sábado, 21 de marzo de 2020

Ciudad segregada en España: urbanizaciones cerradas




Introducción


El fenómeno de las comunidades cerradas ha centrado el interés de una parte importante del discurso urbano contemporáneo, en especial desde los enfoques posmodernos, como una forma muy particular de producción y reproducción social del espacio. La proliferación de áreas residenciales privadas y cerradas —primero en Estados Unidos y con posterioridad en el resto de las aglomeraciones urbanas americanas y del resto del planeta— afecta no solo a la morfología de la ciudad sino también a las relaciones y los comportamientos de los ciudadanos, individual y colectivamente. Entre las múltiples implicaciones derivadas de estas tipologías urbanas se pueden subrayar las siguientes: el conflicto entre el espacio público y el privado, la tendencia hacia la segregación física y social de las partes de la ciudad y, especialmente, el miedo como instrumento de configuración urbana.

Por un lado, el espacio público ha sido a menudo entendido como el lugar (físico y social) de las relaciones que dan sentido a las sociedades democráticas modernas, a partir del encuentro espontáneo, el conflicto, la mediación y el contacto con los desconocidos. La privatización de esta función social del espacio público transforma las relaciones que allí se producen, controlándolas y haciéndolas más predecibles, asépticas y superficiales. La sustitución (o simulación) del espacio público por excelencia —la calle— por el recinto privado lleva, en una circunstancia extrema, a reducir el contrato civil a una mera relación comercial entre ciudadanos-clientes.

A su vez, el interés particular de algunos sectores sociales por distinguirse y diferenciarse del resto lleva a éstos a recluirse en barrios y comunidades exclusivas. La búsqueda de un estatus económico, racial o social que refuerce su pertenencia a una élite se ve favorecida dentro de los límites cerrados de una parte de la ciudad, ajena al resto. La cohesión entre individuos y entre ámbitos urbanos se ve comprometida, acentuándose la segregación social y la fragmentación física y territorial. Manteniendo alejado al otro, estos sectores sociales acaban por alejarse de la idea misma de ciudad.

Uno de los ingredientes que motiva la segregación es, precisamente, el miedo. Se trata de un fenómeno psicológico y sociológico entendido como rechazo ante las amenazas que provienen de lo extraño, lo desconocido, lo distinto, lo casual o lo espontáneo (no previsto), circunstancias constitutivas de la condición urbana clásica. El miedo, ya sea individual o colectivo, ha acompañado secularmente a la evolución morfológica de la ciudad. Sin embargo, el urbanismo postmoderno ha acabado por utilizarlo como un recurso para el control y administración del comportamiento urbano, en el momento en que la imagen o representación del miedo ha superado al hecho representado, esto es, a la violencia real y a los fenómenos fácticos de riesgo (delincuencia, crimen, fenómenos naturales, etc.). Es entonces cuando la calle adopta una arquitectura defensiva a partir del levantamiento de vallas, muros y verjas de separación y la proliferación de formas y funciones segregadoras de los distintos ámbitos urbanos. El fenómeno, que puede extenderse desde un barrio particular a toda la ciudad —como proyecta Davis para el sintomático caso de Los Ángeles—, acaba por militarizar el espacio urbano mediante el control policial, la limitación de usos y actividades en el espacio público, la vigilancia electrónica (panóptica), el diseño disuasivo de las edificaciones, etc. Detrás de la instrumentalización del miedo en la configuración de la ciudad pueden detectarse los intereses particulares en el lucro vinculado a las industrias de defensa y seguridad, así como el interés institucional de determinados gestores políticos en mantener la espontánea, azarosa y heterogénea vida urbana bajo control.

A pesar de esta larga trayectoria teórica y conceptual, el fenómeno de las urbanizaciones cerradas ha sido escasamente estudiado en España, a excepción de su capital. El entorno de Madrid ha centrado casi todas las referencias al respecto y se ha convertido en el principal referente español sobre la temática. De la misma forma que ocurre en América Latina, las grandes ciudades han focalizado la primera oleada de literatura al respecto, si bien poco a poco resulta necesario conocer este fenómeno de segregación urbana en ciudades intermedias.


