domingo, 23 de febrero de 2020

¿Quiénes eran Diógenes y los cínicos? La Autarquía.

HISTORIA DE LA FILOSOFIA. UNED



I Título:

¿Quiénes eran Diógenes y los cínicos? La Autarquía.

II Importancia filosófica:

Éstos son buenos tiempos para el cinismo, inmejorables para el sarcasmo como forma crítica. La cultura se ha popularizado, vulgarizado. Hoy la gente no aspira a la sabiduría sino a la fama. El consumismo se ha apoderado de la sociedad, por lo que deberíamos escapar de la civilización a la naturaleza, o lo que nos quede de ella. Dejando a nuestras espaldas tanta perversión civilizadora y tanto progreso desconcertado.
Transmutar los valores fue el viejo lema del cínico Diógenes. Pero en una sociedad de pacotilla, ¿para qué subvertir los valores? ¿Para qué esforzarse en troquelar de nuevo las mondas, si la inflación-ética y política-anula los efectos de cualquier falsificación? Tal vez una característica del cínico moderno sea la renuncia al escándalo con el que el cínico antiguo se enfrentaba a la sociedad. Son muchos los cínicos modernos, pero van sin el viejo manto y sin la alforja, disimulados y consentidos. El cínico hoy podría decir: ser inteligente y cumplir con una tarea sería de tener una conciencia desgraciada, por eso para ser feliz, al hombre, sólo le bastaría con ser tonto y tener trabajo.


III Ideas principales, contexto:

En la antigua Grecia el perro era el animal impúdico por excelencia. Era un insulto apropiado motejar de “perro” a quienes, por afán de provecho o en un arrebato pasional, infringían las normas del mutuo respeto, el decoro y la decencia. Del apelativo perro (κυων) tomaron el nombre los cínicos, aunque para Diógenes, el más ilustre cínico, no era un insulto. Había hecho de la desvergüenza uno de sus distintivos y el emblema del perro le debió parecer perfecto para reflejar su conducta.
El cinismo respondía a algunas de las exigencias de fondo de la antigüedad. El cinismo denunciaba las grandes ilusiones que sacuden vanamente a los hombres, es decir; la búsqueda de placer, el apego a la riqueza, el ansia de poder, el deseo de fama, etc.

Estaban convencidos que estas ilusiones conducen al hombre a la infelicidad. Además propagaron el ideal de vida natural y el cosmopolitismo rechazando la existencia del estado, y afirmando que para el sabio no hay patria, ni leyes, ni familia, ni diferencias de clase.

Los cínicos están en constante contraposición con las ideas platónicas. Rechazaban la teoría platónica de las ideas, es decir, para los cínicos sólo existe lo que puede ser percibido por los sentidos. Frente al carácter aristocrático de la filosofía platónica los cínicos representaban su réplica crítica y subversiva. Como señala Carlos García Gual, La secta del perro, frente a los grandes sistemas filosóficos, como el platónico o el aristotélico, los cínicos utilizaron la sátira y la burla, el pensamiento anecdótico.

Como precursor del cinismo nos encontramos con Antístenes. Fue discípulo de Gorgias del que aprendió a amar la retórica. Posteriormente pasó a ser discípulo de Sócrates y fue ahí donde encontró la senda de la perfección moral. De Sócrates tomó algunos de los trazos de su ética y su ascética: el anteponer a todo lo demás el cuidado del alma, el menosprecio de los bienes de fortuna, la crítica a los políticos y demagogos, etc.

Diógenes Laercio, en Vidas de los filósofos ilustres, nos decía como Antístenes sostenía que la virtud surge de las obras, y no precisa ni de discursos muy largos ni de estudios científicos. Haciendo referencia al enciclopedismo de la Paideia platónica.

Uno de sus discípulos fue el célebre Diógenes de Sínope, estandarte del cinismo, acercarnos a su figura de forma simpática sería un error, este no es un soñador idílico en su tonel, sino un perro, que muerde cuando le apetece. El recuerdo de los mordiscos de Diógenes pertenece a las impresiones más vivas que se han conservado de la antigüedad. De ahí que el acuerdo humorístico de muchos ciudadanos de talante irónico con este filósofo se funde casi siempre en un malentendido que lo empequeñece.

Él es un tipo salvaje ingenioso, astuto, irónico. La imagen del cínico de no poseer pertenencias le da un porte soberano. Diógenes provocó la ruptura de la imagen clásica del hombre griego, y la nueva imagen que propuso fue pronto considerada como un paradigma.

