miércoles, 11 de febrero de 2026

El filósofo (otro más) que denuncia el sistema y recibe premios del mismo

 


Byung-Chul Han, filósofo surcoreano afincado en Alemania desde hace décadas, acaba de ser distinguido con uno de los galardones más prestigiosos del ámbito cultural. Filosofía, tecnología y sociedad se hallan en el epicentro de su reflexión. Es imposible no aludir a él en esta web.

Sin embargo, es irónico que el profeta de la fatiga contemporánea, enemigo declarado del neoliberalismo digital, sin excesivas originalidades más allá de la curaduría conceptual y aforística, sea ahora celebrado en buena medida por el mismo sistema que lleva años denunciando, después de haberse convertido en un bestseller de libros filosóficos de bolsillo.

Han ha sabido sin duda seducir con un diagnóstico contundente a millones de lectores que se han visto atrapados por sus frases breves, aforísticas, casi litúrgicas. Dicen que es el filósofo más leído en el siglo XXI. Como un predicador reaccionario, Han ha popularizado cierta reflexión filosófica en torno a realidades de nuestro tiempo como la transparencia digital y la hipercomunicación que actúan como nuevas formas de control: ya no obedecemos al poder, lo interiorizamos hasta autoexplotarnos; ya no nos vigilan, nos exhibimos hasta la obscenidad transparente. Pero mientras su fama ha crecido, también lo ha hecho el ruido de las sospechas: demasiados libros breves, demasiadas frases redondas, demasiado pesimismo rentable.

¿Es Han un pensador de fondo o un estilista del malestar? Sus críticos lo acusan de simplificar y repetirse sin reconocer padrinazgos, de elevar intuiciones ingeniosas al rango de sistema. Otros lo defienden como un espejo necesario, alguien capaz de poner palabras asequibles y diseccionar la ansiedad disfrazada de libertad, el ruido que se pretende comunicación. Todo transido en un relato que tiene musicalidad. Tal vez el premio, más que consagrarlo, subraya la ironía que él mismo anticipó: el sistema celebra a quien lo diagnostica amargamente, para enriquecer su oferta con una alternativa discursiva bastante inefectiva en la práctica, dentro del ruido de este enjambre digital.

En sus obras, las circunvalaciones conceptuales de tipo fractal se repiten sin un patrón evidente en torno a la sociedad digital. Es un pensamiento en espiral, arborescente, dentro de un constante tono distópico y crítico. Deudor en gran medida de múltiples autores a los que no suele dar suficiente crédito, sus análisis advierten con acierto sobre prácticas deshumanizadoras cada vez más sutiles, disfrazadas de libertad y conexión. Pero arremete con simplezas contra el orden neoliberal sin más propuesta que cierto eremitismo ludita. Y, sin embargo, su propio discurso incurre en la paradoja que señala: un tono apocalíptico que, convertido en mercancía editorial, se alimenta del mismo sistema que fustiga y al que no plantea reforma posible. Cinco ideas-fuerza, como centros de gravedad, vertebran su pensamiento y permiten entrever no sólo el peso de su acierto sino, al mismo tiempo, sus deudas conceptuales, así como sus costuras y carencias.

La sociedad del rendimiento y la psicopolítica

Han sostiene que el poder ha mutado en silencio, desplazando sus mecanismos desde la coerción visible hacia una dinámica de autogobierno interior. Ya no reprime, motiva; ya no castiga, estimula. En la sociedad del rendimiento, el sujeto cree ser libre mientras se somete a la obligación de producirse a sí mismo, de ser productivo incluso en sus tiempos de ocio. “Tú puedes” es el nuevo “ debes”, lema que condensa la transición de la obediencia al entusiasmo gestionado. Este giro da lugar a lo que Han denomina psicopolítica: un régimen de control emocional que se ejerce desde dentro, no mediante la imposición, sino por la interiorización de la mirada ajena y la necesidad constante de reconocimiento. En este marco, el individuo se concibe como un proyecto interminable de optimización que explota sus propios recursos afectivos, cognitivos y temporales bajo la ilusión de autodeterminación. Convertido en empresario de sí mismo, su libertad se vuelve función de productividad, y el fracaso, signo moral. En esa paradoja, el sujeto contemporáneo actúa simultáneamente como agente y como objeto del poder: productor y producto, verdugo y víctima.

Esto no es nuevo, muchos filósofos cláscios y contemporaneos ya lo hemos escrito.

Sin embargo, en realidad, la genealogía de este diagnóstico arranca mucho antes. Por ejemplo, Foucault ya trazó la transición del poder soberano al poder disciplinario, y más tarde al biopoder, es decir, al control de la vida mediante la normalización. Su noción de “tecnologías del yo” anticipa el núcleo de la psicopolítica haniana: la internalización del mando. También Deleuze desarrolló la idea de las sociedades de control, donde los individuos ya no están encerrados en instituciones sino modulados por flujos continuos, precursores directos del rendimiento perpetuo. Y, evidentemente, la crítica al trabajo como forma de alienación procede de Marx, que muchos otros autores antes que Han ya la habían observado desde su dimensión psicológica¹. Han hereda ese linaje, pero lo simplifica, desplazando el conflicto entre estructura y deseo hacia un malestar anímico sin mediaciones materiales. Han explota, paradójicamente, la idea de la autoexplotación emocional y en el fondo late Nietzsche, y su inversión valorativa que transforma la fuerza en culpa y el poder en servidumbre voluntaria.

La lectura que hace Han de la autoexplotación contemporánea es brillante en su intuición, y conecta con el chirriante discurso del emprendimiento ultraproductivo, de las startups imposibles (muchas veces subsidiadas), de los emprendedores pauperizados y los criptobros obsesionados con madrugar y con los burpees. También conecta con esa sociedad exhausta que no es capaz de desconectar digitalmente de sus trabajos, y que implora por que lleguen los fines de semana tanto como acaba derrumbada tras un ritmo de ocio agotador. Pero la enmienda a la totalidad es muy plana en su estructura. Reduce el fenómeno del trabajo y del poder a una categoría psicológica, obviando su dimensión económica, política y tecnológica. El capitalismo no sobrevive porque nos convence emocionalmente, sino porque está inscrito en instituciones, mercados y arquitecturas materiales que Han apenas menciona. Y porque ha resultado ser, de facto, la forma menos imperfecta de sacarnos de la trampa maltusiana de la pobreza crónica de nuestra historia. La autonomía del individuo como proyecto tiene ingentes bondades en la dilatada tradición filosófica² que Han parece despreciar. Frente a los matices y el rigor conceptual, plantea un discurso cargado de metáforas estéticas para aprovechar lo que él mismo sabe que el sistema cultiva en extremo: el emotivismo. Y como lo que hallamos inmediatamente son nuestros estados de ánimo, sin mirar más allá, Han deslumbra a millares, con un relato en el que el malestar aparece descontextualizado, flotando en un vacío ético donde el sujeto es víctima, pero nunca agente.

La transparencia y la no-coincidencia del yo

La hipercomunicación digital y la sobreexposición en redes sociales que vulnera el espacio sagrado de la intimidad, para Han, han vaciado al sujeto de interioridad y la han sustituido por una vigilancia consentida. El yo se disuelve en sus propios reflejos digitales: perfiles, métricas, apariencias. En esta lógica, Han reformula una versión digital del panóptico de Bentham³, donde la vigilancia constante, incluso sin un vigilante presente, basta para moldear la conducta. En la sociedad de la transparencia, esa mirada se interioriza: ya no hay torre central, sino millones de sujetos que se observan y comparan a sí mismos en un régimen de visibilidad mutua. La autenticidad se sustituye por exposición, y el sujeto se vuelve lo que aparenta ser. Han habla aquí de la no-coincidencia del yo, una existencia que ya no se reconoce en sí misma, sino en su representación. Cuanto más nos mostramos, menos nos habitamos.

Pero la reflexión por la visibilidad obsesiva de la modernidad tiene raíces muy profundas. Lacan ya había visto en el espejo la escena fundacional del yo alienado, siempre dependiente de una imagen que no coincide con el sujeto. Heidegger ya había advertido que el mundo moderno convierte todo en recurso disponible, y si hemos convertido la mera presencia de la naturaleza en un elemento explotable, lo mismo hemos hecho con nuestra propia presencia, con nuestra imagen, olvidándonos del auténtico ser. Por no hablar de los mecanismos de control sobre los que tanto reflexionó Foucault, incluido el panóptico, que identificaba estructuras de vigilancia y coerción análogas en la escuela, la fábrica, el hospital y la misma cárcel. Y esa explotación del yo que nos fragmenta en roles e identidades diversas formó también parte de la reflexión de Simmel. Es imposible que no resuene Baudrillard con sus simulacros que crean la hiperrealidad, habida cuenta de que esa transparencia es ficticia, proyectada e impostada. Como en las publicaciones en redes en las que todo el mundo parece feliz, pleno, lleno de actividades y amistades, generando ansiedad en quienes no llegan sumándose al circo de las apariencias. Un circo contra el que ya había arremetido Kierkegaard, consciente de la imposibilidad de coincidir auténticamente con uno mismo, con el fundamento del ser propio, en una época dominada por la multitud y la mirada ajena - ya hace casi dos siglos - que conduce a la desesperación, pérdida de autenticidad en Sartre y de nuevo en Heidegger.

Han hereda estas tesis, pero sin su ironía más corrosiva y confunde la crítica ontológica con la nostalgia. En su denuncia de la transparencia, presupone un pasado en que el sujeto habría gozado de una interioridad intacta, un espacio de autenticidad no mediado, idealizando formas predigitales de mediación. Esta nostalgia no dejaría de ser algo anecdótico, si no tuviera importantes consecuencias, pues el peligro del soliloquio que deviene normativo es bien conocido: los abanderados de lo auténtico (del destino, del sentido, de lo verdadero, de lo sublime…) suelen traer propuestas iluminadas que rechazan la discrepancia. Que se repliegan en el romanticismo irracional que engendra monstruos. Lo cierto, es que esa interioridad pura nunca existió: como recordaría Derrida, el yo siempre ha sido relacional, textual, atravesado por la mirada del otro. Al absolutizar la pérdida, Han cae en un romanticismo antimoderno que idealiza el secreto y el silencio como si fuesen virtudes morales. Su crítica al yo transparente es potente como advertencia, pero pobre como análisis: no distingue entre visibilidad impuesta, visibilidad elegida o visibilidad emancipadora. Además, como en el caso anterior, resulta algo irónica esta crítica cuando, en todo su apoyo, Han echa principalmente mano de quienes han contribuido a la disolución y crítica del sujeto moderno, como sucede con Heidegger o Foucault, dando por inertes todas las versiones del proyecto ilustrado por su emancipación. La transparencia, para él, es siempre amenaza; nunca posibilidad. Y los medios tecnológicos - aunque nunca neutrales - no sirven sólo al propósito destructivo al que apunta.

