lunes, 28 de septiembre de 2026

Crítica a la universidad y al cine desde el conservadurismo



 Cada vez que analizo el impacto de los medios audiovisuales en el desarrollo cognitivo, emocional y moral de niños, adolescentes, jóvenes y adultos, vuelvo inevitablemente a una idea central, no somos espectadores neutrales. Lo que contemplamos nos constituye, lo podemos ver con el circo político, con las series, tv, radio, redes, medios y cine, en las mismas escuelas y universidades, y por supuesto, los deportes con el futbol como máximo exponente de alineación y adoctrinamiento mundial.

Roger Scruton, filósofo británico conservador tradicionalista capitalista antimarxista que denuncia a la universidad como fábrica de activistas "progres" porque no enseña la teoria clásica del capital ni alinea en "la democracia neoliberal" o los valores de sumisión absoluta al sistema, aunque algunas, como donde estudié yo, lo hacen, es el filósofo y punto de vista diferente que usaremos para ilustrar esto.

Él defiende que las instituciones (familia, nación, derecho, propiedad, costumbres) son el resultado de siglos de evolución (o esclavitud) y no deben destruirse por proyectos ideológicos ni para salvar la humanidad de su prisión y autodestrucción.

El cambio debe ser gradual, porque las revoluciones suelen producir consecuencias peores que los problemas que pretendían resolver. Si, vemos como los cambios graduales hacen a la sociedad ser decadente y colapsar, hasta el punto de caer imperios no por la revolución, sino por la incapacidad de adaptarse y cambiar, asi que una teoria muy acertada que deja ver su miedo a las protestas.

Consideraba que la nación y el patriotismo son necesarios para sostener la democracia y la solidaridad (como con Franco, Hitler o Trump, por ejemplo).

Aunque no rechazaba toda "la izquierda" ya que admiraba a algunos socialdemócratas (capitalismo opresor moderado) y reconocía que existían problemas reales de pobreza o desigualdad, su crítica iba dirigida sobre todo al marxismo y al radicalismo revolucionario (anarquista). Scruton fue profesor universitario durante años, por lo que no rechazaba la universidad como institución, pero criticaba que muchas facultades de Humanidades (solo) estaban dominadas por una única orientación política, mayoritariamente de izquierdas, y que debia estar completamente dominadas por la derecha (como en el medievo). Se quejaba de que existía poca tolerancia hacia profesores o estudiantes conservadores.

En su opinión, la universidad debía buscar el conocimiento antes que la militancia política (de izquierdas), un conocimiento conservador, claro. Crítica al multiculturalismo cuando, a su juicio, debilitaba la identidad nacional y no negaba el Ecologismo, pero debia ser conservador: defendía la protección del paisaje, la arquitectura tradicional y el medio ambiente desde una perspectiva local y comunitaria, es decir, colonialismo ecológico occidental.

Como también hay que conocer filósofos de la derecha (para mi es sofismo, no pensamiento) aunque sean mas fáciles de refutar que los de la izquierda, he querido dar unos apuntes antes de entrar en el tema central que si me pareció interesante en él, que es la idea del la manipulación hollywoodiense, lo que expresó con una claridad que sigue siendo profundamente actual y útil para psicologia, pedagogia y filosofia.

Nos han vendido durante décadas la gran mentira de que “es solo entretenimiento”. Que dos horas de violencia estetizada, cinismo sistemático y propaganda ideológica no dejan huella. Scruton desmontó esta ilusión: el cine, y los medios audiovisuales en general, redes sociales, etcétera, no solo entretienen, sino que forman o deforman el carácter.

Hubo una época en que el cine asumía una responsabilidad casi sagrada, mejorar a quienes lo contemplaban. En las décadas doradas de Hollywood, operaba bajo un supuesto antropológico potente, el ser humano es capaz de grandeza moral. Películas como Casablanca mostraban el sacrificio no como sermón, sino como posibilidad real encarnada en personajes complejos y profundamente humanos. Doce hombres sin piedad (12 Angry Men) lograba mantener la tensión dramática durante casi cien minutos solo con diálogo, explorando prejuicios, la búsqueda de la verdad y la responsabilidad individual.

Estos filmes operaban como auténticas experiencias formativas, favorecían el desarrollo del juicio moral, la empatía cognitiva y la capacidad de demorar la gratificación. La luz, la música y la narrativa trabajaban en conjunto para educar la sensibilidad estética y ética del espectador.

Scruton situaba el gran quiebre en los años sesenta, coincidiendo con la revolución sexual y el rechazo sistemático a las autoridades morales tradicionales (culpa de la izquierda que se hagan peliculas para abrir mentes, pero no a la ultraderecha conservadora del cine bélico y propagandistico machista nihilista y violento).