Diógenes clamaba repetidamente que los dioses han concedido a los hombres fáciles medios de vida, pero que sin embargo los han ocultado a los ojos humanos. Por eso se propuso la tarea de volver a situar ante la vista de los hombres esos fáciles medios de vida, demostrando que el hombre siempre tiene a su disposición lo que necesita para ser feliz. Para él las necesidades verdaderamente esenciales del hombre son aquellas de tipo elemental que provienen de su animalidad.

Para Diógenes esta manera de vivir coincide con la libertad. Cuanto más se limitan las necesidades superfluas, más libre se es. En la libertad de palabra llegó hasta límites del descaro y la arrogancia y en la libertad de acción hasta extremos licenciosos.
Con esta libertad de acción Diógenes pretendía mostrar la no naturalidad de las costumbres griegas, aunque no siempre conservó la mesura.
Diógenes resumía el método que conduce a la libertad y a la virtud en dos nociones esenciales: el ejercicio y la fatiga, que consistía en la práctica de una vida adecuada para acostumbrar el físico y el espíritu a las fatigas impuestas por la naturaleza y al mismo tiempo habituar al hombre al dominio de los placeres o su desprecio.
Este desprecio por los placeres, que ya había predicado Antístenes, resulta esencial para la vida del cínico, pues el placer no sólo ablanda el cuerpo y el espíritu, sino que pone en peligro la libertad del hombre, pues lo puede convertir en esclavo de las cosas y de los hombres relacionados con los placeres. Diógenes estaba en total oposición con Platón. Diógenes refuta el lenguaje de los filósofos con el del payaso: «Cuando Platón formuló la definición de que el hombre es un animal bípedo e implume, definición que provoco el aplauso de los presentes, Diógenes desplumó un gallo y lo soltó en la escuela con las palabras: “Esto es el hombre de Platón ; lo que motivó el que se añadiera: “Con uñas planas”» (Diógenes Laercio,VI,40) Ésta, y no el aristotelismo, es la antítesis filosófica realista a las teorías de Platón. Platón es un pensador del señorío, por lo que Diógenes y los suyos  oponen una reflexión esencialmente plebeya. El cinismo se puede considerar como una réplica al ateniense idealismo señorial, réplica que va más allá de refutaciones teóricas. El académico diálogo de filósofos no concede a la posición materialista el lugar merecido, es más: no se le puede conceder, dado que el mismo diálogo presupone un acuerdo idealista. Platón no puede con Diógenes ya que éste habla con él en un diálogo con pelos y señales. Por eso Platón no le quedó otro remedio que difamarlo calificándolo de Sócrates enloquecido. Platón contra su voluntad, equipara al rival con Sócrates el dialéctico más grande.

Ésta es la anécdota más conocida del filósofo. Demuestra de un sólo golpe lo que la antigüedad entiende bajo el concepto de sabiduría filosófica: no tanto un saber teórico, sino más bien, un espíritu insobornable. La fascinación de esta anécdota radica en que muestra como el filósofo se emancipa del político. El cínico sólo aspira a gobernarse así mismo, con autarquía y serenidad. Esta anécdota muestra también como frente al intento de Platón y Aristóteles de convertirse en consejeros de príncipes, los cínicos dan la espalda al poder, la ambición y la autoridad.

Cierto día fue preguntado por su patria y contestó: “soy un ciudadano del mundo” La razón se hace apátrida en el mundo social y la idea de la auténtica vida se libera de las comunidades empíricas. De esta manera, renuncia a su identidad social para salvar su identidad existencial y cósmica. El concepto de cosmopolitismo es el regalo más valioso que hace Diógenes a la cultura mundial.
Una vez encendida la mecha del cinismo aparecieron otros personajes que merecen mención. Así es el caso de Crates, quien fue discípulo de Diógenes y una de las figuras más significantes de la historia del cinismo.

Crates reafirmó que la riqueza y la fama no son bienes y valores, sino que para el sabio constituyen males. En cambio son bienes sus contrarios, la pobreza y la oscuridad.
Diógenes convenció a Crates de que abandonase su riqueza y éste entregó su dinero a un banquero, a condición de que, si sus hijos permanecían profanos e incultos, les diese el dinero. Pero si se convertían en filósofos, lo distribuyese entre el pueblo; porque si sus hijos se hacían filósofos no necesitarían dinero.

Crates contrajo matrimonio con Hiparquia y juntos vivieron una vida bajo los ideales del cinismo. Tenemos noticias de cierto número de cínicos entre los que podríamos destacar a Bión de Borístenes, Menipo, Menedo incluso a Luciano el sarcástico.
El ocaso del cinismo más que por razones políticas y sociales se produjo por elagotamiento de su carga interna.