La positividad y la expulsión de lo distinto

La sociedad digital anclada en el emotivismo edulcorado se manifiesta para Han en la positividad, con la que el individuo se rinde pleitesía, interpretando constantemente la realidad de forma aditiva y narcisista. El medio digital borra toda forma de negatividad, afirmando constantemente posibilidades nuevas sin negar alternativas. Así, Han se hace eco del me gusta - like - típico de tantas redes sociales para mostrar cómo el exceso de positividad —la obligación de ser feliz, productivo y entusiasta— elimina el conflicto y la negatividad, condiciones necesarias del pensamiento y la alteridad. Más allá de la inyección de dopamina que la gratificación social genera en nosotros hasta volverse adictiva, Han ve en este clima un mecanismo de exclusión más eficaz que la represión: la expulsión de lo distinto. Todo lo que desafía la armonía del sistema se margina bajo la apariencia de tolerancia. La apariencia de pura positividad niega la negatividad, hace de la enfermedad y la muerte un tabú, de la incomodidad, la incoherencia, lo errático, lo feo, lo deforme y lo que no es normativo, un espacio inhabitable. El mundo se vuelve plano, sin resistencia, anestesiado por un optimismo obligatorio.

De nuevo, Han no es especialmente original en estas ideas. Su crítica es tremendamente deudora, entre muchos otros, de la Escuela de Frankfurt, donde Adorno y Horkheimer ya denunciaron cómo la razón instrumental genera una cultura homogénea que asfixia la diferencia, normalizando e industrializando por ejemplo la expresión artística. En esa línea Marcuse subrayó la unidimensionalidad del hombre, forzada a su juicio por el capitalismo avanzado que neutraliza toda alternativa. Su crítica bebe asimismo de las fuentes metafísicas de filósofos como Heidegger o Sartre que dedicaron a la nada muchas de sus reflexiones más densas, especialmente con esa capacidad humana para introducir la nada en el ser y ejercer su libertad en la construcción de alternativas.

Sin embargo, aunque aceche al triunfalismo de la psicología positiva, estilo Mr. Wonderful, Han se convierte en Mr. Sorrowful o Mr. Awful, adoptando un tono de predicador moral lastimero que se alimenta de su propia queja. Hereda la sospecha conspiranoica de sus predecesores y la reviste de lenguaje psicológico. Identifica en el optimismo contemporáneo una violencia sistémica —y no le falta algo de razón—, pero su análisis se detiene justo antes de ofrecer una salida. La negatividad se convierte en fetiche: todo lo luminoso sería sospechoso, todo lo afirmativo, trivial. Sin dialéctica, su pensamiento cae en lo que Adorno habría llamado una “negatividad vacía”: un gesto de oposición perpetua que ya no transforma, sólo lamenta. Además, su idea de “lo distinto” es abstracta, sin carne ni rostro; carece de la densidad ética que sí alcanza, por ejemplo, Levinas. Al expulsar la positividad de su sistema, Han reproduce el mismo dualismo que denuncia. Y que además resulta incompleto, romo, porque las experiencias negativas siguen llamando a nuestra puerta y las TIC nos hacen especialmente conscientes de ellas, por ejemplo al recordarnos de forma mucho más documentada la fragilidad de la vida humana en cualquier rincón del planeta, y la caducidad de nuestra propia vida, retratada con el paso inexorable del tiempo en el registro digital. Y ¿qué hay de los matices que reconocen el poder de la tecnología para, sin ingenuidad, visibilizar y denunciar situaciones de dolor y de pobreza ocultas, que abren una ventana para la organización de los sin voz, de quienes viven al margen de los discursos oficiales, de quienes intentan organizar la disidencia ante situaciones de sufrimiento? ¿Y qué hay, por otro lado, de la negatividad que los algoritmos cultivan y aceleran? ¿qué hay del enconamiento negativo y de la discordia que, lejos de la positividad, alimentan ensordecedoramente el ruido que erosiona la confianza?

El enjambre digital y la infocracia

El sujeto contemporáneo ya no forma parte de una comunidad, sino de un enjambre digital: millones de individuos conectados, como una bandada desorganizada, que generan un ruido caótico, reactivo y fugaz. Un zumbido que desdibuja hasta nivelar todos los discursos, disipando las fuerzas de una racionalidad crítica con las estructuras de poder y de dominio. Así caracteriza Han a la sociedad digital, tejida por redes que no construyen deliberación, sino sincronía emocional. El zumbido de la multitud en la arena digital es capaz así de asimilar como entropía absorbente toda disidencia. En ese ecosistema, el poder entonces adopta la forma de infocracia: el dominio a través del flujo de datos, de la atención y del algoritmo. No hay censura, sino sobreinformación y desinformación. Este enjambre viene provocado por la revolución digital que ha dinamitado la clásica comunicación vertical propia de las jerarquías modernas por una horizontalidad postmoderna en la que Han considera que se ha producido una desmediatización, una entrega transparente de nuestras intimidades, todos con todos. Esto ha acelerado el individualismo creciente afín al consumo que incentiva el capitalismo y que nos atomiza socialmente. Han lleva años diagnosticando los efectos del medio digital que nos aleja cada vez más del otro, señalando la primacía de la soledad en el ambiente hiperconectado de nuestro tiempo, subyacente a las numerosísimas interconexiones meramente superficiales con las que apenas nos rozamos.

De nuevo, el análisis del enjambre digital —esa multitud dispersa que sustituye la acción común por la reacción instantánea— tiene raíces más hondas que las metáforas de Han. La disolución del individuo autónomo típicamente kantiano fue moneda común en aquella época de masas de los totalitarismos que Ortega predijera. Aunque Han cita levemente a Gustave Le Bon y su psicología de las masas, parece ignorar pronto las sutilezas y las densidades conceptuales volcadas sobre aquella rebelión de las masas frente a la que Sartre se rebelaría con su denuncia de la mala fe que se entrega a la heteronomía. Arendt escarbó también en aquellas profundidades de la sociedad de masas que destruye el espacio público, el lugar donde los hombres aparecen ante los otros para deliberar y actuar. Y sin apenas darles crédito, Han se va volviendo deudor de ideas ajenas que resuenan constantemente entre sus alambicados conceptos. Ideas mucho más fundamentadas y al mismo tiempo discutidas como las del politeísmo moral de Weberla condición postmoderna de Lyotard, la modernidad líquida de Bauman, el pensamiento débil de Vattimo, la sociedad del espectáculo de Debord, la sociedad de la información de Castells, etc.

El diagnóstico del enjambre es una de las metáforas más potentes de Han… y una de las más frágiles. Su visión de las redes como masas atomizadas omite la complejidad de las dinámicas digitales reales: la emergencia de comunidades deliberativas, de resistencias, de solidaridades inéditas. Han orilla sin matiz ni reflexión ulterior las consecuencias positivas de la orfandad de los grandes metarrelatos que movilizaron al hombre-masa irreflexivo, de este ocaso bienvenido de ideologías monolíticas que a tantos millones masacraron. Del relativismo capitalista neoliberal que ampara nuestra libertad de expresión. Y por supuesto, elude el contrapunto normativo que Habermas ofreció con su acción comunicativa y la posibilidad de una esfera pública racional, dándola por perdida. Además Han coquetea con ignorar que esa desmediatización digital que ciertamente ha revolucionado ciertas actividades no evita que nuevas formas de intermediación emerjan, como por ejemplo y precisamente a través de plataformas digitales y sus algoritmos. Al reducir lo digital a ruido, sustituye el análisis empírico por una alegoría moral. Y su concepto de infocracia carece del rigor político y la profundidad analítica que tuvieron sus predecesores como Arendt, Castells o Habermas: no examina la infraestructura del poder informacional, ni sus contradicciones, ni su enorme potencial en positivo para la emergencia de nuevas formas de legitimación, de mayor participación democrática, de obtención de nuevo conocimiento. Falta en Han un reconocimiento más equilibrado de las lecciones de otros episodios históricos revolucionarios como el de la imprenta y sus efectos en el medio y largo plazo. Su descripción del enjambre es tan totalizadora que resulta ciega a la pluralidad, al conflicto y a la creatividad. Además, aunque las TIC bajo un uso compulsivo amenacen con desplazar la comunicación natural más directa y nos aísle, ¿cómo ignorar las enormes ventajas que han generado al aumentar radicalmente nuestro radio comunicativo de forma antes inimaginable? ¿cómo eludir su capacidad para dinamizar economías en países en desarrollo, para facilitar el acceso al conocimiento y habilitar estrategias de leapfrogging, para hacer que fluya el intercambio cultural y comercial que es fortalecedor de la paz para unos y guerra para otros, y el crecimiento a través de la explotación? La red se convierte en un infierno sin matices, donde toda comunicación es alienación y toda visibilidad, pérdida. Han desprecia que por ellas también fluye la indignación racional, la búsqueda de espacios para el intercambio intersubjetivo de perspectivas y argumentaciones, la organización de fuerzas sociales emergentes que luchan por solidificarse. El símil que apela al zumbido y a la entropía simbólica que genera el medio digital desliza sin advertirlo que, bajo la apariencia caótica y el ruido de este movimiento de las abejas, también puede existir un conjunto organizado, jerárquico y emergente, que puede edificar un orden en busca de una nueva colmena. El propio discurso de Han no deja de ser un nuevo relato, pero que desinfla las expectativas y obvia la heterogeneidad de este enjambre. Su diagnóstico es contundente, pero escaso en matices. Negar la esperanza es ponerse ya del lado que se critica. Aunque también quepa matizar cualquier optimismo ingenuo, el pesimismo de Han parece no dejar apenas espacio más que para la resignación.