El cine dejó de reflejar la cultura para convertirse en su principal instrumento de disolución según él, en mi opinión y la de muchos filosofos de izquierdas que ha criticado hipócritamente en sus libros por defender lo mismo pero del lado progresista (como Theodor W. Adorno, Walter Benjamin, Guy Debord, Fredric Jameson, su odiado Herbert Marcuse, Slavoj Žižek, etc), un instrumento más de alineación. Bonnie y Clyde inauguró la estetización de la violencia. Tarantino la convirtió en espectáculo irónico y placentero. Las películas de superhéroes, hoy hegemónicas, deconstruyen sistemáticamente al héroe, lo muestran torturado, narcisista o moralmente ambiguo.

El mensaje implícito según él es evidente, la virtud es ingenuidad e ignorancia; el cinismo (no la escuela filosofica que tanto nos enseñó a pensar y cuestionar lo establecido, sino su clásico significado satírico conservador peyorativo; desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables) es madurez. A esto se suma la actual ideología dominante, personajes convertidos en cuotas de representación, reescritura histórica según la corrección política del momento y la reducción del erotismo a consumo inmediato.

Estos patrones tienen consecuencias concretas y medibles, desensibilización emocional ante la violencia real, dificultades en la formación de vínculos estables por la normalización de la sexualidad sin compromiso, empobrecimiento de la imaginación moral y alteraciones en la atención y la capacidad reflexiva, saturada por estímulos rápidos y superficiales.

Scruton recordaba una "verdad antigua" que nuestra disciplina confirma constantemente, somos lo que contemplamos habitualmente (bueno, en realidad somos lo que hacemos, lo que comemos, aprendemos y lo que nos han educado en ser, y tamibén lo que queremos cambiar y lo que nos hace avanzar, somos nuestra voluntad de ser o lo que nos prohiben ser como queremos). Las imágenes y narrativas repetidas moldean esquemas cognitivos, patrones emocionales y disposiciones morales. No se trata de un determinismo simplista ni de que los jóvenes copien literalmente lo que ven. El proceso es más sutil y profundo, se trata de hábitos de percepción, de valoración y de respuesta emocional que se van instalando con el tiempo.

En términos psicopedagógicos y andragógicos, estamos hablando de la construcción de la identidad narrativa y del desarrollo del juicio moral.

Scruton nunca fue derrotista. Sabía que el verdadero cine no había muerto (y hay films por fortuna que se escapan de este cerco), solo había sido relegado a los márgenes. Recomendaba volver a los maestros: Andréi Tarkovski con obras como Stalker (Сталкер), Solaris o Andrei Rublev; Ingmar Bergman; Akira Kurosawa en Los siete samuráis o Rashomon; Yasujirō Ozu en Cuentos de Tokio, o Terrence Malick. Estas películas exigen atención sostenida, tolerancia a la ambigüedad y confrontación existencial, habilidades cada vez más necesarias en una cultura de la distracción (en mi caso, yo recomendaria cine independiente en vez de comercial, si puede ser europeo, asiatico, africano, despubrirás que existe historias mas allá de hollywood y USA dignas de ver y escuchar).

Su propuesta era tan sencilla como radical, cultivar una dieta audiovisual intencional. Esto implica enseñar a niños y adolescentes a preguntarse después de cada película: ¿esta experiencia me hizo más sensible a la belleza, más capaz de comprender la complejidad humana, más dispuesto a la responsabilidad moral? Significa recuperar el cine de autor y clásico en contextos educativos, crear espacios de visión compartida y posterior reflexión, una práctica poderosa para trabajar la metacognición, la expresión emocional y la construcción colectiva de sentido y acompañar a las familias en la selección y acompañamiento de consumos culturales, entendiendo que la educación estética es parte inseparable de la educación integral.

El arte auténtico no garantiza convertirnos en mejores personas, pero sin él —como decía Scruton— somos definitivamente peores. Los filósofos y psicólogos principalmente, tenemos una responsabilidad especial, ayudar a que las nuevas generaciones no sean meros consumidores pasivos de narrativas degradantes, esclavos del sistema sin escape, sino sujetos críticos capaces de elegir aquello que enriquece su humanidad y proporcione vias de escape a la cueva digital.

Elegir conscientemente qué mirar ya no es solo una cuestión de gusto personal. Es un acto pedagógico, andragógico, ético y político, el de defender la formación integral de las personas en tiempos de empobrecimiento cultural.

 

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