IV Ideas secundarias, literatura critica:

Los cínicos, y en especial Diógenes, practicaban la “anaideia”, que puede traducirse como “irreverencia”. Es lo que explica el peculiar y excéntrico carácter de nuestro protagonista, que disfrutaba criticando y provocando a la sociedad de su época. La moral cínica fue parcialmente absorbida por el estoicismo, si bien no de la misma manera. Si el cínico se muestra crítico con lo que considera que son los males de la sociedad y decide dejárselo claro a esta con sus acciones, el estoico lo enfoca de otro modo, siendo la manera de cambiar la situación imperante a través de la virtud, esto es, dando ejemplo y viviendo de manera virtuosa.

La filosofía de Diógenes no se entiende como un corpus cerrado. Y la razón es que apenas escribió nada y, como su vida fue tan curiosa, ha terminado por eclipsar a su pensamiento. Además, para él la sabiduría era un fin en sí mismo, estando todo hombre o mujer capacitado para alcanzarla con su esfuerzo.

Diógenes, (413- 324 a.e.m.) conocido como El Cínico, nació en Sinope, una ciudad de la región de Paflagonia. Acusado junto a su padre de falsificar monedas, huyó a Atenas cuando éste último fue encarcelado temiendo correr la misma suerte.
Una vez allí, fue en busca de Antístenes, fundador de la escuela Cínica, pues le llamaba la atención su modo de pensar y sus enseñanzas. Cuando llegó ante él maestro, Diógenes le pidió ser su discípulo, pero Antístenes, dándole un buen golpe con su bastón, lo rechazó. Lejos de rendirse, Diógenes inclinó la cabeza ante él y le dijo: «Pega, pega. No encontrarás bastón lo suficientemente duro para hacer que me vaya». Esta conducta sorprendió a Antístenes, quien finalmente lo aceptó como discípulo.

Lejos de su tierra y sin recursos, Diógenes se vio en la más absoluta pobreza. Un día observó como un pequeño ratoncillo corría y saltaba, libre de miedo y preocupación a ser sorprendido; no parecía angustiado por no hallar cobijo ni alimento. Esto hizo reflexionar a Diógenes sobre su existencia. Fue entonces cuando decidió vivir tan sólo con aquello que fuera absolutamente indispensable. Sus bienes eran una jarra, una bolsa, un bastón y su famosa tinaja, donde vivía.

Diógenes trataba a todo el mundo con sarcasmo. Acusó a Platón y a sus seguidores de superficiales y frívolos. Tildaba a los grandes oradores de «esclavos de la gente». Nadie se libraba de sus mordaces comentarios. Comía, hablaba y dormía donde y cuando le apetecía. Iba descalzo e infringía todas las «normas» de la «buena convivencia». Un día, señalando el pórtico del templo de Júpiter, exclamó: «Qué estupendo comedor han construido los atenienses para mí!»

Solía decir, «cuando veo a los gobernantes, a los físicos y a los filósofos que tiene el mundo, me siento tentado a creer que, por su sabiduría, el hombre se encuentra por encima de las bestias. Pero cuando, por otro lado, observo a los agoreros, a los intérpretes de sueños y a los que se creen grandes por tener honores y riquezas, no puedo evitar pensar que el hombre es el más idiota de los animales».
La parte de la Filosofía a la que Diógenes pertenecía, era a la moral, aunque nunca abandonó del todo las otras ramas de este saber. Un día, Diógenes, comenzó a dar un discurso en plena calle sobre algo que él consideraba importante y serio para los atenienses. Pero nadie parecía escucharle. La gente pasaba de largo, sin atender a sus palabras. Entonces empezó a cantar , mejor dicho, a gorgojear y trinar como un pájaro. Pronto estuvo rodeado de una multitud que no dejaba de mirarle, asombrada. Inmediatamente, el filósofo aprovechó la oportunidad para reprocharles su actitud: «Os paráis a escuchar como un tonto imita a un pájaro y pasáis de largo cuando un sabio os habla de cosas que deberían importaros».