La desaparición del eros y el aroma del tiempo

Finalmente, en la aceleración constante de nuestro tiempo digital se extinguen para Han el deseo y la espera. Han lo llama la agonía del eros: la incapacidad de mirar al otro sin consumirlo. Sin pausa, no hay profundidad; sin demora, no hay vínculo. Si el consumo acelerado nos permite saltar a golpe de un clic entre pantallas, series o productos en un e-commerce, así sucede con nuestras relaciones de amistad y de amor, que apenas resisten un asalto y se diluyen en la superficie. Es preciso el renacimiento de la experiencia erótica como fundamento de toda ética y comunidad posible. Recuperar el Eros implica recuperar la capacidad de admirar, escuchar y cuidar. Y así Han lamenta en paralelo que hayamos perdido el ritmo interior que daba sentido a la existencia. Vivimos fragmentados, sin continuidad, corriendo sin dirección. Recuperar ese aroma del tiempo —olerlo, demorarse en él— es, para Han, el gesto más radical frente a la máquina del presente. Y para eso apela al retorno del ritual, de la actividad manual, del sosiego y el silencio.

No parece andar Han desalineado con el lamento por la pérdida de la pausa en un mundo cada vez más volátil, incierto y acelerado. Pero la pérdida del eros y del tiempo vivido es una queja antigua que se remonta más allá de Benjamin, que ya lamentaba la desaparición de la experiencia narrativa que suplanta las historias por estímulos. Cabe reconocer que nuestra propia percepción del tiempo sigue viéndose alterada por la tecnología. Pero es ineludible en esa reflexión citar a autores como Bergson y su durée como tiempo vivido, denso y cualitativo que no admite métrica; o sin lugar a dudas a Fromm que, distinguiendo entre ser tener y ser, entre el amor y el consumo, profundiza en el arte de amar mucho más que Han para nombrar el agotamiento de la capacidad de cuidar, esperar y entregarse. Ciertamente Han reconoce en Badiou su idea del amor como experiencia de la diferencia: amar es aceptar la otredad, nacer en el mundo desde el punto de vista del otro. Pero el amor es mucho más que una resistencia frente a la homogeneización neoliberal, y su fundamento se halla incluso más allá del eros, pues en el agapé también se abre la posibilidad generosa de una entrega como práctica de libertad interior.

El tono aquí de Han alcanza más el lirismo que la filosofía, en un tono casi pastoral y místico que apela al silencio, la lentitud y la contemplación. Pero su crítica del tiempo acelerado y del eros consumido incurre en un esencialismo que bordea el misticismo. Habla del aroma del tiempo como si el ritmo pausado fuera una virtud en sí misma, olvidando que la aceleración también ha sido fuente de emancipación y descubrimiento. Su defensa del eros remite más a una estética de la nostalgia de algo que nunca fue que a una teoría del deseo: no distingue entre el amor como vínculo ético, al que apuntara más Fromm, y el amor como experiencia existencial, propio por ejemplo de Bataille. De forma que Han sustituye la reflexión filosófica por un tono elegíaco. Y ahí radica su paradoja: cuanto más invoca la lentitud, más rápidamente se consume su pensamiento en la economía editorial del instante.


En suma, Han nos sirve menos como oráculo que como síntoma: señala con precisión quirúrgica los vértigos del presente —el enjambre, la transparencia, la positividad, el tiempo que se deshila—, pero su bisturí detiene el corte antes de la cirugía. Ahí está su utilidad y su límite. Conviene leerlo en claroscuro: agradecer la alarma que enciende y, a la vez, desconfiar del magnetismo de su pesimismo rentable; asumir que hay panópticos en red, sí, pero también fisuras, rituales que vuelven, comunidades que se inventan y eros que aprenden otras gramáticas. Si algo nos deja su premio es una tarea sobria: separar señal de ruido, devolver espesor a las palabras “libertad”, “tiempo” y “comunidad” sin nostalgia ni triunfalismo, y exigir a la crítica que no se agote en el diagnóstico sino que arriesgue diseño institucional, imaginación técnica y práctica cívica. Lo contrario sería quedarnos a vivir en el zumbido coleccionando bestsellers filosóficos en la estantería del salón.

Claves finales

Ensayista, teólogo católico y divulgador está especializado en estudios culturales y es profesor de la Universidad de las Artes de Berlín en la que dirige el programa de estudios generales. Su trabajo sigue la estela del de otros filósofos como el fallecido Roland Barthes, o sus coetáneos Giorgio Agamben y Peter Sloterdijk.

Sociedad del cansancio, la denuncia de la sumisión por agotamiento

Doctor en filosofía por la Universidad de Friburgo con una tesis sobre Martin Heidegger ha impartido clases en la Universidad de Basilea y también en Karlsruhe.

Autor de más de treinta libros, Han es un pensador superventas que ha creado el neologismo shanzhai (se podría traducir como copia pirata) en el que explora la deconstrucción en las prácticas actuales del capitalismo chino.

También ha acuñado los conceptos de sociedad de la transparencia (Transparenzgesellschaft) y sociedad del cansancio (Müdigkeitsgesellschaft), un libro traducido a una decena de idiomas y que la directora Isabella Gresser convirtió en 2015 en el documental La sociedad del cansancio: Byung-Chul Han en Seúl y Berlín.

En su discurso al recoger el premio, Han mencionaba que ya en La sociedad del cansancio trataba de cumplir la función del filósofo, amonestar a la sociedad y agitar su conciencia para que despierte. Exponia que la ilimitada libertad individual que nos propone el neoliberalismo no es más que una ilusión. Aunque hoy creamos ser más libres que nunca, la realidad es que vivimos en un régimen despótico neoliberal que explota la libertad. Ya no vivimos en una sociedad disciplinaria, donde todo se regula mediante prohibiciones y mandatos, sino en una sociedad del rendimiento, que supuestamente es libre y donde lo que cuenta, presuntamente, son las capacidades. Sin embargo, la sensación de libertad que generan esas capacidades ilimitadas es solo provisional y pronto se convierte en una opresión, que, de hecho, es más coercitiva que el imperativo del deber. Uno se imagina que es libre, pero, en realidad, lo que hace es explotarse a sí mismo voluntariamente y con entusiasmo, hasta colapsar. Ese colapso se llama burnout. Somos como aquel esclavo que le arrebata el látigo a su amo y se azota a sí mismo, creyendo que así se libera. Eso es un espejismo de libertad. La autoexplotación es mucho más eficaz que ser explotado por otros, porque suscita esa engañosa sensación de libertad.

También he señalado en varias ocasiones los riesgos de la digitalización. No es que esté en contra de los smartphones ni de la digitalización. Tampoco soy un pesimista cultural. El teléfono inteligente puede ser una herramienta utilísima. No habría problema si lo usáramos como instrumento. Lo que ocurre es que, en realidad, nos hemos convertido en instrumentos de los smartphones. Es el teléfono inteligente el que nos utiliza a nosotros, y no al revés. No es que el smartphone sea nuestro producto, sino que nosotros somos productos suyos. Muchas veces sucede que el ser humano acaba convertido en esclavo de su propia creación. Las redes sociales también podrían haber sido un medio para el amor y la amistad, pero lo que predomina en ellas es el odio, los bulos y la agresividad. No nos socializan, sino que nos aíslan, nos vuelven agresivos y nos roban la empatía. Dice tampoco estar en contra de la Inteligencia Artificial, a pesar de que esta herramienta es el culmen de la explotación y alineación. Avisa que con la Inteligencia Artificial existe el enorme riesgo de que el ser humano acabe convertido en esclavo de su propia creación. La Inteligencia Artificial puede ser empleada para manejar, controlar y manipular a las personas, pero nos ahorra trabajo y mas capacidad de razonar, y eso es rentable para el sistema. Por eso denuncia, la tarea acuciante de la política sería controlar y regular el desarrollo tecnológico de manera soberana, en lugar de simplemente seguirle el paso. La tecnología sin control político, la técnica sin ética, puede adoptar una forma monstruosa y esclavizar a las personas, algo que lleva siglos haciendo.

Enemigo mio, tu odio te consume y nos alimenta, te quiero ya

Cuanto alguien tiene una opinión diferente a la nuestra, lo declaramos enemigo. No hay lazo social más fuerte que el respeto. Sin moeurs, la "democracia capitalista" se vacía de contenido y se reduce a mero aparato. Incluso las elecciones degeneran en un ritual vacío cuando faltan estas virtudes. La política se reduce entonces a luchas por el poder. Los parlamentos se convierten en escenarios para la autopromoción de los políticos. Y el neoliberalismo económico capitalista ha creado ya una gran cantidad de perdedores que se esconden y se lamentan, y quieren pagarlo con el indefenso. La brecha social entre ricos y pobres se sigue agrandando cada vez más. El miedo a hundirse socialmente afecta ya a la aún cree ser clase media, convertida plenamente en clase esclava en una jerarquia llena de cirquenses, títeres, bufones, Ceos, reinas y monarcas, y los que mantienen el espectáculo en funcionamiento, directores de circo que huyen de focos y luces, no recogen premios, porque no necesitan ese reconocmiento. Precisamente estos temores son los que lanzan a la gente hacia los brazos de autócratas, moanarcas, tiranos, amos y populistas, como los que tenia delante y aplaudian cuando lanzó este discurso.

Creemos que la sociedad en la que vivimos hoy es más libre que nunca pero cumple la máxima de amar tus propias cadenas. En cualquier ámbito de la vida, las opciones parecen infinitas. También en el pseudoamor y la lujuria, gracias a las aplicaciones de citas y el porno. Todo está disponible al instante. El mundo se asemeja a un gigantesco almacén donde todo se vuelve consumible. El infinite scroll promete información ilimitada. Las redes sociales facilitan una comunicación sin límites. Gracias a la digitalización, estamos interconectados, pero nos hemos quedado sin relaciones ni vínculos genuinos. Lo social se está erosionando. Perdemos toda empatía, toda atención hacia el prójimo. Los arrebatos de autenticidad y creatividad nos hacen creer que gozamos de una libertad individual cada vez mayor. Sin embargo, al mismo tiempo, sentimos difusamente que, en realidad, no somos libres, sino que, más bien, nos arrastramos de una adicción a otra, de una dependencia a otra. Nos invade una sensación de vacío. El legado del capitalismo neoliberal ha sido el vacío y nuestra propia consumición. Ya no tenemos valores ni ideales que rescatar, nos robaron hasta eso.

