, y se instalan en campos como la biología —lysenkoísmo, Diseño Inteligente—, la medicina —homeopatía, quiropraxia, terapia neural—, la psicología —(psicoanálisis), hipnosis regresiva, programación neurolingüística—, los productos milagro —cremas con ADN, la dieta del grupo sanguíneo—, o la historia —negacionismo del Holocausto, (astronautas de la antigüedad).

(Entre parentesis: No cumplen las condiciones para ser llamadas ciencia, pero eso no quiere decir que no tengan una hipotesis basadas en hechos y lógica)


El estudio de la pseudociencia tiene grandes problemas de cribado y carece de una escala propia que resulte adecuada. Lundstrôm y Jakobsson (2009) incluyen como pseudociencia la telepatía, la telequinesis, la influencia de las fases lunares en nuestra conducta o el uso de péndulos para decidir el sexo de los bebés.

Hay casos de marcos teóricos aún más carentes de solidez, como (Franz y Green 2013), en el que el 100% de los contenidos de las escalas empleadas son propios de pensamiento paranormal o espiritual. O como (Johnson y Pigliucci 2004), que incluyen en su escala de creencias pseudocientíficas, dejando de lado la astrología, un 80% de ítems que hacen referencia al pensamiento paranormal o conspirativo —alienígenas en el área 51, la supuesta capacidad de los animales para detectar fantasmas, el vudú o creer que romper un espejo da mala suerte.

La capacidad del ser humano para la de detección inmediata de engaños es tan baja que se acerca al azar (Bond y DePaulo 2006), con una pequeña fracción de aciertos por encima de lo aleatorio que se debe más a malos engañadores que a buenos detectores (Levine 2010) —a lo que hay que sumar fenómenos como, por ejemplo, las falsas memorias (Roediger y McDermott 1995; Braun, Ellis y Loftus 2002).

El principal problema es que las personas tienden a fijarse en el lenguaje corporal, en el nerviosismo (The Global Deception Research Team 2006) o en la actitud general de la persona, de un modo bastante prejuicioso y estereotipado (Levine et al. 2011), cuando esta clase de indicadores son poco fiables. Ello lleva a que ciertas personas sean consideradas sospechosas habituales de mentir siendo inocentes y a otras que, mintiendo pero controlando estos indicadores intuitivos, son capaces de aparentar la más incorruptible honestidad.

Es comprensible que el ser humano no haya desarrollado mecanismos fiables para detectar engaños guiándose por indicadores visibles en el momento mismo de mentir, dado que la interacción por defecto en las relaciones humanas es la sinceridad (Levine, Kim y Hamel 2010) y, por ello, la gente suele pensar por defecto que su interlocutor está siendo sincero (Levine 2014). De hecho, se calcula que solo el 5% de la población de los EEUU es culpable del 50% de las mentiras totales del país (Serota, Levine y Boster 2010).

Esta realidad contrasta con los beneficios sociales y personales del autoengaño, dado que las personas con niveles poco realistas de confianza en sí mismas tienen mayor atractivo sexual (Murphy et al. 2015) —esos niveles correlacionan con niveles altos de testosterona (Ronay 2016)— y éxito social (Anderson 2012). El autoengaño suele ser una herramienta muy útil para convencer a los demás (von Hippel y Trivers 2011), dado que hace sentir bien a esa persona, genera motivación en ella y proyecta una imagen de liderazgo y seguridad que la convierte en más eficaz engañando a los demás (Lamba y Nityananda 2014; Smith, Trivers y von Hippel. 2017).

Las personas, de hecho, suelen mentir únicamente hasta un nivel en el que puedan ser capaces de salvar su propia autoimagen de integridad, racionalizando para ello sus conductas inmorales (Tsang 2002). En este sentido, neutralizar la identidad moral es algo clave para la supervivencia de una pseudociencia, lo cual viene mediado, entre otras cosas, por la supresión de la atención en los códigos deontológicos de la educación o de las profesiones sanitarias, o por una actitud victimista y conspirativa en la que la industria y el sistema serían la fuente de un sufrimiento mucho mayor.
El pseudocientífico se ve a sí mismo como un luchador social, y tiene a mano una gran cantidad de herramientas, bajo la forma de sistemas de ideas autovalidantes (Boudry y Braeckman 2012) o de hipótesis ad-hoc, que permiten racionalizar y aumentar sus niveles de disonancia cognitiva, convirtiendo sistemáticamente las críticas y refutaciones en confirmaciones respecto a sus ideas y a su autoimagen. El problema de esta autoconcepción de luchador social es que motiva para engañar más a los demás, al creer que está haciendo el bien con ello (Gino, Ayal y Ariely 2013).