Revisión de la literatura


Las urbanizaciones cerradas se definen como urbanizaciones que restringen el acceso público mediante el uso de puertas, muros y verjas y que suelen emplear personal de seguridad y sistemas de video vigilancia de circuito cerrado. La versión española de la definición, alude a complejos privados, socialmente homogéneos, provistos de servicios y equipamientos exclusivos sufragados por la comunidad de propietarios, dotados de normas de funcionamiento propias y aisladas del exterior mediante muros o verjas perimetrales. Estas definiciones —la primera es quizá la más extendida en este campo— tratan de aglutinar bajo un mismo concepto la diversidad de versiones locales de un fenómeno global. Por su parte, Roitman, añade como requisito la existencia de un marco legislativo preciso, al apuntar que la privatización debe estar "avalada por la legislación nacional, provincial y/o local, existiendo además aceptación social de su condición de espacio privado de acceso restringido".


Para hablar de urbanizaciones cerradas debe coexistir un cerramiento morfológico-funcional con una auto-segregación social (gated minds). Por una parte, la segregación se materializa en una serie de elementos físicos que privatizan un espacio usualmente público, siendo ésta la diferencia entre las urbanizaciones cerradas y otras formas de administración privada. Por otra parte, la esencia de estos complejos está en los acuerdos entre los residentes, en un código de conducta (gate-living), en una responsabilidad colectiva de gestión y en unas cargas internas derivadas. Los servicios colectivos de ocio y consumo sintetizan estas convergencias.

El miedo, el estatus y el carácter de la vivienda como bien de inversión —y no solo de uso— han sido consideradas tradicionalmente como las principales causas a cualquier escala de estudio. Este trabajo, que no tiene como objetivo estudiar con profundidad el peso de estas variables (vid. perspectivas de investigación), sí aborda otros factores que inciden en la distribución del fenómeno a escala local, como las infraestructuras de comunicación o el papel de la administración.

Tal y como se adelantaba en la introducción, las urbanizaciones cerradas han sido catalogadas como "burbujas de seguridad" y como ejemplos de "paisajes del miedo". De hecho, el miedo se ha convertido en un ítem estratégico para los promotores de estos complejos, especialmente en aquellos países donde las fuerzas del orden público no aseguran un nivel básico de seguridad. Por su parte, el estatus es entendido como una búsqueda de diferenciación económica, social y ambiental. Según Le Goix, este último se materializa en la protección frente a los tradicionales problemas del medio ambiente urbano (tráfico, áreas degradadas, equipamientos gratuitos y masificados, usos del suelo indeseables...). Finalmente, el carácter de la vivienda como bien de inversión y protección se resume en la idea de que el carácter endótropo de estos complejos lo aíslan de los problemas del entorno y, por tanto, de su posible desvalorización urbana y residencial (disinvestment). Baegeen resume los tres ingredientes generales en las tres "p" –peace, prestige & perfect vistas–, resaltando así la protección frente a lo externo, la importancia de la promoción de unos estilos de vida diferenciados y, finalmente, la relevancia del paisaje como producto inmobiliario y como marca diferenciada para las élites.

Entre los factores locales suele incidirse en el desarrollo de la tecnología y, particularmente, de las comunicaciones. La búsqueda de grandes bolsas de suelo suele llevar a estos productos inmobiliarios a una localización periférica, que se compensa con su proximidad a las principales arterias de comunicación y, por ende, a la ciudad central. Este factor ha sido crucial, por ejemplo, para explicar el espectacular incremento y la ubicación de los countries en el Área Metropolitana de Buenos Aires. La administración pública juega un papel esencial para entender la extensión del fenómeno, ya que los gobiernos locales, ante el vacío jurídico al respecto y en función de la naturaleza de sus propios territorios, pueden favorecer la creación de estos complejos como modo de externalizar la prestación de algunos servicios.