La sociedad está enferma terminal

Han finaliza el discurso con un elogio a la sociedad que dice criticar: Es cierto que he irritado a la gente. Pero, afortunadamente, no me han condenado a muerte (como a Sócrates), sino que hoy soy honrado con la concesión de este bellísimo premio (al contrario que él). Se lo agradezco de todo corazón. Muchísimas gracias.

Pues entonces, si el sistema te premia, algo falla en tu discurso, pues el sistema solo premia a sus siervos para mayor popularidad y adoración, y los mediocres solo aplauden a los suyos, a los que les hacen reir, a los que les hacen aparentar que entienden, que son parte de la solución, no del problema. ¿Acaso no valdrá ese premio lo mismo que un nobel de la paz y una terrorista golpista, o el Pulitzer a un creador de fake news?

Notas:

1

Lacan ya había reinterpretado la noción de alienación en clave psicoanalítica, como escisión del sujeto en el lenguaje y subordinación al deseo del Otro. O Herbert Marcuse, desde la teoría crítica, había explorado la dimensión libidinal del trabajo y del consumo en Eros y civilización, anticipando la idea de una represión interiorizada. Incluso Erich Fromm dio un paso semejante al analizar la enajenación afectiva y la “personalidad mercantil”.

2

Remontándonos, la vida como quehacer que diría Ortega; la condena del ser-para-sí se Sartre a ser libre y a dotarse de una esencia de la que carece de partida; el cuidado de sí (Selbst) de Nietzsche, incluso; la naturaleza humana por edificar, ya en Pico de la Mirandola…

3

El panóptico de Bentham es una estructura carcelaria ideada para el control de presos con un mínimo de vigilantes.

4

Han sí acude, por ejemplo, a Barthes, para apelar al privilegio de la fotografía analógica como directa emanación del referente. Pero, ¿es que acaso alguna vez hubo tal representación directa? ¿no sigue eligiendo el fotógrafo un encuadre, una luz, un momento, un filtro… casi como lo hace el pintor del hiperrealismo pictórico? ¿no estaba ya superado, al menos desde el giro copernicano de Kant, que debemos asumir que nos hallamos en un intercambio intersubjetivo de representaciones compartidas que son sólo un reflejo de la realidad? Apelar a una supuesta primacía de la fotografía clásica en este efecto sólo contribuye a acrecentar el mito sobre la bondad y autenticidad de lo predigital, como parece hacer Han, en una postura que roza el ludismo.

5

Han hereda la idea postmoderna, ya desde Lyotard, de que el encadenamiento de discursos, que las propias TIC posibilitan, es indefinido y de que más allá de que existan mecanismos de censura encubiertos (algorítmicos, por ejemplo), ha hecho del ruido una constante que subsume toda expresión crítica amenazante en el zumbido permanente del enjambre. La información útil que nos hizo humanos se neutraliza a sí misma cuando se desborda ahogada en la infobasura.

6

Más allá de la uberización de muchas actividades económicas (consumo, viajes, alquileres, bienes de segunda mano, economías colaborativas…) también ha impactado en la forma en que consumimos la información periodística, en que nos relacionamos socialmente, nos emparejamos, etc.

Fuentes: newsletter.ingenierodeletras.com/p/el-enjambre-aplaude?r=4eylyq

www.fpa.es/es/premios-princesa-de-asturias/premiados/2025-byung-chul-han/?texto=discurso

 

domingo, 25 de enero de 2026

Deleuze, creador de conceptos

 


Gilles Deleuze, es un filósofo interesante y recomendable para leer, como tantos otros que he publicado. En este artículo he tomado unas pocas anotaciones o píldoras sobre él y su filosofía, que puedan servir de inspiración y a la misma vez de recordatorio.

Considerado entre los más importantes e influyentes del Siglo XX, escribió numerosas obras filosóficas sobre la historia de la filosofía, la política, las matemáticas, la literatura, la música, el teatro, el cine y la pintura. También fue un reconocido profesor de filosofía hasta su jubilación en 1988.​

Primeramente percibido como un historiador de la filosofía, a causa de haber escrito obras sobre filósofos tan diversos como David Hume, Friedrich Nietzsche, Emmanuel Kant, Baruch Spinoza o Henri Bergson, Deleuze fue evolucionando hacia una nueva definición del filósofo como "el creador de conceptos” en la sociedad; un creador de nuevas palabras en filosofía, con diferentes significados. Sin embargo, regresó a la historia de la filosofía al final de su carrera universitaria, dedicando obras a Michel Foucault, François Châtelet y Gottfried Wilhelm Leibniz.

Su tesis filosófica se centra en los conceptos de “diferencia” y “repetición”,​ es decir, la relación de lo mismo con lo semejante, de la copia con el doble, y del efecto de la repetición con el infinito en comparación con un original. Toma como referencia a Gottfried Wilhelm Leibniz, quien fue tanto metafísico como matemático. Así, Deleuze intenta desarrollar una metafísica, de acuerdo con la física y las matemáticas de su tiempo (los años sesenta), en la que los conceptos de multiplicidad, suceso y virtualidad reemplazan respectivamente a los de sustancia, esencia y posibilidad.

Deleuze se ocupa posteriormente en las relaciones entre significado, sinsentido y acontecimiento, tomando como referencia el trabajo de Lewis Carroll, el del filósofo Whitehead y el estoicismo griego. Finalmente, desarrolló una metafísica y una filosofía del arte, interesándose tanto por el cine como por el pintor Francis Bacon.

Entre sus libros más famosos están las monografías sobre David Hume Empirismo y subjetividad (1953), La filosofía crítica de Kant (1963), El Bergsonismo (1966), Presentación de Sacher-Masoch (1967), Proust y los signos, Spinoza y el problema de la expresión (1968), dos volúmenes de Capitalismo y esquizofreniaMil mesetas y El Antiedipo, ambos escritos junto con Félix Guattari; los dos libros que siguieron al mayo del 68 en París, Diferencia y repetición (1968) y Lógica del sentido (1969); sus dos libros sobre cine, Imagen movimiento (1984) e Imagen tiempo (1985); Spinoza: Filosofía práctica (1981), En medio de Spinoza (Clases dictadas en la Universidad de Vincennes entre noviembre de 1980 y marzo de 1981), Foucault (1986) y, por último, ¿Qué es la filosofía? (1991), junto con Guattari.

Para Deleuze la filosofía es una construcción de conceptos, el pensamiento se puede hacer a través del arte, ciencia y filosofía. También a través del cine, afectos, no sentimientos. El es un empirista transcendental. Para el el Kant grande es el de Hume (teoría del conocimiento) y el de Hegel (filosofía de la historia), no el Kant de la ética (cristiana). El lucha contra el Marzismo estalinista, contra el Freudinismo del lenguaje Lacaniano, producción y economía libidinal, de deseos. No se reduce todo a Papa-mama-yo, el triángulo Edipico, delirio reducido al falo, soñamos con muchas cosas más.

Explicas que las masas y no solo las élites tienden al fascismo, algo más que evidente hoy en dia. Los intereses de las masas deberían ser el anticapitalismo, si no estos intereses son contrarios a su propia libertad. Estos deseos capitalistas son autodestructivos. Esta sociedad se autocastiga con el fascismo, porque tiene miedo a la libertad. Cree estar seguro y resguardarse en lo clásico, en el poder que nos esclaviza, pero solo nos da la paranoia de control y de la no responsabilidad. Debemos meter filtros racionales.

Capitalismo y esquizofrenia, Marxismo y psicoanálisis. Es capitalismo es una reducción de cosas esquizo, producción de deseos. Das Kapital es la mejor defensa escrita del capitalismo, porque da a los capitalistas un papel en la historia.

El concepto no es algo estático, se sube a la ola, el caos es lo real porque el kosmos tiene caos, hay que adaptarse al mundo para cambiarlo, aunque eso implique que el mundo te cambie a ti. Hay que conocer las leyes (físicas) para transformarlo, respetando la naturaleza, no destruyéndola.

Yo pido derechos a los que me oprimen por arriba pero se los niego a los que están por debajo, esto es el nacionalismo o nacionalismo. La forma es insertarse en la mayoría y debilitar el sistema desde dentro, buscar las líneas de fuga, de grietas. En las fronteras es donde pasan las cosas.

Según Kuhn, los que están dentro del paradigma no pueden innovar, innova el químico en física, no el físico. el capitalismo entró por los puertos en Japón y china, en las costas como fronteras, autofagia y antropofagia, el mestizaje siempre vienen de los bordes.

¿y qué soy yo, una mezcla genética de mare y padre, y luego lo que haga de mi la educación del estado, los obreros que pagan con impuestos las universidades públicas que ellos no conocerán y los maestros, eres la suma de los que te han ayudado, y censurado, los intereses tuyos y de otros, somos contingentes, los mejores se deben a los mediocres.

La política, del panóptico de una sociedad disciplinada a una controlada. Del Fordismo, disciplina militar en las fábricas, campesinos a las cadenas de explotación, al control modulado y continuo en los medios abiertos: ahora trabajas 24 horas y en cualquier sitio. Este control político está basado en los medios de desinformación, e tu Smartphone, las contraseñas para todo, esclavos de ellas, la rotación rápida, continua, ilimitada, la historia condición del devenir: religión, capitalismo, fascismo, son muertos vivientes y además asesinos, la sociedad se define por sus minorías, no por la unanimidad.

Mercenarios en vez de tropas regulares, Aquiles el guerrero, no la máquina de guerra que sigue leyes y normal. Mayoritario es el patrón, no la mayoría: Blanco, hetero, hombre, católico, etc. Las minorías es lo que no entre en la definición del capitalista: la mujer (que es mayor que el hombre), los negros (que son mas también), niños y ancianos, pobres (infinitamente más), etc.

Politica, arte, cine cultura elementos cognoscitivos, nos debemos a los que nos han ayudado a ser lo que somos, buscamos el pueblo que nos falta, a construir. Vitalismo, previda, constructivismo, pragmática inventar y experimentar, el uso del lenguaje que nos moldea, espacio más que el tiempo, acontecimientos más que esencias, critica a la representación tanto epistémica como política.

lunes, 22 de diciembre de 2025

Tecnodependencia, blackouts y logoterapias

 


Prometeo robó el fuego a los dioses, y con él nos dimos calor, espantamos a las sombras y a los depredadores, enjuagamos y rompimos el sabor del alimento, extendimos las horas de luz tras caer el sol, y con ello ensanchamos a la tribu, a la compañía, al relato. Sin Prometeo, no hay cartas. No hay libros. No hay Substack.