Las personas creativas mienten con más frecuencia (Gino y Ariely 2011). No tanto las más inteligentes —definiendo la inteligencia como la habilidad general para resolver problemas—, sino los denominados «pensadores originales»; aquellos pensadores con mayor capacidad para inventar relatos, con más flexibilidad social e incluso con más materia blanca —mayor interconexión entre áreas cerebrales.

Por último, es posible interpretar que la correlación con la religiosidad responde a
un mal diseño de la escala empleada para medir las creencias pseudocientíficas; una escala ah-hoc (Que es apropiado, adecuado o especialmente dispuesto para un determinado fin) que incluía entre sus ítems de forma recurrente al Diseño Inteligente, una pseudociencia estrechamente relacionada con la derecha religiosa de los Estados Unidos.

En psicología está fuertemente contrastado el modelo dual de la cognición humana, en el que existen dos sistemas de procesamiento de la información que funcionan en paralelo y que suponen subsistemas diferenciados a nivel cerebral (Tsujii y Watanabe 2009): el sistema intuitivo y el analítico (Epstein et al. 1996). El sistema intuitivo es rápido e inherentemente sesgado, permitiéndonos tomar decisiones inmediatas y poco razonadas, mientras que el analítico es lento, costoso y basado en el pensamiento crítico.

La mayor parte de la población, debido al tipo de educación que recibe y a las limitaciones intrínsecas que la especialización científica impone, únicamente es capaz de valorar la ciencia en relación a las características del interlocutor y a su apariencia estereotipada de cientificidad. Esto ha llevado a una comprensión muy deficiente de la naturaleza de la ciencia (Sumranwanich y Yuenyong 2014), incluso entre profesores de ciencia (Alswelmyeen y Al olimmat 2013), sesgos que pueden verse aún más agudizados en el caso de la atribución de autoridad vía internet (Metzger y Flanagin 2013).



Alvin Goldman localiza tres fuentes de valoración informal de la autoridad (Goldman 2001). En primer lugar, el análisis de los argumentos desde un punto de vista de la «superioridad dialéctica». En segundo, el apoyo en los expertos y por último, el valor de los credenciales del supuesto experto. El impacto psicológico, a nivel social, de las ideas de alguien que emane autoridad en el sentido de prestigio, de apoyo social, de supuesta falta de intereses ocultos e incluso de una valencia positiva en el nivel emocional y moral respecto a sus ideas es mucho mayor que el impacto de aquel que pretende legitimarse con base en un discurso seco, basado en estudios que pueden resultar incomprensibles y que, además, ofrecen al lego la a veces desagradable sensación de ignorancia y de falta de cierre epistémico (fundamento o conocimiento exacto).



La logorrea se podría definir como una tendencia a la verborrea desaforada y sin sentido. Consiste en hablar más, independientemente del sentido o la validez que pueda tener lo dicho. La logorrea es típica de la charlatanería, incluyendo a la pseudociencia (Ladyman 2013), y ha sido durante largo tiempo un gran problema para la filosofía, especialmente dentro de las corrientes posmodernas (Sokal y Bricmont 1999). Un orador logorréico es aquel que, en aras de continuar hablando, apela a falacias de oscuridad constantes (Walton 2002), en un estilo expresivo que supone un torrente de supuesta información semialeatoria que, además de confundir al rival y al oyente, y dadas las condiciones habituales de valoración de la capacidad retórica, hace parecer brillante al hablante cuando su discurso no tiene ni pies ni cabeza.

El psicoanálisis hizo lo propio con la termodinámica, durante la New Age fue lo cuántico y lo psico (Rosen 1977), durante cierto tiempo lo bio estuvo de moda, y ahora encontramos una gran cantidad de neuropseudociencia heredada en parte de la New Age (Beyerstein 1990).



Las personas tienden a mostrar un mayor respeto por las ideas que son apoyadas por una mayoría —un fenómeno habitualmente denominado «efecto bandwagon»—, incluso hasta el nivel de sostener ideas que resultan claramente contraintuitivas o ya refutadas (Bond y Smith 1996). Este tipo de comportamiento responde a las tendencias gregarias prosociales (Baumeister y Leary 1995) y conformistas del ser humano, inhibiendo sus acertadas primeras impresiones, aunque la estrategia adaptativa sea válida en términos de su contexto evolutivo.