Cuando Alejandro Magno pasó por Corinto y enterado de que Diógenes andaba por allí, sintió curiosidad por conocerlo. El gran Alejandro lo encontró tomando el sol, tumbado al lado de su tinaja y le dijo: «Soy el gran rey Alejandro». «Y yo el perro Diógenes», contestó el filósofo. «¿No me tienes miedo?», preguntó el gobernante. «¿Eres bueno o malo?», inquirió Diógenes. «Soy bueno», contestó Alejandro. «Y por qué debería temer a alguien que es bueno?», sentenció el sabio. Alejandro quedó admirado ante las respuestas y comentarios de Diógenes. No era extraño. El sabio indigente era un hombre que parecía estar por encima de todas las preocupaciones mundanas. «¿Quién de los dos es más rico: el que se contenta con su manta y su bolsa, o aquel que teniendo un reino entero no se conforma y se expone diariamente a innumerables peligros sólo para extender sus límites?». Esta pregunta dejó perplejo al gran Alejandro. Los miembros de su corte se sentía muy ofendidos por el trato que recibía el filósofo por parte del gobernante, sin ni siquiera haber pisado el palacio. Alejandro, al darse cuenta de esto, les dijo. «Si no fuera Alejandro Magno, me gustaría ser Diógenes».

En Egina, Diógenes fue capturado y llevado al mercado de esclavos para ser vendido. No parecía preocuparle mucho la situación. Es más, sugirió a la multitud que si alguien quería un amo, lo comprasen a él. Un hombre llamado Xeniades lo compró, le encargó la educación de sus hijos, tarea que el filósofo realizó fielmente, y le otorgó la libertad.

Durante el tiempo que fue esclavo, algunos de sus amigos intentaron liberarlo. Pero Diógenes se negó, argumentando que «el león no es esclavo de quien lo alimenta; el que alimenta es esclavo del león». Al meditar sobre su vida, Diógenes decía sonriendo que todas las maldiciones de las tragedias habían caído sobre él. No tuvo ni casa, ni ciudad, ni país, y vivió en la pobreza día tras día; pero resistió al destino con firmeza, a las reglas con la naturaleza, y a los trastornos del alma con la razón.
Algunos dicen que, llegando cerca de los noventa años, comió algo que le causó indigestión y murió. Otros, que cuando se sintió a esa edad como una carga, él mismo contuvo el aliento y causó su propia muerte. Al lado de la tumba donde fue enterrado, el pueblo de Atenas erigió un perro de mármol blanco, en honor al apelativo que se había ganado por como vivió. Su muerte ocurrió en el primer año de las catorceavas olimpiadas griegas, el mismo día que Alejandro Magno falleció en Babilonia.

El lado menos agradable lo podemos leer en el libro de Guillermo Fraile. Diogenes siempre andaba sucio, no usaba túnica, solo un palo y un zurrón de mendigo. Comía carne cruda y vivía en un tonel, despreciaba el pudor. Pretendía endurecer su cuerpo por medio de privaciones y fatiga, asi lograr la libertad completa. Tomó como modelo a Heracles «a cuya semejanza he domado bestias ferocísimas: ignominia, ira, temor, deseo, placer». Como desprecio a los ciudadanos, salió a plena luz del día «buscando un hombre». Frecuentaba compañía de malvados y prostitutas. Se mofaba de ciencia, arte, religión e instituciones. Solo admitía la educación cínica: para los jóvenes prudencia, para los viejos consuelo, para los pobres riqueza y para los ricos ornato. El sabio debe ser insensible a todo, menospreciar el respeto, librarse de necesidades, ser libre y natural, libre de artificios naturales de los que proviene ambiciones y guerras. Todos los hombres son hermanos y no debe haber clases sociales ni esclavos. El sabio no debe preocuparse de patria, familia o mujer, los hijos deben de ser comunes. A los cínicos no se les tomó en serio debido a sus extravagancias, ya que a menudo se burlaban de ellos.

Algunas citas:


“Probablemente los asnos se rían de ti, pero no te importa. Así, a mí no me importa que los hombres se rían de mí” –Diógenes
“El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe” –Diógenes
“La sabiduría sirve de freno a la juventud, de consuelo a los viejos, de riqueza a los pobres y de adorno a los ricos” –Diógenes
“El movimiento se demuestra andando” –Diógenes
“Un pensamiento original vale por mil citas insignificantes” –Diógenes

V Bibliografía consultada y utilizada:
Guillermo Fraile. “Historia de la Filosofía, escuela cínica”
Diógenes Laercio. “Vidas de los filósofos ilustres”.
Carlos García Gual. ”La secta del perro”
Sloterdijk. “Crítica de la razón cínica” “Kritik der zynischen Vernunft”
Giovanni Reale. “Historia del pensamiento filosófico y científico”


By Vykthor Schüler for UNED