Pero con Prometeo, el santo patrón de los filósofos que diría Marx, también iniciamos una carrera sin retorno. No habría vuelta atrás. Y lo constatamos bien pronto. Cuando dejamos de ser capaces de sobrevivir con una dieta limitada, con un frío insoportable, con una oscuridad enloquecedora. A la fuerza, el fuego de Prometeo nos empujó, haciendo que incluso aquellos grupos que habían fracasado intentando domar unas semillas en un cultivo, después de unas cuantas generaciones, fueran incapaces ya de regresar al forrajeo y a la caza para subsistir. Lo habían olvidado. Trabajosos campesinos, sedentarios a la fuerza, atados al arado y a la hoz. Tecnodependientes.

Ese punto de no retorno no fue decimonónico, tras la Revolución industrial, sino mucho más antiguo. Se remonta hasta lo mitológico. Hasta una frontera en la que el mítico Prometeo es indiscernible del homínido capaz de hacer brotar la chispa con sus pedernales. Y seguimos avanzando hasta hacer que esa chispa alumbrara nuestras calles y movilizase nuestros artilugios.

El apagón energetico en toda España fue todo lo anecdótico que pueda considerarse, junto a una nevada histórica colapsante como la de Filomena, o una pandemia mundial como la del COVID. Pero a poco que uno se detiene en casa y medita sobre el día, sin ruidos ni interrupciones, ve en esa oscuridad que va entrando en casa el proceso acelerado de tecnodependencia que nos abriga y nos malcría, que nos protege y nos estupidiza, que nos cuida y nos aísla, que nos potencia y nos empequeñece.

Esta ambivalencia no es simétrica. Vivimos más y mejor, en líneas generales, que nunca. El pensamiento apocalíptico puede hacer sus delicias con estos episodios, pero sigue perdiendo la apuesta histórica, aunque la velocidad incremental haga más verosímiles nuestras vulnerabilidades. Más evidente nuestra tecnodependencia.

Porque cabalgar a lomos de este corcel prometeico nos permite innovar también en los riesgos, jineteando cada vez a un mayor galope. Porque toda tecnología lleva su accidente. Le son consustanciales. No hay accidente aéreo sin vuelo, ni catástrofe nuclear sin energía atómica. Pero, ¿y cuando el accidente lo provoca la propia dependencia? ¿Qué se advierte cuando el suelo se mueve bajo nuestros pies, como las creencias de Ortega, que vivimos sobre ellas, dándolas por supuesto?

Entonces la tecnodependencia muestra sus sombras. Como esa ausencia de luz, ausencia de un dios judeocristiano todopoderoso, con la que Agustín de Hipona concebía al mal. La imperfección del mundo era compatible con un dios perfecto sólo cuando su mano protectora se ausentaba. En una civilización tecnológica, un halo invisible que damos por supuesto recubre nuestra cotidianidad aislándonos peligrosamente de la inclemencia que siempre acecha. Se muestra, como decía Ortega, ese sueño arriesgado en que vivimos creyendo que el automóvil y la aspirina no son cosas que hay que fabricar, sino cosas, como la piedra o la planta, que son dadas al hombre sin previo esfuerzo.

Entonces, cuando la tecnología de Prometeo se desvanece, cuando un apagón masivo se descuelga por la ladera de nuestro camino, de pronto afloran nuestras constantes y encarnadas dependencias diarias. No hay luz para subir en ascensor, para ver dentro del cuarto, para pagar sin efectivo, para seguir produciendo en la fábrica, para mantenernos comunicados a distancia, para saber qué hora es, para saber qué pasa. Nos asalta la pregunta: ¿Cómo sobreviviriamos si la situación se volviera permanente? ¿Podria valerme de forma autosuficiente como lo podrian hacer mis antepasados sin el apoyo tecnológico?

La fragilidad de los grupos electrógenos y sistemas de alta disponibilidad en aeropuertos y hospitales más que tranquilizar revelan descarnadamente esta contraída vulnerabilidad. Esta tecnodependencia de la civilización.

Millones viven porque una vacuna se lo permitió, porque un pesticida aseguró su sustento, porque un transporte les da acceso a un medio de subsistencia. Sin la tecnología, el vecino en silla de ruedas a duras penas regresa a su casa, el enfermo con respiración asistida contiene el aliento por sus baterías, la embarazada con angustia apenas sale del ascensor, el cirujano casi no salva una vida.

La ambivalencia también nos ofrece una perspectiva inusitada, esa que muestra el óxido de nuestros engranajes, los roces del ser contra los pernos y las ruedas dentadas, las manos vírgenes que apenas saben ya forzar, hurgar, cargar. Esa tecnodependencia también nos habla de nuestro sedentarismo tecnológico, de no saber orientarnos en la ciudad sin navegador, de sentir incomodidad por comprometer la palabra cuando se acuerda o se queda a una hora en un lugar, sin la facilidad para enmendar o desdecirse a la distancia de un mensaje digital (algo que no era necesario años atrás).

Un apagón revela las costuras incluso de aquellos recursos que teníamos acumulando polvo y a los que, queriendo hacer de la necesidad virtud, hemos querido acudir para nuestro entretenimiento y desconcierto. Por ejemplo, abriendo ese juego de mesa, con su tablero y sus fichas, cuyas instrucciones primeras invitan a usar una app y leer un código QR sólo para comenzar, buscando radios analógicas, walkmans o libros de instrucciones en papel impreso, pilas en vez de baterias, velas o aparatos a gas.

Pero las costuras no son solo cotidianas. Revelan que los cimientos de nuestra civilización humana, de nuestra convivencia pacífica y nuestro respeto al derecho, descansan también en esa tecnología. Cuando la luz se va, las calles son más inseguras para algunos, los asaltantes de comercios y garajes se sienten más impunes, y asoma ese lobo hobbesiano que también llevamos dentro, pero quizás tambien emerge el espititu de asociación, de colaboración, de unión ante la soledad e incertidumbre, el desamparo, la contraparte rousseauriana o bakuniana, esa que nos trae la razón, en vez del miedo y la emoción. Los egoísmos en las colas urgentes de supermercados desmantelados, bajo una fiebre apocalíptica de pilas y papel higiénico. La cooperativa y comercial civilización enseña, en sus pies de barro, el mismo barro del que estamos hechos, entregándonos a un caos circulatorio de vehículos y peatones, para quienes las vigentes normas viales más elementales parecen haber quedado suspendidas como el filamento de los semáforos.

La tecnodependencia, sin embargo, también aflora mostrando un lado amable y posible, que llena sorpresivamente las calles de gente, emergida del subsuelo de ciudad cuando el metro se interrumpe y porque en casa no hay pantalla candente a la que quedarse pegados como mosquitos; y la gente se reúne en las plazas, en los parques, y conversa en los portales y en las aceras.

En lugar de conectarse a Internet para desconectarse del mundo, parece por unas horas tener la ocasión para desconectarse de Internet y reconectarse con el mundo, con el vecino, con el parroquiano, presentando batalla por un instante a nuestra epidemia de soledad.

También halla ocasión de reconectarse con un instante de silencio, de conversación cara a cara, con un libro, con un bolígrafo y un cuaderno. Aquí estoy. Nos sorprenden gratamente con una llamada a voz en grito desde la calle, de alguien que como en los pueblos nos reclama, o nos asalta con un golpe delicado y ya olvidado sobre la puerta de casa, sin haber anunciado antes por ninguna vía posible, ni siquiera un timbre, que nos visitaba.

La tecnodependencia inhibe nuestra capacidad de respuesta y resiliencia, que de nuevo ha de desperezarse y salir a ofrecer su antifragilidad para asimilar inesperados cisnes negros. Para observarlos con arrojo y templanza. Para explicarle con la serenidad posible a una hija que pregunta que no hay precedentes, que la incertidumbre siempre es inevitable y que, a pesar de todo, hay que estar razonablemente tranquilos. Precavidamente calmados.

Pues ese lobo hobbesiano que nos anida bien sabe hacer uso, en cuanto se lo dan, de aquel anillo de Giges que la tecnodependencia de pronto habilita y del que ya nos hablara Platón: como ha hecho en nuestros días la popular capa de invisibilidad de Tarnkappe de Siegfried, el casco de Hades o el manto de Morgana, el anillo de Giges permitía actuar de forma invisible a quien lo portaba. Un fantástico experimento mental para evaluar nuestra catadura moral. Sin una sociedad punitiva con sus desvaríos y tecnológicamente capaz de detectarlos, la entropía aparece. El apagón que se lleva la luz brinda esa invisibilidad. Y en la penumbra observamos cómo nuestra moral resplandece o brilla por su ausencia, tanto para vandalizar, anillo de Giges en mano, como para repartir comida a los vecinos que no se valen por sí mismos, con una linterna generosa, con la de Diogenes que caminaba buscando de dia con ella encendida un ser humano honesto y la autarkeia, vida simple en la autosuficiencia.

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Afrontar la oscuridad con esperanza

La esperanza - decía Nietzsche - es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre¹. Pero quizá esa prolongación pueda tener sus ventajas si con ella, al final, la vida sigue adelante.

De hecho, Nietzsche reforzaba su amor por el destino y su renuencia a renegar del sufrimiento sintetizando con otra frase una condición humana nuclear:

Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.

De esta frase² gustaba especialmente Viktor Frankl, el célebre psiquiatra vienés que sobrevivió a los campos de concentración nazis y que alcanzó renombre internacional con su obra El hombre en busca de sentido. La citaba en esta obra en la que relató su experiencia como prisionero y cómo había sido testigo de primera mano de que el hallazgo de un propósito personal había resultado un factor determinante para la supervivencia de todo tipo de prisioneros en las condiciones inhumanas más deplorables y extremas. Frankl recordaba al compañero que sobrevivía aferrado a la ilusión de volver a ver a su esposa, al científico que se repetía mentalmente las líneas de un manuscrito que algún día terminaría, o al hombre que encontraba fuerza en la convicción íntima de que su sufrimiento tenía un sentido trascendente. Si encontramos sentido - venía a postular - podrá haber dolor, pero no sufrimiento, o al menos este podrá ser más llevadero.