Acerca de las publicaciones en revistas exigentes, hay tres estrategias habituales. La primera de ellas consiste en crear revistas carentes de controles rigurosos o directamente carentes de control alguno, con nombres grandilocuentes como el NLP Research Journal, el Interdisciplinary Journal of the International Society of Cryptozoology, o el Journal of Psychiatric Orgone Therapy, entre otros cientos de casos. Una segunda opción consiste en conseguir, por un fallo en los procesos de control de las revistas, publicar un artículo pseudocientífico en una publicación científica. Estos casos son abundantes, con algunos muy sonados como el artículo en The Lancet que relacionaba la vacuna triple vírica con el autismo.

Los grupos sociales humanos tienen determinadas dinámicas inherentes, como la jerarquización o el sentimiento de pertenencia. Los pseudocientíficos son un grupo humano que ha ido generando un cierto sentimiento de pertenencia, aunque puedan competir entre ellos. En este sentido, se establecen dos tipos diferenciados de pertenencia. En primer lugar, pertenencia al grupo que defiende una teoría específica, por ejemplo, terapeutas/consumidores de rebirthing, negacionistas de las vacunas o adeptos a la antroposofía -que relaciona la divinidad con la sabiduria humana-. Los defensores de la tierra plana suelen tener serios problemas con los defensores de la tierra hueca, la Gestalt con el psicoanálisis, los homeópatas licenciados en medicina con los que no, etc.

Lo que caracteriza el sentimiento de pertenencia a las diversas pseudociencias es, además de un posible negocio y la relación ambivalente con la ciencia, el victimismo y el sentimiento de estar un peldaño por encima de la ciencia «oficial» en un sentido moral y, en ocasiones, epistemológico. Ellos serían la buena ciencia, mientras que sus rivales dentro del sistema serían mala ciencia o, como mucho, ciencia mediocre. Por efecto del sesgo endogrupal y del narcisismo colectivo, los grupos tienden a percibirse como moralmente superiores a sus rivales. De este modo, los pseudocientíficos se caracterizarían por una mayor altura ética que los científicos, incluso en relación a cuestiones ecológicas o políticas.

Por ejemplo, considerando que su punto de vista es más «holístico», más abarcante, o que ellos comprenden las verdaderas causas de los problemas en lugar de atender a cuestiones superficiales. Existen casos sorprendentes por el nivel de exaltación de la autoconcepción de superioridad respecto a la ciencia, algo especialmente presente cuando se dan arengas nacionalistas dentro de la teoría pseudocientífica, como, por ejemplo, en cierta pseudociencia hinduista (Sokal 2006) que considera que la mecánica cuántica no solo fue ya descrita por los antiguos vedas, sino que fue superada por estos.


La pseudociencia, como también la politica y actividades implicadas en el negocio,  es una práctica llevada a cabo mayoritariamente por personas con un nivel educativo alto, de estatus socioeconómico medio-alto o alto (MSPSI 2011) y de pertenencia a etnias favorecidas por el sistema social (Chao y Wade 2008) —el mismo sistema social que suele ser ampliamente criticado en el discurso habitual de los pseudocientíficos. Es posible que esto se deba, además de al mayor respeto que una persona con un nivel educativo alto podría presentar hacia la ciencia, al mayor nivel de rebeldía anti-sistema que suelen presentar los grupos sociales que sienten menos dependencia respecto al mismo. En efecto, está ampliamente documentado que los grupos sociales más desfavorecidos son aquellos que justifican el sistema con mayor vehemencia (Jost et al. 2003; van der Toorn et al. 2015), incluso
en situaciones de pobreza extrema (Henry y Saul 2006). Este hecho, sumado a la preferencia social de la que gozan las figuras de autoridad y los grupos sociales pertenecientes a clases altas (Jost, Pelham y Carvallo 2002), genera que la pseudociencia, asi como otros artificios y engaños,  sea aún más atractivos para el grueso de la población.


Articulo escrito con contenido del departamento de Lógica, Historia y Filosofía de la Ciencia de la UNED grado de Filosofia.

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Basado en el texto "Los parásitos de la ciencia. Una caracterización psicocognitiva del engaño pseudocientífico" de ANGELO FASCE, doctorando en Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universitat de València. Su campo de investigación es el criterio de demarcación y la pseudociencia como fenómeno psicológico. Es, además, un activo divulgador de la ciencia y de su filosofía.