Las urbanizaciones cerradas conforman hoy un fenómeno global que se reproduce localmente con mayor o menor intensidad. Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), Latinoamérica (Argentina, México, Chile, Brasil), Próximo y Medio Oriente (Jordania, Israel, Dubái), Sudáfrica y China son —a tenor de la bibliografía consultada— las áreas del planeta donde este fenómeno alcanza sus mayores dimensiones. En general, todos los autores coinciden en el aumento de la polarización social como detonante de la expansión del fenómeno. En Europa, donde la desigualdad interna parece ser inferior al resto de continentes, los siguientes países presentan valores relativamente altos de desigualdad y una creciente atención científica sobre la proliferación de urbanizaciones cerradas: Turquía, algunos países excomunistas como Bulgaria o Polonia, el Reino Unido, Portugal y España.


Las islas artificiales de Dubai se hunden en el mar y en las finanzas



Unos de los proyectos inmobiliarios más sorprendentes del globo, The World, la lujosa urbanización de islas artificiales en las costas de Dubai, se hunde bajo el agua.

Cuando se construyeron las islas, éstas iban a estar llenas de hoteles y casas de lujo, vendidas exclusivamente a los súper ricos. Accesible solo en barco, las islas de The World se vendieron al mejor postor.

Los propietarios podrían reclamar que eran propietarios de Irlanda, Gran Bretaña o cualquier parte del mundo que compraran.

Alrededor del 70% de las 300 islas fueron vendidas antes de que los informes de que las islas se estaban hundiendo en el mar comenzaran a afectar las noticias.

La empresa marina Penguin Marine fue la primera en advertir del hundimiento, tras realizar las mediciones periódicas que se llevan a cabo para garantizar la seguridad de cada isla.

Nakheel, otra empresa de investigación en mares y océanos, contradijo el reporte de Penguin: "Nuestra encuesta de monitoreo periódica en los últimos tres años no observó ninguna erosión sustancial que requiera la alimentación de arena".

Lo cierto es que una imagen desde el espacio mostraba los efectos de la pérdida de arena y cómo algunos de sus canales de navegación estaban obstruidos por los sedimentos.


El despacho Docklands Dutch ha diseñado y desarrollado un plan maestro de 89 islas flotantes, dando a los inversionistas actuales de "El mundo" la oportunidad de comprar un paraíso flotante.


La solución sería ofrecer a los inversores una opción que sea más factible y rentable de construir sobre las masas de tierra existentes, al tiempo que incorpora varias ventajas medioambientales.

Las 89 islas flotantes incluyen desarrollos flotantes residenciales y comerciales con una superficie total de 220,000 metros cuadrados.

Recientemente el mapamundi artificial de Dubái es noticia por unas imágenes tomadas desde el espacio, en concreto desde la Estación Espacial internacional.

Estas imágenes muestran cómo las ‘fronteras’ de las islas artificiales se están diluyendo y el agua come cada vez más terreno. Es decir, parece que esta Tierra artificial se está hundiendo sobre las aguas.


De acuerdo con algunos reportes, la arena utilizada para construir las islas está volviendo lentamente al mar de donde vino.

Los canales entre las islas se están volviendo a llenar, y si continúa de esta manera, el mundo entero pronto estará de vuelta bajo la superficie del océano.

Para crear este archipiélago artificial se emplearon más de 300 millones de metros cúbicos de arena y 47 millones de toneladas de roca, inversión que, por lo visto, no sirvió de mucho.

Al parecer no solo El Mundo se está hundiendo, pues la otra isla Palm Jumeirah, la primera construida en Dubái, se está hundiendo 5 milímetros al año, como lo informó la firma europea de prospección terrestre Fugro NPA Ltd.


Además, por el calentamiento global, el aumento del nivel del mar terminará por afectar a Palm Jumeirah.

Sin embargo, Nakheel, el desarrollador de Palm Jumeirah, negó los informes.

"La integridad de todos los edificios, servicios públicos e infraestructura en Palm Jumeirah es un testimonio del hecho de que no ha habido hundimiento".
“Cualquier asentamiento en el suelo, incluso de tan solo 5 milímetros, generaría manifestaciones físicas obvias, como grietas en la mampostería, tuberías con fugas, ventanas rotas, etc”, dijo un vocero de la empresa desarrolladora.


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