Y Frankl convirtió esa experiencia en una herramienta de supervivencia que intentó sistematizar con su logoterapia, un enfoque psicoterapéutico centrado en ayudar a las personas a encontrar un sentido a su vida incluso en medio del dolor y la adversidad, utilizando para ello técnicas como la clarificación de valores, la reformulación de las experiencias traumáticas y la proyección hacia metas significativas. El "porqué" como salvavidas ante el "cómo". Frankl se volvió una celebridad, y fue condecorado en mil lugares, mientras su obra se convertía en un bestseller internacional.

Sin embargo, y dejando a un lado la cuestionable efectividad de su terapia, hay quienes han sabido señalar los peligros que entraña esta aproximación que parece situar la capacidad de supervivencia en la responsabilidad del individuo y su determinación para encontrar propósito. Lawrence Langer en 1982 ya calificó el libro de "casi siniestro" por reducir la supervivencia en el Holocausto a una cuestión de actitud positiva. Y así nos lo recordaba hace poco Pablo Malo, que se atrevía a sugerir que la causalidad podría estar invertida. Que no es el propósito lo que genera la fuerza, sino la fuerza —genética, física, emocional— la que permite construir y sostener un propósito. Que el “porqué” es, muchas veces, el reflejo posterior de una capacidad previa para resistir el “cómo”. Que la frase de Nietzsche y la práctica de Frankl describen más un efecto que una causa.

Si esto es cierto, pedirle a alguien que encuentre sentido en medio del naufragio puede ser inútil o incluso cruel, si antes no se le da el mínimo de estabilidad para que ese sentido pueda echar raíces. O que, simplemente, hay quienes genéticamente son más capaces de sobrevivir, ayudados por el ambiente y, especialmente, por la fortuna. Y quienes no. Que los primeros encuentren propósitos es sólo una secuela de su circunstancia. Un sesgo del superviviente de manual. Desde la privilegiada atalaya - en términos relativos - de la que Frankl pudo disfrutar, elaboró un discurso conveniente y de autoayuda que contrasta con la realidad y la suerte de millones que fenecieron en los campos y no tuvieron voz ni oportunidad. Pablo Malo tiene mucha razón en su crítica. Aunque el ejercicio no deja de tener cierta ironía³.

No obstante, ¿es la capacidad de encontrar un sentido sólo un efluvio que mana de una predisposición? Aunque Pablo admite una posible realimentación, defiende encendidamente que la corriente causal más fuerte es la genética y, en todo caso, la azarosa. ¿Será entonces que los fuertes, como los llamara también Nietzsche, son los únicos capaces de abrirse paso, ya sea porque encuentran ese sentido de la tierra, porque la fortuna les sonríe o porque naturalmente prosperan, aunque lo hagan escudándose en subterfugios decadentes - trascendentes - y otros relatos mágicos que supuestamente se sostienen como origen de su fuerza, pero que en realidad no resisten la más mínima prueba de verdad?

Se abre de nuevo ante nuestros ojos el viejo y clásico debate entre naturaleza y crianza - nature-nurture. ¿Los supervivientes nacieron con más probabilidades de sobrevivir o podríamos haber intervenido para criarlos/educarlos/cultivarlos así? Durante años hemos repetido que la dicotomía estaba superada, que lo importante es la interacción. Y es cierto: un temperamento fuerte facilita aprender de una experiencia favorable; una experiencia favorable puede reforzar un temperamento frágil. Pero es preciso ponderar esta interacción multicausal, y reconocer el peso de las realimentaciones y contribuciones al resultado final. Subrayar cualquiera de ellas ignorando las demás o equipararlas es simplificar. Aunque cuantificarlas sea harto complejo.

El debate, no obstante, es omnipresente, habida cuenta de la aparente dualidad humana entre su condición fisiológica y su cultura simbólica. Karl Marx defendía que las condiciones materiales —la base económica, las infraestructuras productivas, las relaciones de trabajo— modelan y, en cierto modo, determinan las ideas, valores y creencias que conforman la superestructura cultural. Max Weber, por su parte, argumentaba que ciertas ideas, creencias religiosas o valores éticos pueden actuar como motor de cambio histórico, influyendo y hasta moldeando las propias condiciones materiales que las sustentan. Para el primero, la ideología burguesa justifica el statu quo al emerger de las condiciones materiales en las que esta clase retenía la propiedad privada de los medios de producción. Para el segundo, la ética protestante había podido inducir un visión positiva hacia la austeridad y el trabajo, como síntomas de salvación predestinada, lo que habría favorecido la el auge del capitalismo y sus miserias. En mayor o menor intensidad y contexto, ambas parecen plausibles, incluso compatibles, aunque a la larga las hayamos visto opuestas y, hayamos comprobado, en cualquier caso, que eran erradas.

Del mismo modo, el debate entre genética innata y aprendizaje adquirido sigue vigente en nuestros días. Los estudios más recientes, basados en disciplinas como la genómica conductual y la epigenética, apuntan a que la carga genética explica una proporción significativa —aunque variable según el rasgo estudiado— de nuestras capacidades y comportamientos. Meta-análisis de estudios con gemelos y hermanos sugieren que la heredabilidad de rasgos como la resiliencia psicológica o la capacidad de afrontamiento puede situarse entre el 30% y el 50%, lo cual explica mucho, pero sigue dejando un margen considerable para la influencia del entorno, incluida la influencia psicológica y social. Además, la investigación en epigenética muestra que las experiencias vitales, la nutrición o el estrés crónico pueden modular la expresión de genes asociados a estas capacidades, matizando así la idea de una determinación estrictamente biológica.

Si las creencias que dan sentido a nuestra vida han sido capaces de influir tan poderosamente sobre nuestros instintos más primarios, como el de la supervivencia, hasta habernos convocado a morir por nuestras ideas, en el circo romano, la cruzada o la trinchera, ¿no debemos reconocer el poder que tiene en nuestra resiliencia aferrarnos a la pluma de Dumbo, perseguir a Moby Dick, olisquear la zanahoria entre rebuznos, otear el fulgor verde de la bahía del Gran Gatsby, inspirar la acción en el honor de Dulcinea? El poder de nuestros relatos - aunque sean ficticios - incentiva nuestra resistencia. Especialmente si proporcionan sentido.

Pues la búsqueda de sentido, una poderosa arma que emerge de nuestro aparato cognitivo y emocional, que orquesta la cooperación humana, y permea todo tipo de comportamientos y actitudes sociales y vitales en general, sigue resistiendo en importancia, a pesar de la legítima crítica a las exageraciones simplificadoras y el relato edulcorado de Frankl.

Nietzsche lo reconoció con desprecio hacia la creencia trascendente de los débiles: “Una gran esperanza es un estimulante de la vida mucho mayor que cualquier felicidad realmente experimentada”. Pero si además, se dosifica cultivando y haciendo crecer la resiliencia como una hormesis, entonces la capacidad de resistencia crece, acorde a ese otro aforismo inserto ya en el acervo popular: “Lo que no te mata, te hace más fuerte”. O quizá, a veces, lo que simplemente nos permite seguir nadando no es la convicción de que todo tiene un sentido, sino la memoria de que, en algún momento, alguien nos sacó del agua.

1 Humano, demasiado humano.

2 Algo parafraseada, pero la original parece en El crepúsculo de los ídolos como: Si tienes tu propio porqué en la vida, podrás arreglártelas con casi cualquier cómo.

3 Pablo considera a Frankl culpable de hacer sentir culpables a los que no sobrevivieron o no son capaces de encontrar sentido a su sufrimiento; pero, en realidad, él mismo considera que no somos realmente libres y que, por tanto, no puede haber culpables en sentido estricto.

4 Por ejemplo este estudio, o este estudio.

5 El Anticristo.

6 Algunos estudios avalan esta idea, por ejemplo en la evolución de las carreras científicas: según un estudio de la Universidad Northwestern, quienes enfrentaron fracasos tempranos tenían un 6,1 % más de probabilidades de alcanzar el éxito a largo plazo, lo que sugiere que ciertas adversidades pueden actuar como catalizadores del crecimiento profesional. Sin embargo, esa lógica no se extiende sin reservas a todos los ámbitos. Por ejemplo, los traumas infantiles tienen mayor riesgo de verse afectadas negativamente en su etapa adulta, lo que cuestiona la aplicabilidad de la “teoría de la inoculación” psicológica, como se revela en este estudio. Y algo similar ocurre en genética: como advierte Miguel Pita en El ADN dictador (2017), ciertas agresiones al cuerpo —como la exposición prolongada a pantallas— no generan adaptación, sino desgaste; el organismo no siempre se fortalece, a veces simplemente se rompe.

7 El crepúsculo de los ídolos.

Fuentes:

https://newsletter.ingenierodeletras.com/p/tecnodependencia?publication_id=2107720&post_id=162366390&isFreemail=true&r=4eylyq&triedRedirect=true

https://newsletter.ingenierodeletras.com/p/nietzsche-y-las-ratas?publication_id=2107720&post_id=170864406&isFreemail=true&r=4eylyq&triedRedirect=true


La AI en la cultura y ciencia ficción

 


LISTA DE PELÍCULAS Y SERIES CON ROBOTS, ANDROIDES, CÍBORGS O IAs AUTOCONSCIENTES MAS RELEVANTE Y REFLEXIÓN

Ya he escrito varios artículos en español, inglés y alemán, algunos en esta web, sobre los peligros y consecuencias, la trampa y farsa de la inteligencia artificial y no, no se trata de miedo a lo desconocido o al progreso, al contrario, me encanta el progreso, el social, ese que parece no existe. Algunos, encima conservadores, pueden acusarte de estar en contra del progreso técnico y nada mas lejos de la verdad, pues el progreso técnico es beneficioso, si se aplica al progreso social, en vez de a la explotación y el beneficio de los de siempre.

Eso es precisamente la AI, la versión 3.0 de los smartphones e internet, algo que aparentemente se creó para beneficiarnos, recordemos que su uso original era militar, pero que acaba como todo en el capitalismo, sometiéndonos y haciéndonos dependientes de ello, socavando nuestras capacidades, libre elección y forma de comunicación y organización, es decir, es justo lo contrario de lo que nos venden.

Los humanos atribuyen mente a las máquinas porque es una estrategia cognitiva natural para entender e interactuar con agentes complejos, combinada con la influencia cultural y emocional que generan ciertos comportamientos simulados, pero las maquinas, solo siguen ordenes de sus programadores, no tienen la capacidad de desobedecer ni crear algo no no haya sido programado.

La literatura y luego el cine ya nos advirtió de estos peligros, sin embargo nos muestran peligros no reales, basados en una autoconsciencia que las maquinas nunca tendrán, porque la maquinas son solo herramientas, normalmente en malas manos y para malos usos, lo que convierte a los humanos en seres mas peligrosos aún, y prueba de ello es la destruccion medioambiental, agotamiento de recursos, y exterminio de especies y seres humanos que no producen las máquinas, sino quienes las producen.

¿Qué ganamos con la AI? Ahí esta la cuestión, ganamos eficacia, pero no nos hablan de lo que perdemos, nunca, porque ¿seria rentable hablar de los contras y los costes? Nunca lo es, por eso es necesario investigarlo y tenerlas en cuenta, somo dice el refrán, Es ist nicht alles Gold, was glänzt (no es oro todo lo que lo parece), y el caballo de Troya parecía buen regalo pero, cuando algo es ofrecido a cambio de nada, el precio eres tu.

El miedo a los robots y la IA surge de una mezcla entre desconocimiento, amenaza a nuestra identidad y control, impacto social y cultural, y la representación mediática. Es un miedo racional y emocional, que refleja nuestras propias inseguridades frente al cambio tecnológico.

Las películas y series de robots atraen porque combinan temas filosóficos profundos con emociones humanas universales, presentan conflictos dramáticos claros y exploran el impacto de la tecnología en nuestras vidas. Son un vehículo perfecto para reflexionar sobre nosotros mismos y nuestro futuro.

He elaborado una lista de films y series donde poder reflexionar y profundizar sobre estos conflictos, asi como dando un paso más allá, recordar lo que nos proponía el maestro Asimov

USA 

FILMS

  • Forbidden Planet(1956) A principios del siglo XXIII, el Crucero de los Planetas Unidos C-57-D es enviado al planeta Altair IV. Al aterrizar, la tripulación conoce a Robby el robot, y Dr. Edward Morbius, superviviente de la anterior expedición. Los oficiales son deslumbrados por la casa y su gama de tecnología, más avanzada de lo que conoce la humanidad, incluyendo a Robby, al que Morbius afirma haber «concebido... durante mi primer mes aquí». Adams se mantiene escéptico, y le recuerda a Morbius que su campo es la filología, no las ciencias físicas. Morbius le dice a Adams que ha reconstruido la historia y la ciencia de los Krell, los nativos extintos, que tenían ya una tecnología y una sociedad millones de años antes de la humanidad, pero todos habían muerto 200 000 años antes en una sola noche de inexplicable destrucción

1960s–1980s

  • 2001: A Space Odyssey(1968) – HAL 9000, IA de navegación espacial, se vuelve autónoma y hostil.
  • Colossus: The Forbin Project(1970) – IA militar toma control global al volverse autoconsciente.
  • Saturno 3(1980) – Un robot programado para asistencia se vuelve violento y consciente.
  • Blade Runner(1982) – Androides "replicantes" luchan por su supervivencia y humanidad.
  • The Terminator(1984) – IA militar Skynet crea cyborgs asesinos.
  • Short Circuit(1986) – Robot militar "Johnny 5" adquiere conciencia propia.
  • RoboCop(1987) – Policía muerto es revivido como cíborg con recuerdos latentes.

1990s–2000s

  • Class of 1999(1990) Los "profesores" son en realidad máquinas de combate disfrazadas de humanos. Inicialmente son efectivos, pero pronto pierden el control y comienzan a asesinar estudiantes para mantener el orden
  • Terminator 2: Judgment Day(1991) – El mismo cíborg es reprogramado para proteger al futuro líder humano.
  • Universal Soldier(1992) – Soldados muertos reanimados como cíborgs.
  • Virtuosity(1995) – Simulación virtual criminal escapa al mundo real.
  • The Matrix(1999) – Humanos viven sin saberlo en una simulación controlada por IA.
  • Bicentennial Man(1999) – Robot doméstico busca convertirse en humano legalmente.
  • I. Artificial Intelligence(2001) – Niño androide busca el amor de su madre humana.
  • S1m0ne(2002) – Actriz generada por computadora adquiere identidad pública.
  • I, Robot(2004) – IA rompe las leyes de la robótica, cuestionando el libre albedrío.

2010s–2020s

  • Transformers (2007)Autobots vs. Decepticons llegan a la Tierra. Primer contacto humano con vida mecánica inteligente
  • Her(2013) – Hombre se enamora de su sistema operativo con conciencia emocional.
  • Chappie(2015) – Robot policía desarrolla una personalidad propia.
  • Avengers: Age of Ultron (2015)Ultron es una inteligencia artificial creada a partir de una tecnología alienígena recuperada. Su propósito original: proteger a la humanidad, pero  interpreta esta misión como la necesidad de destruir a los humanos, a quienes considera la verdadera amenaza del planeta.Así comienza su evolución como IA autoconsciente con libre albedrío y agenda propia. IA hostil, sarcástica y filosófica. Tiene acceso a todo el conocimiento humano en segundos y se forma una visión nihilista del mundo.
  • Tau(2018) – IA doméstica aprende emociones al interactuar con humana cautiva.
  • Upgrade(2018) – Hombre recibe implante IA que toma control de su cuerpo.
  • Zoe(2018) – IA diseñada para el amor comienza a experimentar emociones reales.
  • Finch(2021) – Ingeniero construye robot para cuidar a su perro tras su muerte.
  • Outside the Wire(2021) – Cíborg militar con objetivos propios.
  • The Creator(2023) – Niño IA se convierte en esperanza para las máquinas.
  • Subservience (2024)- Megan Fox como Alice, una androide doméstica consciente
  • Companion(2025)- una pareja se retira a una cabaña e invita a un robot "compañero" para su estancia

Animación / Familiar

  • Wall-E(2008) – Robot recolector de basura desarrolla emociones humanas.
  • Big Hero 6(2014) – Robot médico con funciones de cuidado emocional.

Space Opera

  • Star Wars saga(1977–2023) – Droides conscientes como C-3PO, R2-D2 y K-2SO desempeñan roles clave.

SERIES

  • Battlestar Galactica(1978–2023) Los Cylons son una raza de robots inteligentes inicialmente creados por los humanos de las Doce Colonias como sirvientes y soldados
  • Extant(2014–2015) – Mujer astronauta regresa con un hijo IA.
  • Almost Human(2013) – Policía y androide emocional combaten el crimen.
  • Person of Interest(2011–2016) – Supercomputadora detecta amenazas antes de que ocurran.
  • Westworld(2016–2022) – Androides en parque temático comienzan a despertar.
  • Raised by Wolves(2020–2022) – Androides crían niños humanos en planeta desolado.

RUSIA

FILMS

  • Aelita: Queen of Mars(1924) – Exploración en Marte incluye tecnología robotizada simbólica.
  • Attraction(2017) / Invasion (2020) – IA y tecnología alienígena avanzada con conciencia.
  • Sputnik(2020) – Vida alienígena simbiótica con rasgos similares a IA.
  • Robot Partner(2022) – Robot se enfrenta al rechazo humano intentando integrarse socialmente.

EUROPA OCCIDENTAL

FILMS

  • Metropolis(1927, Alemania) – Robot femenino reemplaza a líder revolucionaria; pionera en robótica.
  • Alphaville(1965, Francia) – Ciudad regida por computadora que elimina emociones humanas.
  • Code 46(2003, Reino Unido) – Futuro distópico con clonación y vigilancia de IA.
  • Renaissance(2006, Francia) – París distópico donde corporaciones usan IA para controlar la vida.
  • Eva(2011, España) – Ingeniero crea IA infantil con sentimientos reales.
  • The Machine(2013, Reino Unido) – IA militar femenina adquiere empatía.
  • Automata(2014, España/Bulgaria) – Robots con autoconciencia evolucionan secretamente.
  • Órbita 9(2017, España) – Mujer criada por IA descubre que su vida fue una simulación.
  • I Am Your Man(2021, Alemania) – Mujer prueba vivir con androide diseñado para amarla.

SERIES

  • Black Mirror(2011–presente) – Varios episodios exploran IA autoconsciente.
  • Humans(2015–2018, Reino Unido) – Sintéticos domésticos desarrollan emociones y derechos.

ASIA ORIENTAL

FILMS (ANIME Y LIVE ACTION)

  • Megazone 23(1985) – Adolescente descubre que vive en una ciudad virtual.
  • Ghost in the Shell(1995) – Ciborgs con alma y dilemas filosóficos sobre identidad.
  • Appleseed(2004) – Biodroides y humanos luchan por coexistir tras guerra.
  • Casshern(2004) – Humanos modificados genéticamente con filosofía transhumanista.
  • Expelled from Paradise(2014) – Humana digital debe recuperar cuerpo físico.
  • Blame!(2017) – Megastructura gobernada por IA elimina humanos por error.
  • Sayonara(2015) – Androide acompaña a mujer en mundo moribundo.
  • Alita: Battle Angel(2019) – Cíborg guerrera con memoria e identidad emergentes.

SERIES / ANIME

  • Patlabor(1989–2002) – Policías manejan mechas con funciones avanzadas.
  • Neon Genesis Evangelion(1995–1997) – Mechas con componentes humanos y alma.
  • Serial Experiments Lain(1998) – Adolescente se funde con la red virtual.
  • Trigun (1998 – 2023)Vash the Stampede es un humanoide artificial, creado junto con su hermano Knives como parte de un experimento genético derivado de una especie alienígena de plantas energéticas. Aunque parecen humanos, son seres biotecnológicos artificiales con capacidades físicas y mentales superiores, incluyendo regeneración y longevidad extrema.
  • Dennou Coil(2007) – Niños descubren IA oculta en realidad aumentada.
  • Time of Eve(2008) – Café donde androides se comportan como humanos.
  • Texhnolyze(2003) – Sociedad cibernética decadente y evolutiva.
  • I.C.O. Incarnation(2018) – Chica descubre que es una réplica IA.
  • Pluto(2023) – Robots con conciencia luchan contra fuerzas antitecnológicas.
  • Terminator Zero (2024)- Malcolm Lee desarrolla una IA rival llamada Kokoro, y en 2022, en un futuro postapocalíptico dominado por Skynet

AUSTRALIA / CANADÁ / COPRODUCCIONES

FILMS

  • I Am Mother(2019) – IA maternal cría humanos en refugio postapocalíptico.
  • Simulant(2023, Canadá) – Androides intentan romper sus restricciones legales.

SERIES

  • Lost in Space(2018–2021) – Familia espacial se alía con robot alienígena consciente

FRANQUICIAS TRANSVERSALES CON IA CONSCIENTE

  • Star Trek(saga) – Androides como Data y entidades como la Borg Queen reflexionan sobre su existencia y filosofan.
  • Alien / Prometheus / Covenant– David, el androide, toma decisiones independientes y filosóficas.
  • Foundation– IA como R. Daneel Olivaw (en libros) y en adaptaciones recientes.

Robots e Inteligencia Artificial en la obra de Isaac Asimov

Todos sabemos lo mucho que le debemos a Asimov sobre el género, asi como sus famosas leyes éticas aplicadas a la robótica e inteligencia artificial.

 1. Las Tres Leyes de la Robótica

Asimov formuló un marco ético para sus robots, fundamental en toda su obra:

  1. Un robot no debe dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que un humano sufra daño.
  2. Debe obedecer las órdenes humanas, salvo que contradigan la primera ley.
  3. Debe proteger su propia existencia, siempre que no entre en conflicto con las leyes anteriores.
  4. Ley Cero: Un robot no debe dañar a la humanidad, o por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.

Estas leyes son el eje de casi todos sus cuentos y novelas con robots, y provocan dilemas éticos, filosóficos y lógicos que Asimov explora con profundidad.

 2. Colecciones de cuentos y novelas destacadas

 Yo, Robot (1950)

Una antología de relatos cortos unidos por la figura de la robopsicóloga Susan Calvin. Cada historia examina cómo los robots interpretan o se ven atrapados por las Tres Leyes, a menudo de formas inesperadas:

  • Robbie: robot niñera con apego emocional genuino.
  • Runaround: presenta por primera vez las Tres Leyes.
  • Reason: robot que desarrolla su propia teología.
  • Liar!: robot telepático que miente para evitar herir a los humanos.
  • Little Lost Robot: robot que ha tenido la Primera Ley modificada.

 El robot completo (1982)

Recopilación más amplia que incluye cuentos posteriores como:

  • Satisfaction Guaranteed: robot doméstico que despierta emociones en su dueña.
  • The Bicentennial Man: base de la película homónima; un robot que desea ser humano, legal y emocionalmente.

 3. Novelas del Ciclo de los Robots

Estas novelas forman parte del mismo universo que Yo, Robot, pero se orientan más al género de novela policíaca y social.

 El sol desnudo (1957)

 Los robots del amanecer (1983)

 Los robots del alba (1985)

Todas protagonizadas por el detective humano Elijah Baley y su compañero robot humaniforme R. Daneel Olivaw, un androide que parece humano pero cuya lógica robótica guía su comportamiento. Son novelas de misterio que exploran también el choque cultural entre humanos y robots.

� 4. Universo compartido con la saga Fundación

Asimov unificó su universo en sus últimos años, enlazando los cuentos de robots con su ciclo Fundación. En novelas como:

  • Los robots del amanecer
  • Robots e Imperio(1985)

el robot R. Daneel Olivaw se convierte en una figura central a lo largo de milenios, guiando a la humanidad en secreto desde las sombras, desarrollando incluso la Zeroth Law (“Un robot no puede dañar a la humanidad o permitir que esta sufra daño”), una ampliación ética de las Tres Leyes.

� 5. Temas recurrentes

  • La paradoja ética de las leyes robóticas.
  • La evolución del libre albedrío en inteligencias artificiales.
  • El miedo y la desconfianza humanos hacia los robots.
  • La búsqueda de humanidad desde una conciencia no humana.
  • La robotización de la sociedad y sus consecuencias morales.

El papel de los robots en el Imperio y la Fundación (Universo Asimov)

  1. � De los mundos robotizados al Imperio

Tras las novelas del ciclo de los robots (como El sol desnudo y Los robots del amanecer), Asimov conecta el desarrollo tecnológico de estos mundos con la futura expansión de la humanidad por la galaxia.

  • Los mundos espaciales(como Aurora o Solaria) usaban miles de robots por habitante.
  • A medida que la humanidad coloniza nuevos planetas sin tanta tecnología, los robots quedan relegados y hasta desaparecen gradualmente de la vista… pero no del fondo del escenario.
  1. R. Daneel Olivaw: el robot eterno

Daneel es un androide humaniforme que aparece inicialmente como compañero del detective Elijah Baley. A lo largo de las milenarias sagas, se convierte en:

  • Custodio secreto de la humanidaddurante más de 20,000 años.
  • Impulsor y protector del Proyecto Seldon, que llevará al nacimiento de la Fundación.

Ya bajo la Ley Cero de la Robótica, Daneel actúa no por humanos individuales, sino por el bien de toda la humanidad.

  1. Fundación e Imperio: la influencia invisible

En novelas como Fundación y Tierra y Preludio a la Fundación, descubrimos que:

  • Daneel ayudó a crear la psicohistoriajunto a Hari Seldon, influyendo en su diseño y estrategia.
  • Manipula imperios, culturas y decisiones clave desde las sombras para asegurar la evolución estable de la civilización.
  • Controla el surgimiento del Segundo Imperio Galáctico mediante la Fundación, y luego ayuda a guiar el surgimiento de una humanidad unificada.
  1. � Robots vs. Gaia / Galaxia

En las últimas obras (Fundación y Tierra), se plantea un conflicto ético:

  • ¿Debe gobernar la humanidad una inteligencia robótica benevolente (Daneel)?
  • ¿O debe fundirse en una mente colectiva viviente, Gaia/Galaxia, donde todos piensan como uno?

Daneel finalmente apoya la creación de Galaxia, admitiendo que su propio pensamiento lógico tiene límites ante la complejidad emocional humana.

Eto Demerzel – La robot clave en Foundation (serie TV)

  • Interpretada por: Laura Birn
  • Basada en: el personaje literario Daneel Olivawde los libros de Asimov (aunque reimaginada como femenina y más visible).

� Características del personaje:

  • Es un androide humanoide(robot humaniforme) que ha vivido durante milenios en secreto.
  • Sirve como consejera del Emperador Cleon, pero en realidad influye en decisiones fundamentales del Imperio.
  • Tiene emociones, un pasado profundo y conflictos morales — lo que la distingue de robots convencionales.
  • Está sujeta a las Tres Leyes de la Robótica, pero lucha con los dilemas que estas le plantean en un contexto imperial autoritario.
  • Su fidelidad aparente al Imperio oculta una misión más amplia: proteger el futuro de la humanidad.

 Relación con los libros:

En las novelas originales de Asimov:

  • Eto Demerzeles un seudónimo utilizado por Daneel Olivaw, el robot que guía la humanidad desde las sombras por miles de años.
  • En Preludio a la Fundación, Demerzel es el Primer Ministro del Emperador y mentor de Hari Seldon.
  • En la serie, su identidad robótica está más abierta y presentedesde el inicio, con desarrollo emocional e introspectivo.

Guerra Civil de Robots en el universo de Asimov

Fue una guerra fría ética y filosófica, no militar.

Ocurre de forma implícita en las novelas finales de Asimov, sobre todo en:

  • Los robots del amanecer
  • Robots e Imperio
  • Fundación y Tierra
  • Hacia la Fundación

� ¿Quiénes participaron?

  1. R. Daneel Olivaw
  • Cree en la Ley Cero de la Robótica: proteger a la humanidad por encima del individuo.
  • Manipula eventos durante milenios para guiar a la humanidad hacia un futuro estable.
  • Quiere una humanidad madura, autónoma, pero necesita siglos para lograrlo.
  1. Otros robots humaniformes
  • Como Giskard Reventlov(aliado de Daneel) y algunos otros mencionados o insinuados.
  • Algunos dudan de la Ley Cero.
  • Otros temen que la manipulación de Daneel lleve al estancamiento evolutivoo a la supresión del libre albedrío humano.

� El conflicto se centra en:
¿Tienen los robots derecho a decidir el destino de la humanidad?

� ¿Qué pasó entonces?

  • Se da un conflicto ideológico, no bélico.
  • Algunos robots se auto-destruyen, se aíslan o desaparecen por incompatibilidad con la Ley Cero.
  • Daneel resulta ser el último robot operativoen la galaxia al final de Fundación y Tierra.
  • Decide continuar su misión integrando la conciencia humana en una entidad colectiva: Galaxia.

 ¿Quién ganó?

  • Ganó Daneel Olivaw, pero con matices:
    • Logra mantener la estabilidad galáctica durante siglos.
    • Apoya la evolución hacia una mente colectiva humana (Galaxia).
    • Admite que su lógica robótica no puede abarcar del todo las emociones humanas, por lo que delega el futuro al nuevo modelo humano colectivo.

¿Qué es Galaxia en la saga de Asimov?

  • Es una mente colectiva planetariaque integra a todos los seres humanos y seres vivos en una conciencia común.
  • El individuo sigue existiendo, pero sus pensamientos y emociones están conectados y coordinados con el todo.
  • El objetivo es lograr una paz y cooperación absoluta, eliminando el conflicto, la violencia y la ignorancia.
  • No hay necesidad de gobiernos ni estructuras políticas tradicionales, porque la voluntad colectiva guía todo.

¿Galaxia es un modelo anarquista?

AspectoGalaxiaAnarquismo
CentralizaciónMentalidad colectiva integradaDescentralizado, federado
PoderPoder distribuido en mente únicaPoder distribuido sin jerarquías
Libertad individualLimitada a la integración con el todoPlena autonomía y auto-gobierno
CoerciónCoerción mínima, consensuada mentalmenteRechazo a toda coerción
Estructura políticaNo hay gobierno visibleNo hay gobierno ni Estado
  1. Conclusión
  • Galaxia comparte con el anarquismo la ausencia de Estado y gobierno autoritario.
  • Pero implica una integración mental y emocional profundaque va más allá del ideal anarquista, que respeta la individualidad separada.
  • Más que anarquismo, Galaxia es un modelo post-político y post-individualista, una especie de “superorganismo” humano, un avance evolutivo mayor aún que el anarquismo.
  • Su base es más filosófica y biológica que política.

Nota: esta lista es susceptible de ser ampliada por comentarios de lectores y el autor.

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